Las noches de Madrid son naranjas. O eso es lo único que puedo ver a través de los huecos de la persiana. Farolas. Son las 2:56 de la madrugada y estoy dando vueltas en la cama, pensando. Vega dice que hay 1906 estrellas nuevas. ¿Quién las va a ver?, si aquí no hay cielo. Sólo luz naranja. Pereza dicen que las estrellas bailan en un cielo contaminado. Esto es Madrid. Doy más vueltas y pienso: Debe haber más estrellas que gilipollas en el mundo, y mira que es difícil, porque el mundo esta lleno de gilipollas. 1906 gilipollas me parecen pocos. hay gilipollas que se hacen, que se deshacen, que nacen, que mueren. Y todos los putos gilipollas viven debajo de un cielo naranaja contaminado lumínicamente, o al menos los de Madrid. Y así a lo tonto son las 3:34, y sigo pensando en los gilipollas. Un gilipollas por cada hueco de luz en la persiana que no me deja ver ninguna de las 1906 estrellas nuevas de Vega bailando en un cielo tan contaminado como el de Pereza. Definitivamente, todos somos gilipollas. Cuando despierte espero haberme deshecho. Cuando despierte, veré que los días en Madrid son azules, sin estrellas ni nada, sólo gilipollas al natural.
PD: Mario tío, vamos a tener un grupo, copón!
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