-Nunca me había fijado, pero tienes el blanco de los ojos demasiado blanco. O tal vez es que eres muy moreno y tienes los ojos muy oscuros, y por eso resalta más. Es increíble.
-Tal vez es que sólo unos ojos claros me han visto bien -dije yo-, o tal vez es el reflejo de la aurora boreal.
-También tienes unas manos muy suaves.
-No habrás tocado muchas manos entonces.
-Bufff, no, y espero no hacerlo.
-Mejor, mejor.
No podíamos permitírnoslo. De vez en cuando nuestras manos se tanteaban, pero nunca se agarraban. El roce hace el cariño, así que nos rozábamos lo justo y necesario. Si nos sobrepasábamos, echábamos la culpa a la oscuridad. Cada vez nos veíamos menos a la luz del día, y yo no sé cómo se lo tomaba ella, pero a mí me daba igual, lo importante era verse de vez en cuando. Verse sin ropa, no verse con la luz apagada y sentirse, hacerlo sin querer(se).
Después la acompañaba un poco a su casa. Se podría interpretar como un gesto de caballería. No nos confundamos, que no la quisiera no significa que no me gustase, y no quería que le pasase nada a altas horas de la madrugada. Es curioso, porque a mí me podrían atracar igual que a ella, pero bueno, el gesto está ahí. Gestos bonitos que crean momentos que esperamos que no nos hagan enamorarnos, porque joder, es imposible. Más allá de dos cuerpos desnudos somos bastante diferentes. Yo quería Bunbury, ella Fito. Y no, no puede ser. Aún así, había besos de despedida, después de los de bienvenida.
-Adiós, ten cuidado el resto del camino.
-Lo tendré, y seguro que llegaré antes que tú a casa.
Y era verdad. Claro, con esas largas piernas hasta el suelo caminaba con más brío que yo. Además, yo era un caminante lento ensimismado. Me cruzaba con un par de cucarachas, algún gato y poco más. Ningún coche cruzaba el barrio a esas horas, y era una mierda, porque entre tanto silencio sólo se escuchaba una voz atronadora en mi cabeza.
-¿Qué haces? No te lo permitas, eh -me decía.
-Claro que no, joder. Está todo hablado. Pero sí que me preocupo por ella, porque es más joven, más inocente, y no sé si ella sabrá no permitírselo. Parece madura, pero...
-Ten cuidado.
-Lo que tengo es miedo, no quisiera hacer daño a nadie.
-Tener miedo es buena señal.
-¿De qué?
-De que es verdad que tú no te lo permites. Sea como sea, no le hagas daño.
¿Para qué cojones escribo un diálogo con una voz en mi cabeza? Justo me llegó un whatsapp cuando mi llave se estaba follando a la cerradura de mi casa. Ella ya había llegado. Me tranquilicé. Bebí agua, meé, me quité la ropa y me acosté. ¡Diablos! La cama aún olía a ella, igual que sus manos olerían a mí. Me levanté y cogí un rotulador negro, permanente, me abrí el pecho, saqué el corazón y puse “STOP”. Hice una foto antes de colocármelo y se la mandé. Al cabo de tres minutos ella me contestó con otra foto, en ella salían su corazón y su cerebro, y en ambos estaba dibujada una señal de prohibición sobre un corazón. Perfecto.
Hace calor y me muerdo los labios...
ResponderEliminarEl día menos pensado, aparto los miedos, y te hablo.