domingo, 13 de octubre de 2013

Máximo se enamora.

     Estaba en Manuel Becerra, esperando al metro. A esas horas de la mañana siempre hay mucha gente. Sonaba Paloma, de Calamaro en mi iPod. Llegó el metro y entré, encontrar sitio era difícil, así que me quedé de pie, apoyado en la puerta. Entonces le vi entrar. Supongo que a todos nos llamó la atención, pero ya estamos acostumbrados. Supe que se llamaba Máximo por una identificación que llevaba en la camisa. Una camisa de cuadros azules, abrochada hasta arriba. La llevaba por dentro de unos pantalones marrones, de esos tan clásicos y tan de moda. El pelo, peinado con la raya al lado, tal y como le habría enseñado su madre. Llevaba una mochila negra. Tenía ese brillo de inocencia en los ojos que solía tener la gente como él.

     Máximo también nos miró a todos. No le dimos importancia. Yo observé con atención, haciendo caso omiso a Andrés y su piano. El chico se había quedado mirando a una chica con el pelo morado. Supuse que serían cosas que llaman la atención en el metro. La chica era guapa, sí, y además, no le importaba que Máximo no le quitase el ojo de encima. Él se bajó en Nuevos Ministerios, e hizo algo que sorprendió a la gente, se despidió sonriendo. Muchas personas no le devolvieron la despedida, yo me limité a sonreír, escuchando otra canción. Ella, la del pelo morado, se bajó en Cuatro Caminos.


     Otro día más. La misma gente en el metro. La fin, de Nacho Vegas, me deprimía de camino a clase. Pero siempre surge algo en el metro que te hace sonreír. Allí estaba Máximo, como siempre. Me caía bien, y ni le conocía. Y no estaba solo, también se reunió con nosotros la chica del pelo morado. Máximo la saludó con alegría. Estaba claro que le gustaba. La chica, siempre agradable, le devolvió el saludo. Visto desde fuera, parecía raro. La gente se dio cuenta. Tal vez estábamos ante uno de esos romances de Metro tan famosos.


     Ese día ya estaba ansioso por ver como seguía la historia. Llegué a Manuel Becerra a la hora de siempre, y allí estaban los dos. No hablaban. Máximo se reservaba el saludo para cuando entraba al vagón, y miraba a todo el mundo sonriendo. Dentro, la chica del pelo morado se apoyó contra la puerta, a mi lado. Hoy tendría historia de amor pegada a mí.

     -Eres muy guapa –dijo Máximo a la chica. Y le sonrió y le dio un papel. ¿Qué diablos sería? Yo me preguntaba esto mientras Kutxi Romero se preguntaba por qué ella ya no salía a volar, en Corazón de mimbre.
     -Gracias –ella también sonrió y cogió el papel. Cuando me di cuenta, todos estaban mirando la escena. Unos sonriendo, contemplando la magia. Otros observaban de manera extraña. Como si les molestase eso. Yo lo entendía, más de uno pensaría que es una aberración. Que esas cosas no deberían pasar, que se tendría que evitar la socialización de ciertas personas. Yo pienso que el amor es la cosa más inculta del mundo, y que no entiende de edades, de razas, de clases sociales ni mierdas de esas. Simplemente es amor. Y estoy seguro de que amor era lo que había escrito en ese papel. Eché un vistazo por encima del hombro de la chica.

Eres guapa, eres preciosa
Hueles como un jardín de rosas
Me gusta tu sonrisa
Porque no tiene prisa
Me gusta verte por las mañanas
Me alegras la mirada.

     Simple y bonito. A Máximo no se le podía pedir más. Para alguien como él, es perfecto. Máximo se iba a bajar, la chica del pelo morado le dio un beso en la mejilla. Máximo iba a estar contento todo el día.


     El cuarto día. Máximo estaba pletórico en el andén. Saludaba antes de entrar y decía “Eres mi amigo” a todo el mundo. Yo le sonreí, le contesté que él también era mi amigo, y le di un golpecito en el hombro. Estas son las personas que da gusto encontrarse. Llegó el metro, y la chica del pelo morado no aparecía. Máximo cambió su sonrisa por una expresión torpe de tristeza. Entró en el metro, seguramente pensando que ese día sería un poco peor. Justo cuando se cerraban las puertas, la chica del pelo morado apareció en el andén. Miró a Máximo con cara de tristeza. Máximo gritó y dio un golpe a la puerta. La gente le miró raro, como a un monstruo. Se asustan por los sentimientos, se asustan de lo distinto. Máximo se bajó en la siguiente parada, para esperar a la chica. Me hubiese gustado bajarme y ver cómo sigue la historia, pero Noel estaba cantando If I had a gun, y eso también era bonito.


     Ya es martes. Ha pasado una semana entera desde el inicio de la historia. Era de las pocas veces que tenía ganas de ir a clase. Máximo llevaba la misma ropa que el martes pasado, pero lo que más me sorprendió es que llevaba una flor. Llegó el metro, y la chica del pelo morado llegó por los pelos.

     -Para ti –y le tendió la Orquídea.
     -Gracias –sonrisa por parte de la chica y beso en la mejilla.

     Y como siempre, la gente que miraba desde detrás de su 20 minutos, pensando en las barbaridades del mundo. No sé si porque la chica llevaba el pelo morado, como rebelándose contra la sociedad de lo formal, o tal vez mirando la escena pensando que un chico con Síndrome de Down como Máximo no debería poder enamorarse. A mí, en cambio, me parece perfecto, me parece hermoso, me parece cojonudo. No sé como acabará la historia, pero espero seguir viéndola a diario y, tal vez, contarla por aquí. Vega canta La conjura de los necios en mis auriculares, y Máximo se tiene que bajar.


3 comentarios:

  1. IM-PRESIONANTE.
    Bravo.
    Nada más que añadir, es algo que no se puede describir con palabras.

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  2. Ya lo leí el día que lo publicaste, hoy lo he vuelto a leer... precioso, como siempre. Además, añadirle banda sonora... perfecto!

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  3. PRECIOSA HISTORIA.

    ESPERO PODER SEGUIR VIENDO MAS...

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