- ¿Por qué haces esto?
- ¿Qué pasa, imbécil? ¿acaso la punta de mi zapato no sabe bien?- y le dio otra patada en la boca.
Siempre, de una manera u otra, las chicas acaban haciéndole daño. No se lo merece, ni mucho menos, simplemente no tiene suerte. Al menos este daño no es sentimental, sino físico, aunque mucho se teme que en poco tiempo también será lo primero.
- La idea de apagarte un cigarrillo en la piel fue tuya, tantas mierdas de conversaciones, tantas cursiladas, y sabías que íbamos a terminar así- hizo una pausa para que gritase-. A fin de cuentas, estamos juntos de algún modo.
- No lo entiendo- dijo entre sollozos-. ¡Yo daría todo por ti!
- Y dime, ¿acaso no estás dando tu mísera vida?
Y ella no se cansaba de darle puñetazos, patadas, escupirle, quemarle, hasta que el sudor y la saliva de ella se mezclaban con la sangre de él, incapaz de defenderse por una serie de circunstancias que llamaba sentimientos.
Él, no sabe ni cuando ni cómo, había acabado en su habitación, y se estaba fijando en las paredes. Eran verdes. Pensando en el verde, en la tranquilidad y el sosiego, se olvidaba de los insultos y golpes que estaba recibiendo. Pero para ella el verde era odio, y ella odiaba lo que él sentía por ella, y tenía la necesidad de acabar con algo sentimental de una manera física.
- ¿Crees que este dolor va a hacer que cambie de opinión respecto a ti? No tienes otra solución que admitirlo, me gustas- Y con una sonrisa pícara escupió sangre.
- ¡Cállate!- y le tiró una silla encima, pensando que con suerte le rompería un par de costillas.- No intentes levantarte- pero ya lo estaba haciendo.
Amapolas, amapolas rojas, pero no intensas. A esas amapolas les faltaba un color más vivo, el de la ira, y ella almacenaba tanta ira en su interior que podría pintar campos enteros de amapolas. Él estaba de pie, enfrente suya, con heridas y quemaduras, parecía imposible que aún tuviese ganas de sonreír.
- ¡Entiéndelo! Tú me das esta sonrisa, y cuanto más me pegues, más reiré, porque es una conexión física, y cuanto más me quemes, más reiré, porque el fuego es una conexión emocional, y cuanto más me escupas, más reiré, porque es una forma de tener tu saliva cerca de mí.
- ¡Te odio! – gritó antes de clavarle un pequeño puñal en la subclavia, haciendo que la sangre salpicase por toda la habitación, y colorease las amapolas con sentimiento.
Él yacía en el suelo, sin color, estaba todo en las amapolas, con una expresión de paz que solo el verde podía conseguir, y ella, sudando, con sangre que no era suya por encima y llorando, se inclinó ante él para besar el cadáver de la única persona que se había atrevido a sentir algo por ella…
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