-¡Ayuda!
-¡Voy, chica, tranquila!Pensé que era una chica muy rara con una costumbre muy normal. Cualquier cosa que pasase allí daba como resultado una reacción como la suya. Fui corriendo a la habitación de la que salió. El chico había entrado en parada. Imagino que cuando paras, todo se vuelve blanco, como era todo en aquella habitación, las sábanas, las paredes, las cortinas, las nubes de fuera... todo muy soso. Si de mí dependiera hubiese cambiado todo eso, algo de color animaría a las personas, pero yo sólo era un simple trabajador, sólo salvaba vidas, o lo intentaba. Y me tocó trabajar. A los médicos no nos permiten ponernos filosóficos, siempre tenemos que estar alerta por si alguien se para, se cae, se sale, se deshace o, simplemente, se queda en blanco.
En este caso, era un defecto de las válvulas cardíacas. Llegaron más médicos. Le pudimos reanimar, pero había muchas posibilidades de que volviese a ocurrir. Intentaría estar cerca de aquella habitación.
-¿Eres su novia? -le pregunté luego a la chica. Era bastante mona. Rara y mona.
-No, sólo amigos.
-Parece una amistad muy especial. Cuida la amistad y, sobre todo, cuídalo a él. Voy a tomar un café y a seguir con la ronda por el pasillo. No estaré lejos, si vuelve a pasar, avisa.
-Perfecto.
Vaya chica más callada, hablaba sólo lo justo. Hay algo raro en ella, y en esa amistad, pero bueno, quién soy yo para juzgar a la gente. Le salvaré la vida y le darán gracias a Dios. Al menos el dinero me lo llevo yo. Aquella mañana, quitando ese pequeño incidente, estuvo todo bastante tranquilo. Así estaba bien ganar dinero. Me pasé otra vez por la habitación. Ella estaba junto a la cama, leyendo algo al chico.
-Este poema también lo escribiste tú, a ver si te acuerdas: Llorar, quizás no sea tan descabellado, / Una lágrima por cada cosa que he callado. / Romper, las paredes que encierran mi silencio / y decirte que cada día que pasa, más te quiero. ¿Te acuerdas?
-S... s... sí -pudo decir el chico con gran dificultad.
Ese chico... no iba a pasar de ese día. Estaba igual de blanco que las sábanas, las paredes, las cortinas, las nubes... a ver cómo acaba. Prolapso mitral, podía ser fatal. Ella ya no leería poemas. No eran novios, pero había sentimiento. Estoy cansado de ver esos sentimientos, se ven cada día en cada habitación, con rosas, con bombones, peluches, libros, tarjetas y esas chorradas que venden en la tienda de abajo del hospital. Y yo... tan solo. Es difícil encontrar a alguien con este trabajo, en el que puedes estar hasta 48 horas seguidas de guardia. ¿Quién tiene ganas de amar luego? Como mucho algún rollo en la sala de descanso. No creo que esos dos se hayan enrollado nunca, pero se querían. La amistad chico y chica era real. Y ahí estaba yo, en la puerta, parado, mientras me hablaban.
-¡No se quede ahí parado! ¡Haga algo! - me estaba gritando la chica. Me empujaron y entraron en la habitación algunos compañeros míos.
-¡Parece una regurgitación! No tiene buena pinta. ¡Que alguien saque a la chica de aquí!
-Chica, ven conmigo. Vamos a la máquina de café -dije yo.
Estaba llorando. Le expliqué que ese tipo de problemas eran normales. Le invité a un café, pero apenas bebió, simplemente se sentó en una de esas sillas de la sala de espera que eran tan incómodas. Y azules. Un color un poco feo. Era bastante guapa, pero había algo extraño en ella, no sé si los ojos llorosos, el pelo, la ropa...
Pasaron 10 minutos cuando me llamó un compañero. Le dije que volvía enseguida, que me iban a decir como estaba su amigo, aunque yo ya lo sabía. Fui a la habitación y, evidentemente, allí estaba el chico. Muerto, con algo de color aún, pero no mucho. Me acerqué a él. Vi que algo sobresalía de debajo de la almohada.
-Eso es lo que intentaba sacar con sus últimas fuerzas -me dijo un compañero al ver que lo estaba mirando-. Una auténtica pena -se fue.
Lo cogí. Era un libro, estaba escrito a boli de su puño y letra. Se llamaba Violetas. Se lo llevé a la chica, que me estaba esperando en la sala aún. Ella vio la noticia reflejada en mi cara.
-Oye, él... tenía esto escondido. Lo intentó sacar antes de... ya sabes. Por el título imagino que es para ti. Por tu pelo y tal.
-¿Sufrió?
-No -mentí-. Para las personas como él es una cardiopatía común. Viven con ello, y, por desgracia, algunos con ello se van, pero lo que si sé es que en su pobre corazón maltrecho tenía un lugar para ti, chica del pelo morado.
-Sería en la parte rota.
Me fui a informar también a los familiares. Para ellos no había libro, pero claro, los libros son para la gente de la que estás enamorado, ¿no?
Precioso, como siempre, y muy inspirador.
ResponderEliminar¡Eres un grande!