miércoles, 11 de septiembre de 2019

Mis mil costillas


De clavar tu nombre y sin darte cuenta
a que crezca un roce entre sirenas.
Aún está la sombra de tu cuerpo en mi pared,
reflejo de las auroras que robaste al anochecer.

De cogerte la nariz y siempre a la derecha
a que ibas a estar por aquí como beso que acecha.
Todavía quedan huellas de una lengua resiliente
haciendo que se estremezcan labios que apenas duelen.

Que me arranquen mil costillas
para hacerme otra como tú,
que me purgue las pesadillas
y sin tener nada en común.

De quererte un universo y más estrellas
a echarte tanto de menos que el dolor no quepa.
Aún sigues trotando como abrazos de dos niños,
eras un potro desbocado y yo el trueno con el que grito.

De decirte más callado y amarte con la mirada
a vernos sin desnudarnos y los enredos en la garganta.
Todavía quedan restos, las lechuzas y los barcos,
la foto de azul y negro, el olor a coco en mis manos.

Que me arranquen mil costillas
para hacerme otra como tú,
que me purgue las pesadillas
y sin tener nada en común.

Me cierro, me coso,
me llaman río,
porque el miedo
en mis ojos
es por tus quejidos,
porque el viento
y los monstruos
me llevan
y me apartan
de sentirme vivo,
y los planetas
de tu espalda
son solo los sitios
en los que banderas
con tu alma bordada
arropan todo lo que he sentido.

Me abro, me vuelo,
me llaman río,
porque mis pasos
al cielo
son por mis quejidos,
porque los años
tan muerto
me llevan
y me apartan
de sentirme vivo
y los planetas
de tu espalda
son solo los sitios
en los que aprendiera
a cosernos el alma
y a intentar volver por donde hemos venido.



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