Estaba deseando llegar a casa, había sido una noche de fiesta agotadora. Salió del metro y ya hacía frío, se notaba por el vaho que le salía de la boca. La calle estaba desierta. Vivía a 10 minutos de allí, pero el paseo le vendría bien, estaba un poco mareada, seguramente por haberse bebido hasta las copas que no eran suyas.
Puede que fuese cosa del amanecer o del tiempo, el caso es que empezó a surgir una niebla no muy espesa que dificultaba, aún más, la visibilidad. Ella realmente tenía miedo, y más cuando en su calle, larga y solitaria, se giró y lo vio. Vio algo extraño. Tenía forma humana, pero quizás más alto de lo normal. Alto, con un traje negro, pero la cara... No tenía cara, o no de lejos. Sólo se veía un rosto blanco, liso, sin ojos. Brillaba mucho. No se movía, estaba quieto, a unos 10 metros. Aligeró el paso tanto como le permitieron los tacones y le dejó atrás. Su calle nunca le había parecido tan larga. Se giró y no le volvió a ver.
- ¡Ah! -soltó un gritito cuando volvió la cabeza a su posición original y lo vio entonces. Esta vez más cerca y estirando un brazo. No tenía ojos.
Corrió en dirección contraria a su casa. Se le rompió un tacón. No le preocupaba cómo llegar luego, sólo quería escapar de eso. La niebla cada ver era más espesa y la calle cada vez más vacía. Se escuchaba una respiración que no era la suya. Algo le agarró del hombro, tirando de su abrigo negro. su brazo era larguísimo. Empezó a sollozar mientras el ser extraño se acercaba. Tenía boca.
- Ven... conmigo...
- ¿Dónde? ¡No por favor!
- Donde... alguien me... me... quiera...
Ella le miró de manera distina. Ya sabía que no tenía ojos, pero donde debían estar había una curvatura triste. Dar miedo debía de ser triste. Esa cosa se veía tan solitaria que despertó la compasión de la chica, que le agarró la mano huesuda, aún temblando y con lágrimas en los ojos.
Una brecha oscura se abrió en la nada detras del ser, y se hacía más grande mientras el ser y la chica, atraída por su misterio y sus poderes, se abrazaban. Ella apenas le llegaba por la cintura y en la cara del ser se dibujó una sonrisa maléfica.
- Ven con... nosotros... -se escucharon voces de niños por la brecha.
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