jueves, 3 de mayo de 2012
Al suelo.
Contigo y de la mano empiezan tocones,
sentados con la lluvia
y el frío arropando hasta los cojones.
Con rugidos de furia;
y deja que se enreden nuestras pestañas
con nudos marineros.
Recoge las hojas que manchan persianas
de primaveras y ciegos.
Deja de patalear sin salir corriendo,
no tuerzas el camino.
Veo que tus dedos también tienen miedo
de tus labios tan finos.
Anda y echa la cremallera a la tarde
y que cierren las nubes.
Te muerdo para despejar las calles
que nuestros pies suben.
Cóseme a tu colchón, que llore el edredón,
que fueron testigos del hecho
y de cómo le quedan tus bragas al suelo,
que sólo supieron huir del amor.
Se me está rompiendo el juego miserable,
cada vez que nos vemos,
de recordar espinas y alambres.
Que son solo momentos
donde los gusanos se comen moreras
para ser mariposas.
Allí donde el sol se vuelve rosaleda
de tallos sin rosas.
Y tú como potrilla que juega a galopar,
corriendo en mis brazos,
y yo soy el viento que te ha de peinar,
que te viste los santos.
Que me castigue el infierno si no soy feliz,
y tú vente conmigo.
Abajo en tu espalda lo que me hace reír
y también de tu ombligo.
Cóseme a tu cama, seca las sábanas,
que fueron testigos del hecho
y de cómo le quedan tus bragas al suelo.
Cuando pudieron las ganas
gritaste hasta el techo,
te movías con gracia,
nos comimos a besos.
Y yo con miedo
de volver mañana.
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