- Mr. Moon, Mr. Moon… ¿Qué está pasando en mi cuarto?
- Pequeño Luc- dijo al tiempo que daba un giro plateado para mirar al joven-. Tú sabrás. ¿Qué has hecho?
Y el chico le contó la historia de cómo unas noches antes, intentando dormir, unas voces detrás de su armario no le dejaban. Luc, valiente como curioso (que en muchos casos bien podría ser lo mismo), se levantó de su cama y se dirigió al armario. Al tiempo que se dirigía hacia allí, las voces se iban intensificando, hasta que una vez que lo apartó, las voces se convirtieron en gritos de júbilo.
Unos pequeños seres diminutos habían colgado pancartas en una especie de micro población que allí había surgido de motas de polvo, calcetines perdidos y piezas de LEGO desaparecidas. En ellas se podía leer “Bienvenido a casa”.
- ¿Quiénes sois vosotros?- preguntó el chico al ser más adelantado, el que parecía dirigir todo aquello.
- Permíteme presentarme, Luc. Mi nombre es Tony Zoulias, alcalde de Ochrasy.
- ¿De dónde habéis salido?
- Eso no importa ahora, ¿o no ves que el título del relato no hace referencia a nuestro origen?
- ¿Título? ¿relato?
- Chorradas y pamplinas Luc, chorradas y pamplinas- dijo el alcalde atusándose un pequeño bigote canoso-. Lo que nos concierne es algo mucho más grave, sí sí, más grave. Precisamos de un ser superior que cuide nuestro maravilloso pueblo, y puesto que es tu cuarto y vivimos detrás de tu armario…
- ¿Puede haber algo más surrealista que esto?
- A estas horas no, Luc.
Volviendo al presente, Mr. Moon parecía saber lo que le pasaba al joven Luc. Gobernar sobre un pueblo es mucha responsabilidad, pero hasta ahora no había pasado nada malo, así que le pidió al chico que continuase su historia hasta llegar al problema, el cual intentaría ayudarle a solucionar.
- Verás, al principio todo iba bien, les proporcioné mejores materiales para sus casas, mejor comida, limpié un poco la zona, e incluso impedí el paso a mi perro al cuarto. Todo por el bien del pueblo.
- Eras un buen gobernador entonces, ¿no Luc?- y Mr. Moon llegó al punto reflexivo-. Y tú no les pediste nada a cambio. Les diste tu tiempo Luc, y ellos a ti nada. ¿crees que eso está bien?
- Me hacen sentirme mejor conmigo mismo, hasta hoy. Hacen fiestas en mi honor, pero no puedo participar porque soy demasiado grande. Me ofrecen comida y regalos, pero son diminutos.
- Luc- dijo Mr. Moon mostrando su sonrisa con malevolencia-. Deberían esforzarse más. Ya que eres el gobernador, un poco de mano dura para tu propio disfrute no estaría mal.
Dicho y hecho. Al día siguiente, el joven se dirigió a Ochrasy. Habló con el señor Zoulias y le pidió un grupo de hombres que trabajasen día y noche para hacer las cosas a su gusto y tamaño.
- Pero Luc, eso es explotación- decía el alcalde.
- ¿Acaso no me lo debéis después de todo lo que he hecho por vosotros?
- Sí sí, pero esto se está poniendo muy drástico.
Y así pasaron días, y cada vez que Luc iba a Ochrasy, había más problemas, y tenía que poner a más seres a trabajar con tal de no tener que escuchar quejas. Hubo zonas que se sublevaron. Luc volvió a pedir consejo a la noche.
- Mr. Moon, se están rebelando, se me escapa de las manos, ¿qué puedo hacer?
- Algo que tendrías que haber hecho hace tiempo. Renunciar a ser gobernador, no deberías haber tomado el puesto sin haberme consultado.
- Pero, no lo entiendo, ¿no fue usted el que me aconsejó como actuar?
- ¡Y quién te dice que tengas que fiarte de la noche!- Mr. Moon estaba más vivo y blanco que nunca-. Destrúyelos Luc. Mátalos.
Ahora de noche sería más fácil y no tendría que ver los rostros de sus súbditos sufrir. Movió un poco el armario y… unas cuantas flechas pequeñas pero afiladas como alfileres se le clavaron en el pecho. Era una revolución, pero terminar con ella era tan sencillo como dar unas cuantas patadas. En cuestión de segundos, Ochrasy no existía
- Que… tengas dulces… sueños, Luc… dulces… sueños- fueron las últimas palabras de Tony Zoulias.
- Vaya- Pensó Luc mientras su sombra negra se mezclaba con el halo blanco de la luna en su ventana-. Sangran.
El chico se dirigió a la cama, decidido a recapacitar sobre lo que acababa de hacer, mientras la noche reía maliciosamente, pudiendo con él, y creando y cuidando monstruos. Pero Luc no pudo hacer nada, pues el despertador empezó a sonar melodiosamente y estaba un poco confuso tras el sueño que acababa de tener.
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