Se encorajinan las estrellas porque salen a su sombra
entre las farolas rotas y ni aun así te acuestas.
Porque dicen que me esperes, que ya serás culpable
de que se haya hecho tarde y siga con el poema veinte.
Y quiero mudar al lado salvaje, que no le sobren horas
a esta noche que nos arropa para arrancarnos la carne.
Saldrá por nuestra piel, solo si al final le pongo osadía,
antes de que nos encuentre el día, almizcle, la rabia y la miel.
Si supieras que gritas silencio y yo sigo esta conversación
de luna y balcón hasta que me duermo.
Y tú ya estás dormida entre ajedreas y lirios;
y me pierdo en el pasillo de esta casa en ruinas.
Que le jodan al tiempo y la tierra que convenimos juntos
en el ahora y en el mismo mundo con nuestros cuerpos cerca.
Con el vacío de mi pecho roto, con la plata de la luna en
tus piernas;
ay, agárrate a mí y a este poema, no cabrá un susurro entre nosotros.
Te quiero despertar a bocados, que se quede sin uñas la oscuridad
de arañar las persianas pa’ escapar de lo que estamos
soñando.
Saldrá sin ser, ni oír, ni dar, cuando quiera asomarse el
sol
y nos encuentre a ti, a mí o a los dos con su incandescente realidad.
Te digo que gritas silencio y yo sigo esta conversación,
te callas pero en este corazón tú dices más y yo atiendo
menos.
Y tú te haces la dormida entre el canto de los grillos,
yo bailo por los pasillos hasta una cama fría.
Me ha llenado el alma
ResponderEliminarOjalá y me dedicaran algo así de verdad
ResponderEliminarOjalá tener a un potencial amante como tú, que pareces lo más profundo y tus letras obnubilan
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