jueves, 20 de marzo de 2014

Prosa poética del borracho.

     Me puse a beber y no me acuerdo de qué, sólo sé que abrí la botella, después, un par de ellas, y así hasta que el olor del alcohol borró el de tu flor. Hasta que lo que corría por nuestros cuellos borró tu recuerdo, o lo intentó. Fui acumulando tapones a mis pies y etiquetas sobre la mesa, lágrimas encima de un papel y quejidos como tijeras.

     Cuando iba por alguna de más, caliente, sin hielo ya, el cuarto empezó a girar, a dar vueltas y vueltas. Yo, preocupado, miré a la estantería, y grité alguna tontería: “Si no paras de girar se van a caer todos los libros y se va a llenar todo de letras y voy a tener que cogerlas, y con la mirada empañada, se me van a juntar en bonitas palabras, que sin que yo quiera, voy a pegar y te las tendré que regalar, por si te apetece echármelas en cara a la hora de hablar”. Pero todo siguió girando y nada se movió, entonces miré a la televisión y tenía miedo de que por culpa del girar de la habitación, el señor de dentro se cayera y se abriese la cabeza y me llenase todo el suelo de sangre, y todo porque no quise olvidarte y me puse a beber, y ahora el de las noticias se puede caer. Ya no podrá contar historias, sube y baja como una noria, así que fui a cogerle y me metí dentro y le dije: “Agárrate fuerte a la mesa, que por culpa de una chica, se han abierto unas botellas y lo de ahí fuera va a la deriva”. Todo lo que dije salió en todas las televisiones, conmovió corazones, pero me consta que cambiaste de canal, así que me fui otra vez a girar. Pensé que si seguía bebiendo acabaría durmiendo y al despertar, todo habría dejado de girar. Dicho y hecho, me provoqué sueño, até mi pelo a la almohada, por donde vi que caminabas para no dejarme en paz. ¿Por qué en los sueños si me quieres y cuando despierto te vas? Tienes complejo de luna y con el sol, hasta nunca más. Me cogiste de la mano, y susurraste en mi oído que me querías hacer daño y que nunca me habías querido. Ya ni en sueños, sólo en pesadillas, será por los viejos tiempos o por la bebida. Cuando vi tu mano salir de tu brazo, dirigirse a mi cara y darme una bofetada, desperté.

     Efecto secundario, resaca bien temprano, no me quise levantar, porque aunque nada se movía por fuera, por dentro estaba a punto de explotar, y voy a llenarlo todo de pota, con mi cara roja, de una asquerosa masa pastosa, hecha de ron, ginebra, sangría, cerveza o qué sé, con tropezones de tu mirada, con cachitos de tus labios, y todo eso lo podré limpiar, pero hay algo peor, y es que el olor durará más.

     Qué bonita comparación, “tú” con una “mala digestión”, voy a tener que sentirme mal más a menudo y echarte la culpa de destrozar mi mundo. Necesito Ibuprofeno, tanto para la resaca como para tu veneno.


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