- Cógelas.
- No. No puedo.
- ¿Por? No hay ninguna valla. ¿Es por las espinas? No creo que duelan tanto.
- No crees que duelan tanto... otra vez.
Se acercó más a las flores.
- No huelen.
- No tienen porqué.
- Me acuerdo de las orquídeas, las pasifloras, las AMAPOLAS. Incluso unos girasoles. Tengo miedo.
- ¿Por? No todas se marchitan.
- Pero el hecho de que piense que si se puedan marchitar... Ya duele.
Cada vez estaba más cerca. Extendió su mano, casi iba a llegar a rozarlas. Estaba dando un gran paso. Su amigo estaba emocionado y él lo sabía. Tanto que antes de cogerlas, se giró para sonreírle. Pero la sonrisa se cayó al suelo. No sólo su amigo había desaparecido, sino que una enorme nube lo empezó a cubrir todo.
- ¿Dónde estás? Sin ti no puedo...
- Psé...
- Soledad. El simple hecho de pensar en que las voy a coger me asusta. El simple hecho de no saber si voy a poder cogerlas es horrible. Y más estando solo. Más cuando desapareces. Más cuando la soledad y esta nube traen recuerdos. Más cuando así en el fondo no estoy tan mal...
- Cógelas.
- Tengo miedo de no saber. Tengo miedo de... ¿dónde estás?
Y, solo, mirando a todos los lados, decidió no hacer nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario