Vas oliendo estrellas sin querer,
he descubierto que yo también estuve arriba.
Voy confundiendo querer volverte a ver
con verte volver desde la luna algún día.
Ni el brillo, ni el fuego, ni mil viajes,
he descubierto lo mala que es otra droga dura:
ponerme a la sombra de lo que puedas darme
y darte tres poemas y ochenta kilos de culpa.
Desde abajo he visto que eres más grande,
perdí la perspectiva de que mi amor propio era gigante.
Desde detrás he visto como hacías tu camino,
perdí yo mismo mis mapas, aprendí a andar a tu ritmo.
Vas oliendo las nubes sin querer,
he descubierto que todas las canciones hablan de ti.
Voy preguntando a los demás sobre lo que puede doler
un mensaje inesperado, hacerme pequeño y sonreír.
Ni verde, ni azul, ni mil colores,
he descubierto otra droga más adictiva:
subirte a un altar y pintarlo de flores,
ponerme a su lado y mirar desde arriba.
Porque desde abajo he visto que eres más grande,
perdí la perspectiva de que mi amor propio era gigante.
Desde detrás he visto cómo hacías tu camino,
perdí todos los mares en los que quise ser mío.
He descubierto otra mala droga dura:
hacerme pequeño, pero estar a tu altura.
La sombra que me dabas era adictiva,
pero ver el sol con mis ojos, pura adrenalina.
Si mirases hacia atrás entenderías la vida,
pero lo que me queda está hacia adelante.
Si no mirase el culo con el que me guías
vería que mi amor propio es gigante.
