Existen, están ahí, si ellos no quieren, no puedes verlos. Eran un par de seres diminutos renegando de cualquier lugar y buscando uno nuevo. Un jovencísimo Tony Zoulias, sin bigote aún, y su chica, la rebelde Jeanette, caminaban entre tabiques y ratoneras. Ella estaba embarazada, en un estado bastante avanzado además, y no tenían mucho tiempo.
- ¡Oh Tony! Tenemos que encontrar ya un lugar que no sea entre estas paredes, hay ratones y arañas.
- Lo sé mi vida, lo sé- dijo él con preocupación-. Voy a salir fuera, a ver que encuentro.
Salió de la pared a través de un agujero que había cerca de un enchufe. El exterior era, simplemente, una habitación. En la puerta había un letrero en el que ponía “Luc”. Debía ser el propietario. Por lo que Tony pudo ver en las fotos, era un crío de unos 6 o 7 años. Al fondo del cuarto, había un gran armario, separado un poco de la pared, lo que podría ser un escondite perfecto.
Fue allí, con cuidado de no ser visto, aunque no parecía que hubiese nadie por allí. Detrás del armario había polvo y trozos de plástico de juguetes rotos y viejos. Los colocó de tal manera que formaron lo que parecía una pequeña casa. También se sirvió de algo de ropa sucia que por allí había, como calcetines y algunos botones. Cuando terminó, fue a buscar a Jeanette.
- ¡Socorro!- escuchó Tony cuando volvió a su escondite. Era la voz de Jeanette.
- ¿Dónde estás? ¿qué ha pasado?- gritó el joven diminuto con preocupación.
No hubo respuesta, así que Tony corrió hacía el lugar donde se había escuchado la voz. Al doblar una esquina y saltar un par de tuberías, Tony vio a un grupo de seres semejantes a él.
- ¡Eh! ¿Quiénes sois? Devolvedme a mi chica.
- Tranquilo, amigo- dijo uno de los secuestradores remarcando la palabra amigo-. Me llamo Horst. Aquellos de allí son Josephine, Gustaf y Björn. Estamos aquí para ayudarte, para ayudarla.
- Si de verdad queréis ayudarla devolvédmela, he encontrado un sitio en el que estar seguro y donde podrá tener a nuestro hijo a sano y salvo.
- ¿Un lugar dices? ¿Es en el exterior? ¿O tal vez perteneces ya a una comunidad?
- No pertenecemos a ningún lugar, somos libres, nosotros somos nuestra propia comunidad.
- Mmm...… - Horst se puso a pensar-. Josephine, encárgate de la chica. Gustaf, Björn, venid. Tú- y señaló a Tony-. Llévanos al lugar en el que piensas quedarte.
Tony no se fiaba mucho de ellos, pero no tenía más remedio que ceder por su bien y por el de su novia embarazada. Por el camino hasta el escondite de detrás del armario, Horst le iba diciendo al futuro padre que ellos también buscaban un lugar al que ir, hartos de la vida entre paredes.
Llegaron al lugar donde Tony había construido su refugio.
- Este sitio es lo bastante grande para todos nosotros- dijo Tony con intención de llegar a un acuerdo-. Si me devolvéis a Jeanette, podríamos convivir aquí todos en paz y armonía.
- ¿Crear una nueva comunidad? Renegamos de las nuestras, y tú… ¿nos pides crear una nueva?
- ¿Por qué huisteis de vuestras comunidades?
- Por las leyes, no estábamos de acuerdo con ellas- Dijo Gustaf.
- Pues bien, aquí empezaremos de cero, estableceremos nuestras propias leyes.
Tras unos minutos de debate, llegaron a un acuerdo. Construyeron unas cuantas viviendas más y volvieron a donde estaban las chicas. Allí, les contaron lo que planeaban hacer. Empezar de cero. Así que todos cogieron sus cosas y se trasladaron.
En la cena de inauguración de la nueva comunidad, Björn preguntó que cómo se iba a llamar aquel lugar.
- Yo había pensado en llamarlo Aberdeen- dijo Horst.
- A mí me gusta más Ochrasy, ambos nombres no tienen ningún significado especial, pero me parece que suena mejor.
- Como quieras, paso de discutir, prefiero brindar…- dijo Horst levantando una diminuta copa con un líquido verde-. ¡Por Ochrasy!
Y todos brindaron, y así se originó ese lugar detrás del armario donde ocurrirían, con el paso del tiempo, muchas cosas, algunas buenas, otras malas. Pero así es la sociedad. Cabe decir que, dos semanas después nació la hija de Tony y Jeanette, llamada Aberdeen, nombre elegido por su padrino, Horst.
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