- ¿Has escuchado lo último de Cherrybombs?
- No he escuchado ni lo primero.
- No lo tienen, pero dales tiempo. Cuidado.
Su amigo y compañero bajaba las escaleras embalado. Se debe pensar que por ver el siguiente escalón ya sabe dónde va a pisar. Eso es la vida, saber que hay mañana, pero no saber cuando te vas a tropezar. Tropezar.
- ¿Estás bien? Mira que te he avisado.
- El escalón ese, que ha desaparecido de repente. No leo lo que puede pasar, y pasa lo que pasa.
- Quien avisa no es traidor, y te hemos avisado dos. Lo mejor será ir por un camino recto.
Dicho y hecho. Pero no saben que en cualquier camino siempre puede haber un bache. Todo sigue siendo como la vida.
- Cuidado otra vez.
- Esta vez lo he visto. Vaya pedrusco. Bueno, ¿qué tal todo?
- Pues ya sabes, como si de un camino se tratara.
- Me imagino, déjame decirte. Han ido apareciendo baches, te has tropezado, pero bueno, te has levantado. Y los veías venir.
- Correcto. ¿Y tú?
- Pues ya sabes, como si de una escalera se tratase.
- ¿Buscando el siguiente escalón, como diría Robe? Eso sí, también con sus tropiezos y caídas. Por mucho que te lo pongan delante, siempre caes.
- Pues por eso, te crees que por verlo no va a pasar nada, te embalas y… la cagas. Lo bueno de los caminos y las escaleras es que siempre puedes retroceder.
- Y retrocedo, eh. Que vuelvo y sigue en vena.
Personas. Los peores baches o escalones son las personas. La gente es tan impredecible que no sabes en qué parte del camino te va a saltar. Algunas se convierten en retrasos agraciados y otras en molestas impuntualidades.
- Eh, vosotros dos- dijo de repente una persona-bache.
- ¿Nosotros?
- ¿Por qué dices nosotros, si solo has hablado tú?
- Callaos- y soltó un puñetazo que dio en uno de los chicos, y al otro le pegó un empujón.
- ¿Y esto a que viene?- dijo el del puñetazo en el ojo, que estaba tirado en el suelo.
- Pues a que estabais hablando de baches, y os habéis topado con el peor.
El bache se tiró encima del que estaba en el suelo y le empezó a dar puñetazos en la cara. Tenía más sangre en sus nudillos que en el rostro del atacado.
…
- ¿Tú habrías hecho lo mismo por mi, no?
Y allí se encontraban, los dos, llenos de sangre, de sudor y de lágrimas y con un cadáver al lado.
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