Querida desconocida:
Si estás leyendo esto en un blog, lo siento, no tuve el
ánimo suficiente como para escribirlo en un papel en el que
seguramente se hubiese corrido la tinta pero que quedaría más
personal. El mundo se ha vuelto loco, y nosotros con él. La gente se
está matando y nosotros también. No quería que esto ocurriese así,
mi intención no era para nada esta. Conocer a alguien y no saber
cómo puede acabar, supongo que eso es lo que nos hace humanos.
¿Sabes lo que define también a la humanidad? los sentimientos. Uno
empieza sintiendo una cosa, se la transmite al otro, y al final todo
es un cúmulo de sentimientos que se traducen en horas desnudos en
una cama o vestidos en la calle, parados junto a un semáforo en
rojo, besándonos, parando sólo para ver en qué banco de qué
parque nos vamos a sentar a seguir compartiendo saliva. Así se
empieza, y lo siguiente que te preguntas es que hasta cuándo va a
durar esto.
Somos lo suficientemente maduros como para saber que el amor
no es lo nuestro y que esto no va a terminar bien. Eso no quiere
decir que no sea bonito y que no estemos aprovechando el tiempo, lo
estamos aprovechando perdiéndolo de una manera útil. No es que nos
estemos matando, es que cuando te vas, me doy cuenta de que ya estoy
muerto, y siento si te estoy matando. Me gustaría poder darte una
historia bonita, con un final feliz, pero sabemos que eso nunca va a
pasar, ni contigo ni con nadie, y ojalá me equivoque. Tengo el
pequeño defecto de haber tenido una historia que normalmente trato
de obviar pero que no puedo. No fue una historia bonita, supongo,
pero lo que si que es seguro es que no tuvo un final feliz. Y vaya,
si nunca he tenido un final feliz... ¿cómo voy a poder dar uno a
una persona? Si no sé cómo es que las cosas acaben bien, ¿cómo
voy a terminar bien con alguien? A veces nos dejamos llevar y tenemos
que esperar a que el tiempo lo arregle todo, u otras personas. Tal
vez seamos los indicados para enseñarnos el uno al otro lo que es un
final feliz, tal vez tengamos que aprender solos, juntos, separados.
También puede ser que los finales felices no existan para
nosotros. La verdad, no lo voy buscando. Tú tampoco. Y si lo
quisieras, es probable que no sea el escritor que ponga la palabra
“fin” a tu búsqueda. Puede que sea pesimista, pero alguien me
enseñó que nada del corazón es eterno. Lo siento.
En parte tuyo.
X
No hay comentarios:
Publicar un comentario