- Ave María purísima.
- Sin pecado concebida.
- Confieso, padre, que he pecado. O eso al menos es lo que creo.
- Cuéntame, hijo. Cuéntame.
- Verá, padre, yo antes no era creyente. No había para mí dioses que me guiaran hasta un iluminado fin, hasta que la vi a ella. Al verla, enseguida tuve que creer en Dios, pues si no, ¿quién iba a mandar semejante criatura, tan hermosa, a la Tierra? Tuve mis dudas, pues también tuve que creer en Satán, pues si no, ¿quién iba a mandar semejante criatura, tan hermosa, al mundo terrenal, para hacer de él un reino lascivo y lujurioso? Tuve pensamientos impuros, todos desde el respeto creado en mi ficción. Pero padre, para no tenerlos, si usted hubiese visto esas piernas, que van desde lo más profundo del averno, desde donde un pecador como yo, sube por ellas hasta el cielo de sus labios. Si hubiese visto usted ese cabello dorado como lo vi yo, cayendo como un manto de sol encima de la nieve, hubiese pensado igual, padre. Dígame, ¿he pecado?
me encanta...... si si, lo se hacía mucho q no te comentaba!!! :P
ResponderEliminar