domingo, 1 de marzo de 2020
Nostalgia automática, diciembre, L.A.
Vine, vi, amé.
Si vas a olvidar todo lo que hiciste bien,
no me olvides.
El reflejo de la ciudad te hacía tan guapa
que es insultante
intentar decirlo con palabras.
Qué tiene el mundo que no tenga yo,
estás eligiendo vivir de aburrimiento
en vez de morir de pasión.
Esta tierra prometida era la tuya
y nos lo dijiste a los tres en la habitación,
tú y yo, y la luna.
La vida
está hecha para los amantes,
por eso pasamos por ella tan deprisa.
Deprisa, jóvenes y borrachos,
y tú preciosa,
y al despertar estaré sereno,
pero tú seguirás siendo hermosa.
Me da miedo el folio en blanco y vacío
pero ya solo me quedan
las palabras que desearía haberte dicho.
Me hubiese pasado riéndome contigo
el resto de mi vida,
era un poco extraña la curva de tu risa.
Queda, solo queda entre nosotros
el noble arte del contacto visual
pero no soporto mirar y no me acuerdo de tus ojos.
Y la luz siempre es fácil de amar
pero yo quise hasta tus sombras
y aún así estoy agradecido
de que tú te quedases hasta estando
yo a oscuras.
Soy tan tonto y tengo tanto miedo
que todo lo que te quiero
me lo invento.
Soy tan idiota cada día nuevo
que todo lo que te digo
lo disfrazo de sentimientos.
Ahí está, esa chica es una tempestad,
dime quién queda vivo tras ella en la ciudad.
Las respuestas fáciles siempre estarán mal,
cuando llegue es cuando más hay que brillar.
Sonrisas de vagabundos y marginados,
siempre es como mejor he estado,
así que vamos a hacer este trato:
dormiremos juntos, echando de menos el sonido,
y con tanto ruido me preguntaría:
¿Cómo demonios podrías ser mía?
Pero quizás puedas recordar
que puedes soñar.
Últimamente las cosas van mejor que siempre.
Sólo me duele al respirar,
cierro los ojos para mirar
que últimamente siempre es diciembre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario