martes, 10 de marzo de 2015

La inquietud de los suicidas

Dicen que la envidia no es un sentimiento,
Que se lo digan al que no sabe que brilla por dentro.
Que no hace otra cosa más que mirar su reloj
Como si el tiempo fuese su revolución.
Y la inquietud que paraliza su cuerpo,
Las agujas que le han besado veneno.
Se empalman sus labios, su boca, sus dientes,
La lengua cuando sabe que no hay amaneceres.
Porque se abraza por si acaso a la soga
Cuando ve que en el mundo no caben más personas.
Los pies sólo pisan la línea donde se juntan la mierda
Y las páginas que traen versos de niebla.
Cuando la pata de la silla se parte, aparece la fe
Como aparecen las putas para los que en el amor no creen.
Hacer acopio de oxígeno es egoísmo, si por la sangre
Ya corre podrida la calavera que nos vuelve nadie.
Tuvo dos formas de decir adiós y usó las dos,
La emotiva y la física, la de las venas y la del cordón.
La que recorre su cuerpo como si fuese un hormigueo
Y la que te deja sin habla al besarte el cuello.
Con los ojos en blanco aún balanceaba sus pies,
Se lo encontró su alma preguntando por qué.
Estira el brazo, el polvo atraviesa sus manos,
¿Es un fantasma o sólo estaba muy delgado?
Las ojeras hablan desde el reflejo en el espejo,
¿En qué momento decidió no hacerse viejo?
Dicen que el suicidio es inquietante hasta el último momento,
Que se lo digan al que en vano llevaba la lucha por dentro.


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