miércoles, 10 de noviembre de 2010

Distracciones.


-          Amigo, creo que ya ha bebido más de la cuenta.
-          Gilipolleces. Mientras tenga dinero puedo seguir bebiendo. No veo el letrero de “derechos de admisión”.
-          Pero me espantas a la clientela. Mira al chaval de antes.
-          Poeta de manos vacías decía… Yo también soy poeta.
-          Al ritmo que estás matando el vodka, me lo creo… jodido borracho.
-          Dame la botella y me voy.

Y así fue. Era mediodía, la hora menos adecuada para andar por la calle bebiendo. Tampoco le apetecía ir a casa. Le apetecía noche, tranquilidad, que solo le acompañaran los gatos. Que las polillas enamoradas de las farolas fuesen sus únicas testigos. Era muy fácil. Se sentó en un banco del parque y cerró los ojos.

Escuchó un estornudo.

-          Salud- dijo sin saber de dónde procedía.
-          Gracias, no estoy muy acostumbrado a que me hablen.
-          ¿Qué…? Oh… vaya- no se lo podía creer.
-          Sí, soy yo. El que empuja la tecla. El que trepa, araña y muerde.
-          ¿Y hablas?
-          Y estornudo.
-          Seguramente esté soñando. Y es un sueño tan raro que seguramente sea por el alcohol. Vodka para ser más exactos.
-          Hablas como si me interesara- y se puso a dos patas. No se había fijado, pero era igual de grande que él-. Lo único curioso es que el vodka no es tuyo. ¿Recuerdas al chico del bar?
-          ¿Al niñato poeta?
-          Exacto. Pues el vodka era para su… su…
-          ¿Su?
-          Exacto.

El borracho empezó a mirar a su alrededor. Estaba en el mismo parque en el que se había sentado a cerrar los ojos para esperar la noche. La cual ya había llegado y había traído consigo ese gigantesco hurón.

No se dijeron nada durante un rato, pero el silencio no fue incómodo ni mucho menos. Simplemente parecía que cada uno estaba pensando que decir a continuación. La respiración pausada del borracho y los estornudos del hurón pasaron a segundo plano, siendo sustituidos por una terrible tormenta.

-          ¿Tormentea?
-          Y escasea.
-          Pasa de la bebida, ya te he dicho que no es tuya.
-          Ahora voy a dársela a la chica. Pero no se dónde está.
-          Pregúntale a ellos- y señaló a los rayos que caían con la cola-. Ellos lo saben todo. Viajan a una gran velocidad.
-          Van muy rápido. Además, dudo que sepan hablar.
-          ¿Lo has intentado?

El borracho, sin apenas pensárselo, estiró una mano y agarró un rayo.

-          ¿Cómo es que no me has matado?
-          ¿Quieres morir en tu sueño?
-          No, no. ¿Dónde está la chica?
-          A ver… dame un segundo- y le relampagueó la mano-. Vale, es por la tarde… está en el gran parque. Ve rápido que te la entretienen.

Y abrió los ojos. Era cierto, la noche no había llegado más que en su sueño. Sin pensárselo y con la botella en la mano, echó a correr. Sus pies iban solos, como guiados por un rayo, hasta el parque. Se encontró con la escena más extraña que pudo haber visto. El chico del bar y una chica. La gente de alrededor esperaba expectante una respuesta, aunque él no sabía a qué pregunta. Así que avanzó al lugar donde estaban los chicos.

-          Ten, de parte de tu hurón.

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