He puesto un dedo en cada fase de la luna
para que no acabe la noche, y eso que no has venido.
Fumaban los tigres cuando te imaginé desnuda;
me la suda mi nombre si tú no me llamas ni sabes que existo.
Me he curado de todos los malos recuerdos,
de las ruinas y los cortes, de no soportar un silencio
contigo.
Tal vez somos las personas, pero no el momento,
pero me pierdo mi nombre si tú no me llamas ni sabes que existo.
Haces fácil lo sagrado, pero me doy cuenta
de que no duermes a mi lado y el viento se lleva
la tranquilidad que da saber que también
te elegiría mañana una y otra vez.
He pintado las cosas que están mal,
como no gustarte o no ver un mar tranquilo.
Como no gustarte o, simplemente, no vernos más,
y ver tu pelo que parte la noche con su mudo y solitario ruido.
Me he imaginado cada paraje desabrigado de tu cuerpo
en una sábana de nieve para calentarte con la lengua de los
ciegos.
Tal vez seamos las personas, pero nunca el momento;
no te echaré de menos en septiembre,
esta noche solo brillan tus luceros.
Y me la suda mi nombre si tú no me llamas,
si no sabes que existo, si dejaría de mirar el mar en calma
solo para verlo en tus ojitos.
Haces fácil lo sagrado, pero me doy cuenta
de que no duermes a mi lado y el viento se lleva
la tranquilidad que da saber que también
te elegiría mañana.
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