sábado, 18 de diciembre de 2010

Y ya van... [5].

-          Amigo. Tampoco son tantas.
-          Eso que lo dices tú. Piensa que ha estado muy ocupado y no solo nos escribe a nosotros.
-          Ya, pero no sé…
-          Yo creo, que incluso merecemos descansar.

Dicho y hecho. Se sentaron en dos mullidos sillones. Aunque estaban llenos de polvo, cosa que les hico toser y estornudar. En la sala donde se encontraban apenas entraba la luz por un par de ventanales redondos. Debía ser un sitio realmente viejo. Había montañas de libros y cuadernos a su alrededor.

-          ¿Qué pondrá?
-          Levántate y léelo a ver.
-          De este montón mismo, que es el más limpio.
-          Será el más reciente.
-          “Entonces se levantó del raído sillón, y paseándose por su cabeza, cogió un tomo de la memoria más reciente y…”
-          ¿Y? ¿No sigue?
-          Es que acaba ahí… No, espera, aparecen letras. “Y su compañero le preguntó ante la repentina ausencia se sus palabras”.
-          Vaya. ¿Estamos escribiendo nuestra propia historia?
-          Eso parece. Puto vago. Este sitio debe ser su cabeza.
-          Pues vamos a jodérsela.
-          ¿Más?

Y los dos chicos, cuando se dieron cuenta de lo que sucedía, empezaron a saltar, arañar, pellizcar, destrozar cualquier cosa que veían. Quemaron algunos montones de memoria, cosa que no creyeron que fuese buena idea.

-          ¡Eh! Para, para un momento.
-          ¿Por? Oye, ¿qué te pasa?
-          Pedazo de asno. No toques los montones de libros, corres el riesgo de destrozarnos, aunque creo que ya es un poco tarde viendo el estado en el que me has dejado. Joder, mírame.
-          Solo estás un poco más transparente. Eso es que iba a empezar a quemarte.
-          Querrás decir quemarnos, y no digas empezar. ¡Joder, estás echando humo!

Seguramente este podría ser el final de los chicos. ¿No había en toda una cabeza una gota de esperanza para aplacar su error incendiario? Se estaban consumiendo poco a poco, buscando por ese destartalado desván algo que les permitiera seguir viviendo. Uno de los chicos, con un brazo a salvo, encontró un lápiz.

-          ¡Toma! Busca el cuaderno más nuevo, esperemos que no esté destrozado, y escribe que nos salvamos.
-          Vale- y cogió el lápiz que su compañero, reduciéndose a tristes cenizas, le pasó-. No tengo mucho tiempo.

Se puso a buscar por toda la sala hasta que encontró, debajo de uno de los sillones, el cuaderno ansiado. Lo abrió y escribió.

“Y en un acto de desesperación, uno de los chicos volvió a reescribir el destino de los dos. Un nuevo despertar. Grandes cambios les esperaban, pero de eso ya se ocuparía la imaginación. Ellos han escrito el capítulo más trágico de su vida.”

Y era verdad, pero eso les pasa a todos. Cada uno es responsable de los peores momentos de su vida. Y solo uno mismo es capaz de reescribirse y salir adelante.


¿FIN?

1 comentario:

  1. Uoohh! un fin ( bueno, fin??) bestial! una mezcla entre unamuno y nolan, eh! me ha encantado! y la ultima frase también muy buena!

    un abrazo, prim.

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