martes, 12 de mayo de 2020
La sal de mis planetas
Como astronauta vives mil aventuras, de verdad, pero nada peor como cuando caí por el agujero negro que dejaste, por ese vacío tan espeso que sabe a cuando parpadeas y no vuelves a abrirme los ojos nunca, ingrávido, flotando por esta galaxia eterna parasiempre, que en realidad es ahora mismo desde hace mucho tiempo, y se mezclan colores y asteroides y parece que estoy en un cuadro de Pollock como me dijeron unos ojos que más que bonitos son bonitos en su forma de mirar. Y yo quería terminar de caer, y tú no me dejabas y en este espacioso espacio me encontré con el hogar de mil dioses que no eran más que tus manos acunando a Kamadeva, porque en ti cabe todo y yo más bien soy nada; que si aterrizo plantaré mi casa austera hecha de pechos vacíos en el exilio de esta tierra de Nod que es ahora la vida e intentaré que tenga buenas vistas, como ese sitio tan prostituido donde van a romper las olas hechas de palabras que se convierten en espuma de mensajes que no te he enviado nunca pero que son palabras para nadie, peligrosas porque se las lleva el aire, y aquí están, cayendo conmigo. Como en el centro de tu ombligo no hay ningún sitio y ahora tengo la nunca ansiada paz y el menos querido frío, ahora que soy enemigo, soldado de invierno, porque esto me hiere más que un infierno y si lo llego a saber, me digo a mí mismo, no sé si del pasado o del futuro porque el tiempo es solo un istmo fino que ha unido un rato dos destinos que para gran mentira y mentiroso, yo y el amor, Dios. Mientras la yaceja hecha de estrellas cree que me acuna y ojalá me meza como en tu melena que resguarda de aguaceros fugaces mi sayal hecho de telas y otros retales espaciales y la magia de la escafandra que es solo un trozo una lágrima que se nos cayó a los dos en esos dos segundos de emoción porque fuera de este vacío sí se pudo escuchar una canción, aquí solo suena el eco del silencio que retruena en mis adentros como pasos en una catedral, que no te das cuenta del marchar a otros planetas sin salvavidas, porque hay besos que tristemente solo son viajes de ida, que vuelan con sus alas al sol, que en estas lunas hay sal para dos. En la geografía de la tristeza los mapas tiene ríos de venas y los veo desde aquí arriba en mundos de ambrosía, en calles estrechas por donde no caben los gigantes, Jötunheim les espera y es que son tan grades que no veo el suelo, pero huelo sus tristezas y cómo caen, y cómo vuelas y como vienes me dejas; y este llanto blanco lo aprendí que quien vio partir un barco sin cambiar las velas porque las olas del espacio tienen gritos por cresta y por ti he creado mitos que ahora las surfean; he construido pueblecitos donde los caballos galopan entre matorrales cuyo fruto son estrellas fugaces y en las raíces están las frases de canciones de Zahara, de echar de menos y de arañazos de gatos que maúllan como en celo; que te miran por ser un cielo, bailando en cualquier astrogarito donde no suena el rock del cocodrilo y me sigo preguntando dónde demonios están Holden y Hank, que saben lo que es perderse en este vacío como si te hubiesen también conocido. Como astronauta la caza es supervivencia, y a veces una nave, a veces un cometa y en su estela veo como atraviesas lo que te escribo solo para no hablar más conmigo, como en el andén mágico de esos libros que tanto me han dado y que en sus letras has visto que sigo siendo un niño perdido en este espacioso espacio que, como buena alharaca, no es tan grande como todo lo que en tu boca habría planeado pero que se ha extinguido, cual incendio en la isla que una vez vio cómo nos habíamos querido, ya, demasiado tarde puede parecer mucho tiempo, pero pasen o no los sentimientos, el fulgor seguirá brillando por momentos, por momentos, por momentos.
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