sábado, 4 de diciembre de 2010

Caracoles [3].

-          Lo que es la vida ¿eh?
-          Sí tío, que de circunstancias.
-          No te me pongas Ortega anda. Me refiero a que, un día estás tan tranquilo y otro día… ya sabes.
-          Lo se. La peor arma del mundo no es de fuego, ni es blanca. La peor arma es la palabra. Solo con una palabra te pueden joder la vida. Bueno, una palabra o la puta lluvia.
-          Lluvias de verano. Me gustan.
-          Y las tormentas también.

Y como siempre, ante tal ingenio, los amigos rieron mientras caminaban bajo la lluvia. Intentar esquivar las gotas sería una tontería, pero ya habían esquivado edificios cayéndose en la perversa mente dormida de un cocodrilo volador y habían soportado el típico baile lleno de idiotas. El agua no les matará, solo que no llovía agua.

-          Mira. Caracoles.
-          Si. Que asco dan. Se te están subiendo por el pantalón.
-          Bueno, qué más da. Sus babas en mis pantalones, las mías en mi boca. Todo es asqueroso. Además, no creo que me maten.
-          Ya, pero es raro.
-          ¿Raro? ¿Nos has visto? ¿Has escuchado de que solemos hablar?
-          Sí, tienes razón. Además, los caracoles ya llevan su casa de serie, no supondrán gasto alguno.
-          Sí, pueden acompañarnos en el difícil viaje que es la vida.
-          Cuidado, esa palabra viene derecha hacia ti.

Uno de los pequeños caracoles que subía por su pierna saltó y dio de lleno con la palabra, que destrozó su caparazón. Después de una pequeña explosión pegajosa, solo una pequeña babosa quedaba en el suelo.

-          Que sacrificados.
-          Sí. Pero bueno, para eso tienen el caparazón. Joder, y yo que pensaba que era una lluvia normal.
-          Siempre que hablas de algo peligroso la cagas. Ahora llueven palabras tío.
-          Da igual, tengo protección en las piernas, mira, mira que de explosiones asquerosas.
-          ¿Me dejas unos pocos?
-          Pon la pierna- esperó a que unos cuantos caracoles se pasasen al cuerpo de su amigo-. Pues eso, lo que es la vida ¿eh?
-          Pues sí. Podría decirte muchas cosas, y tú podrías decírmelas a mí, pero concrétame por favor.
-          Ella misma crea la lluvia de palabras, solo para jodernos, y un caracol es vida, pero destruye las palabras con su ser. Lo que es la vida.
-          ¿Qué pensarán los caracoles?

Abajo, entre sus rodillas y tobillos, y entre explosiones y babas…

-          Yo me pido esta.
-          Jo, déjame una, quiero ser babosa… El caparazón me pesa.
-          ¿Qué pensarán los hombrecillos estos de nosotros?
-          No lo sé, pero mi vida va a cambiar para siempre con esta palabra. ¡Chao!

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