Llegué, por fin, con ganas de desconectar de mi querida Madrid y ver lo que un pueblo de la huerta murciana podía ofrecerme. Llano de Brujas es donde he estado aposentado esta última semana, con sus idas y venidas a la playa.
Esta semana ha estado hecha de humo de cachimba, si, yo fumando cachimba, ver para creer, de olor a pastel de carne y de tinta. Colgando de una telaraña en una ventana que da al patio interior de la enorme casa. Con araña y todo, fea, siniestra, peligrosa seguro. Y yo, un par de ventanas más allá, en una biblioteca, rodeado de libros que me hacían compañía cuando no me la podían hacer las increibles personas que he conocido y que me han alegrado la semana. Cada noche que dormía allí después de haber sido feliz durante unas horas, era algo nuevo. Una historia nueva. Libros nuevos. Con el móvil al lado por esa persona especial, pasaba páginas de las tragedias de Sófocles, de libros sobre signos zodiacales y de mi querida Regenta. También bebí con los vikingos y caminé con Shakespeare por su Inglaterra. Hice de ese colchón un mundo aparte, donde vigilar la ventana por si la araña aparecía o por si la luna se me escapaba.
Viajes en coche con Green Day, con las canciones Wallflowers, con Pink, Sabina, Extremo y hasta rap rememorando a Charlie Sheen. Y envolviendo todo eso, el calor murciano. Capaz de matarnos si no hubiéramos tenido cerveza fría, de varios tipos, con tequila, alemana desconocida, haciendo compañía al tinto de verano, a la sidra de sabores, al té, a las meriendas, ya no en la biblioteca, más bien en el patio de una casita playera, donde se juntaban personajes dispuestos a jugarse su tiempo a las cartas.
Todo parecía digno de película. Podría haber sido un musical de los Beatles, podríamos haber viajado en una Volkswagen westfalia amarilla, con adolescentes preñadas, escuchando y viendo y sintiendo conciertos para acabar con una noche en la ópera.
Todo este idilio ha sido en ese lugar, Llano de Brujas (buen carril bici a la vera del Segura) y gracias a personas increíbles (amigos que han sido como una familia y familias que me han tratado como a un verdadero amigo) que han hecho de toda esta semana un viaje en barco que duró un día, pero navegó siete y nos marcó para siempre.
Que te jodan Holden Caulfield, nosotros somos infinitos.
No había visto esta entrada... ¡Me encanta! Me ha emocionado (especialmente la frase final) ¡Qué genial!.
ResponderEliminarMe alegra haber estado ahí (aunque sea una pequeña parte) contigo en tu aventura murciana.
Un abrazo Chema... ¡Y vuelve pronto! :)