domingo, 6 de julio de 2014

Por fin un final feliz.

     -Nunca me ha gustado el camino fácil.
     -¿Y por eso te has ido parando por las esquinas? -espetó ella.
     -Sabes que las cosas no son así, que sólo han sido baches y obstáculos que superar para llegar hasta ti. Si no hubiese otras, nunca hubiese sabido que tú eres la mejor.
     -Lo peor de todo es que intentes justificarte. Ya estoy muy cansada de esto, que es lo de siempre. Vete. -y empezó a llorar.
     -¿Y de qué sirve entonces que esté aquí?
     -¿De qué sirven las palabras si las acciones las contradicen?

     Él se quedó helado, sabía que le tenía cogido por los huevos, pero no iba a rendirse. Era ella o ninguna, ella por encima de las otras. Él no veía mal el hecho de haberse acostado con otras, porque sólo había servido para demostrar que ninguna era como ella. Besos secos contra besos húmedos, distancia contra abrazos, ratos contra infinito.

     -Te quiero.
     -Como a todas.
     -Todas no tienen nombre, y tú eres única, la única de la que me enamoro en cada beso, por eso estoy aquí.
     -La culpa es mía por no dejar clara nuestra relación, aunque se daba por hecho para cualquier persona madura con dos dedos de frente que no se muere por coger cada piruleta que le ofrecen.
     -Sabes que no es culpa mía. Si una chica hace el esfuerzo de besarte, le devolvemos el favor. Si Dios no quisiese que nos besásemos con otras personas no nos habría dado miradas ni labios.
     -Lárgate con tu estúpida jerga romanticona. Esta noche no estoy para tus gilipolleces.

     Ella se giró, dándole la espalda. Él también se giró, y espalda con espalda fueron la mejor pareja que existió durante unos segundos, hasta que él se volvió para no decir nada. Estaba perdiendo la apuesta contra sí mismo. Culpa suya por quererla tanto que se asustaba y se refugiaba en otras que frenaban sus sentimientos.

     -Esta noche lo que estás es preciosa. Eso es lo que te diferencia de las demás, que tú eres guapa, eres preciosa, eres bella.
     -¿Me estás diciendo que las otras son feas? -preguntó ella mientras se volvía a girar para clavar sus ojos en el corazón del patético payaso.
     -No, simplemente no eran tú -al decir esto, ella se quedó callada, así que él siguió-. Asómate a la ventana y dime qué necesita la noche para ser noche.
     -¿Oscuridad? ¿Luna? ¿Estrellas?
     -¿Y qué son las estrellas al lado de la luna?
     -Un intento de mitigar tu oscuridad.
     -Puede, pero la que más brilla es la luna. Ya sé que la he cagado muchas veces y de muchas formas distintas, pero al final siempre termino aquí. Si no la cagase, no sería yo, ni sería mi vida.
     -No soy tu puto salvavidas.
     -No, eres mi vida entera, y si ahora mismo das sólo unos pasos hacia aquí, me abrazas y me besas, te juro que todo irá bien.
     -Ya, hasta que salga el sol.
     -Pues por la noche te conquistaré otra vez.

     Y ella fue hacia él, pero no supo qué hacer. Era un final feliz porque es un final en el que ninguno nos vamos a meter, que hagan lo que ellos quieran, porque el amor es así, se nos va de las manos.


2 comentarios:

  1. ¡Leerte siempre es un placer! Espero seguir haciéndolo mucho tiempo. Y envidia (de la sana) porque mis escritos no llegan ni a la suela de los tuyos :)

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  2. ¡Tan entretenido como fascinante!

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