- Soy Víctor Dinamita, y seré su asesino esta noche- dijo mientras se sentaba en la mesa con su víctima-. No intente hacer nada, sabe de sobra que le estoy apuntando con una pistola por debajo de la mesa. Que grandes ayudantes los manteles largos, ¿verdad?
- Tarde o temprano me iba a encontrar… ¿Cuánto te va a pagar el hijo de puta ese por matarme?
- Pero oiga… ¿dónde se ha dejado los modales y la educación?- sonrió-. ¡Camarero! Un Martini seco por favor.
- Tiene gracia que me hable de educación una persona que se dedica a matar a los demás por dinero. ¿No es como muy rastrero?
Minutos después se encontraban en el callejón de la parte de atrás del club. Se escuchaba la música de ambiente bastante lejana, pese a que estaba tras una puerta de distancia. Sonaba la canción del número de Dalarna, una bailarina guapa y con unas piernas espectaculares cuyo vestuario para la función sólo estaba compuesto por tres plumas blancas.
El futuro cadáver ya no se sentía tan seguro como dentro del local. Ahora sudaba, estaba nervioso y se libraba del nudo de la corbata que llevaba. Víctor le empujó contra unos cubos de basura mientras comprobaba que el cargador de la pistola tenía balas.
- ¿Por qué vas a matarme? Te pagaré el doble si no lo haces… - estaba realmente acojonado.
- ¿Y por qué no habría de hacerlo? Así aprenderás a hacer negocios con la gente adecuada, aunque mucho me temo que donde vas a terminar, pocos negocios vas a hacer.- había dejado atrás los modales.
- No sé, ¿no tienes un código ético, o moral? ¿no tendrá remordimientos de conciencia?
- Pues sí, pero… ¿sabes? Sus letras se han manchado mucho por las salpicaduras de sangre de cabrones como tú. Es completamente ilegible.
- ¿No crees que la muerte es un precio muy alto por unas deudas? Por favor, déjame vivir, conseguiré el dinero- suplicaba como una niña.
- Deudas. ¿sabes lo que acarrean las deudas? Qué vas a saber, eres un sucio y apestoso ludópata. Lo raro es que no hayas perdido ya a tu mujer y a tu hija. ¿o es que no saben que tienes estos problemas? Quizás preferirías dar su vida antes que la tuya, seguro que mi jefe lo entenderá.
- ¿Tú crees?- el muy cerdo hijo de puta estaba dispuesto a dar cualquier vida por la suya, incluso la de sus seres “queridos”
- ¡Por supuesto que no! El jefe tiene corazón- y le golpeó con la culata en la cabeza-. Sólo por el hecho de pensar así me lamento de que vayas a seguir un segundo más con vida.
- ¿Sabes cuando más temo a un enemigo? Cuando empieza a tener razón…
Y los gatos corrieron a esconderse a los cubos de basura. Las ratas fueron a refugiarse a las alcantarillas. Todo lo contrario que los humanos, que alarmados por el ruido de un disparo, levantaban las persianas, encendían las luces y gritaban. Somos completamente distintos de los animales, su instinto los hace inteligentes.
La policía no tardaría en llegar, y el charco de sangre casi rozaba la punta de sus zapatos italianos. Así que antes de que algún vecino chismoso le viese la cara, volvió al club con total normalidad.
- Su Martini, señor Dinamita.
- Gracias- y le dio una buena propina.
- ¿Trabajo satisfactorio?- preguntó el camarero guiñándole un ojo.
- No del todo Kap, no del todo. Era un cerdo, pero tenía familia, no la quería mucho, pero puede que su familia si lo quisiera a él. Este trabajo es pura mierda.
- Cuando se juntan la justicia y la injusticia…
- Gana el dinero- y bebió de su copa-. ¿Ha salido ya Eleanor?
- Se está poniendo las botas. En 5 minutos la tienes sobre el escenario.
Me llena de odgullo y satisfacion tener una entrada con mi nombre! aunque resulte ser un asesino putero jajaja
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