Clonk.
Así ha sonado el tabaco de mascar cuando lo he escupido en un cubo de metal.
Estoy en el porche de mi casa, apoyado en la barandilla de las escaleras. No es una gran casa, pero son mis cuatro tablones. Me gusta quedarme en el porche viendo el paisaje. Extensos campos que el viento peina hacia el norte. Dicen que llegan hasta Iowa, pero nunca he salido de mi pequeño pueblo, en el norte de Missouri.
Me gusta quedarme en el porche viendo el paisaje hasta que se hace de noche. Dentro, en casa, está mi padre, bebiendo cerveza y viendo a los Kansas City Royals. Yo miro al cielo, meto las manos en los bolsillos y descubro que están rotos. Se me han caído todas las estrellas. ¿Con qué voy a pagar ahora mis sueños?
Fácil, con dinero.
…
Voy rumbo al sur, no muy lejos. Me dirijo a El Paso, al oeste de Texas. Voy en una motocicleta, no sé el modelo, no soy muy bueno con estas cosas, pero al menos se manejarla. El sol me va empujando por si me quedo sin combustible.
Combustible. Esa es la clave. Encontraré trabajo en algún pozo petrolífero del desierto de Chihuahua. Viviré en un barracón de mala muerte con algunos latinos que trabajan a cambio de libertad. Necios. Si trabajas con petróleo nunca eres libre.
Paro en un bar de carretera para desayunar. Antes de entrar echo un vistazo al cielo. No hay ningún ave volando. Tanto espacio y nadie disfrutando de él. Me despeino un poco y pienso que el próximo seré yo, pero después de disfrutar de un buen trozo de tarta de manzana.
Hay que disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, por si no ocurre ninguna grande.
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