domingo, 15 de febrero de 2015

En el último momento.

     Hacía calor, mucho calor. Lo normal en agosto. Había estado un rato con el ordenador, pero básicamente sólo esperaba a que fuesen las 23:00 para bajar un rato a la calle con mis amigos, a que nos diese un poco el aire. Quedaría con Mario y con Jessi, y más tarde, en la parada, con Guti y Yago. La rutina era la de siempre, huir de nuestro barrio para ir a otro mejor, con grandes parques llenos de hormigas y gatos, no tantas cucarachas, y con farolas que se apagasen a las 0:00. También había, y habrá siempre, aspersores programados para salpicar nuestro banco. Y así pasábamos el verano. Me gusta escribir sobre los veranos, porque pasan cosas más interesantes. Aunque a veces del invierno también saco algunas cosillas.

     Pasamos por el chino de siempre a comprar unos Cornettos, que este verano estaban a un euro, y si tenías suerte te tocaba otro. A mí nunca me tocó, pero tengo amigos a los que sí. Suponía que entonces alguien me amaba y en el juego me daban por culo. Si me diesen a elegir entre el amor o un Cornetto gratis, joder, prefiero el helado, y más en verano. Luego íbamos al parque. A veces bajaba más gente. A veces tenían que acabar hasta la polla de las anécdotas de siempre, Grecia, Benidorm, teatro... vaya vida más aburrida. También, cuando no estaba Barbi, hablábamos de cosas paranormales, como fantasmas y esas cosas. Era gracioso. Otro tema recurrente era el de los extraterrestres. Joder, ¿cómo no van a existir? Con lo grande que es el universo, solos no podemos estar. Nunca sobraba el humor negro, cuanto más, mejor. Podría decir que mis amigos y yo somos unos cabrones, pero que yo sepa, no hemos matado a nadie ni hemos robado millones de euros. Tampoco vamos por ahí desahuciando a la gente ni dando palizas a quien no puede defenderse. Pero bueno, si hacer un chiste sobre una desgracia es ser un cabrón, pues lo somos. Había hueco para series y spoilers, películas y spoilers, y música y... crítica.

     -¿Os gustaría saber cuándo os vais a morir? -preguntó nadie, nunca, ninguna de esas noches.
     -No, prefiero que la vida me sorprenda. En este caso la muerte -respondió alguien.
     -Ya, pero si lo supieses, podrías organizarte y hacer una lista con cosas que hacer antes de morir.
     -También la puedes hacer ahora pero sin la certeza de que vas a conseguir completarla.

     Seguimos debatiendo sobre esa gilipollez. La mayoría no querríamos saberlo, y la mayoría haríamos cosas similares antes de morir, como viajar mucho, encontrar el amor verdadero (si es que eso existe, lo cual implica esa búsqueda), tener algo de descendencia (no mucha, que hay que alimentarla), y en general, intentar ser feliz llevando la vida que siempre habíamos soñado. Normalmente es algo difícil, pero joder, esa conversación nunca existió (creo) como sí lo hizo ese verano y como si lo hicieron otras conversaciones parecidas, así que no pasa nada.

     Ahora ha pasado el tiempo, unos meses, y me acuerdo/invento ese momento. Pero he cambiado, he conocido personas y he visto películas y series nuevas. No quiero saber cuando me voy a morir, pero no quiero acabar como Michael Keaton en Birdman, es más estoy haciéndolo al revés, si hago teatro ahora... ¿acabaré haciendo cine? Sólo sé que la vida, hasta donde llegue, tiene que servir para algo, así que en el último momento (o antes) haré con ella o en ella algo estúpidamente bonito, que sirva para que me recuerden, algo como declararme a una chica mientras hago puenting sin cuerda, o algo estúpidamente heroico, como lo que hizo Brad Bellick, ayudar, cerrar los ojos, y que pase lo que tenga que pasar. Y que la ficción tenga en su gloria a la otra ficción.





No hay comentarios:

Publicar un comentario