Llegó cuando tuvo que llegar y sin grilletes,
sin vivir en los papeles y húmedo de llorar.
Porque no ha querido salir, será por invierno;
porque me ha llevado al infierno, hogar de arrepentir.
Y yo vuelvo a saber, y tú vuelves al ladrido
de los pechos partidos, del recuerdo en la piel.
Creerás en buen momento que no hubo perdón,
ni gotitas de limón para estos dolores al viento.
Porque cuando quiso salir se aventó la primavera;
porque azotó un mar de mierda mi torre de marfil.
Y tú quieres saber, y yo vuelvo a destripar
con manos de cristal el mundo que no pudimos ver.
Y si no pasa en esta vida, que se reencarnen los valientes,
con una ya he tenido suficiente para abrazarme a las
heridas.
Y si se deja ver ahora la gracia, será un beso en un naufragio
y la balsa un ataúd sin clavos, pero el pasado nunca un ancla.
Lloré cuando te tuve que llorar donde el sueño muere,
hay un altar donde uno vuelve pero no cruza el umbral.
Porque no quiso salir estando cerca tu cuerpo;
porque el quebranto de cemento es un libro sin abrir.
Y yo vuelvo a leer, y tú a los pesares escritos
de lo que nunca te he dicho, de una procesión de doler.
Sabrás, llegada la hora, que esto fue lo mejor,
cuando padecer es cosa de dos y reír de una persona sola.
Y cuando por fin salió se disfrazó de silencio,
incendió bosques y templos y ni siquiera apagó el corazón.
Y tú quieres saber, y yo solo quiero nadar
un arroyo turbio de cal y que tú puedas renacer.
Y si no pasa en esta vida, que se reencarnen los valientes,
con una ya he tenido suficiente para abrazarme a las
heridas.
Y si se deja ver ahora la gracia, será un beso en un naufragio
y la balsa un ataúd sin clavos, pero el pasado nunca un
ancla.
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