jueves, 19 de mayo de 2016

¡Qué estúpida manía esa de titular todo!

      –Si me das la espalda, te la daré yo también a ti, pensando que al otro lado del mundo está tu mirada.
     –¿Y no piensas que si te la doy es por algo?
     –Claro, tú también quieres ver mis ojos a lo lejos.
     –Con suerte un sol me deja ciega.
     –Con suerte los soles que yo vea son tus ojos.
     –Con suerte alguien levanta un muro entre medias.
     –Con suerte lo levanta detrás de mi.
     –Con suerte te podrías morir. Te odio tanto.
     –Con suerte lo hago si me sigues dejando.
     –Con suerte te vas.

     Y se fue. Y ella se quedó esperando una respuesta que no llegó. No se giró, sino que echó a caminar hacia delante, porque le echaba de menos y esperaba encontrárselo de frente. Un sol la dejó ciega. Al no ver, se dio un fuerte golpe con un muro. Se cayó. Sintió una mano agarrar la suya. Se levantó y se dejó llevar.

     –¿Qué...?
     –Tranquila, soy yo.
     –¿No te habías ido?
     –¿De tu lado? Nunca, jamás.
     –¿Y qué pasó?
     –Que me dejaste y me morí.
     –¿Y yo?
     –También.

     En un verde prado hay una pareja.

     –Mira esa nube, parecen dos personas de la mano.
     –Tienes razón, qué curioso. Allá van, caminando por el cielo.
     –Así no se chocan con nada –y se rió.  
     –Pero están muy cerca del sol.

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