jueves, 17 de febrero de 2011

Annie.

     ¿Está feliz? ¿O quizás triste? No se sabe. Siempre lleva el rimel corrido. No le queda mal. El carmín rojo, sin embargo, siempre está en su sitio y bien retocado. Así les gusta a los clientes. Esa apariencia de Lolita triste y maltratada era algo que ponía a esos cerdos. Seguramente al que iba a ver ahora también.

     -¿Quién es?- sonó desde el telefonillo después de que la chica llamase.
     - Annie, su cita para esta noche.

     Se abrió la puerta y entró al portal. El descansillo daba auténtico asco. Seguramente algún mendigo lo usaba para dormir y hacer sus necesidades. Las bombillas estaban fundidas, o al menos la mayoría. La pintura de las paredes, de un color ocre gastado, estaba cayéndose a trozos, creando desconchones donde algún gilipollas sería capaz de ver la cara de Jesucristo.

     - Pasa, puta- era un hombre de unos 40 años, gordo, sucio, olía a tabaco y a whisky barato. Llevaba una camiseta blanca, vieja, y unos calzoncillos que dejaban ver que ya estaba listo para la acción.
     - ¿Quieres empezar por algo en especial?- y pensó que a saber cuanta viagra iba a necesitar ese tipo para estar más de una hora que duraba su servicio en marcha.

           No se complicó mucho la vida. Todos empiezan igual. Se la sacan y piden mamadas. Esa vida era suficiente motivo como para llevar el rimel corrido. Tras un rato muy breve de rodillas, echaron un polvo penoso, de esos en los que hay más de mentira que de verdad. Y todo por lo visto sin necesidad de la milagrosa pastillita azul. No estuvo en ese antro llamado casa más de media hora. Y de esa media hora, los 5 últimos minutos los pasó en el sucio aseo metiéndose una raya de algo que le hiciese la noche más llevadera.

           Salió del portal de mendigos con 60 euros más, pero con menos dignidad que con la que entró. ¿Dónde estaban los sueños? ¿Dónde estaba la vida dorada que ella deseaba? ¿Y dónde está ese príncipe azul que las salva a todas? En la vida de Annie pocos sueños y colores había, salvo las fantasías de sus clientes y los colores oscuros y nublados de su mente.

           Cuando tomas algunas decisiones en la vida te parecen las más adecuadas en el momento en que las tomas, pero es porque el futuro es tan hijo de puta que no se preocupa por el presente. No nos cuida. Dejar el instituto no era tan malo. Ya encontraría algún trabajo, aunque no pensaba que iba a ser ese. ¿Qué pensaría su familia si la viese? No les importaría mucho, ya hace cuatro años que se escapó de casa y no los ha visto desde entonces…

           -¡Zorra! ¡Puta!- le gritaron unos chavales desde un coche que pasó a su lado a gran velocidad.
           -¡Borrachos bastardos!- gritó Annie.

           El coche se paró en seco, dando un frenazo que quebró la noche de la misma manera que lo hizo con la valentía de Annie. Se bajaron tres chicos, que la rodearon enseguida. Acertó en lo de borrachos, y en lo de bastardos seguro que también.

           -Vaya, vaya, ya no gritas tanto eh zorra- dijo uno de los chicos agarrándola del cuello.
           -Vete a la mierda- dijo Annie. Luego le escupió en la cara.
           -Grave error, putita. Agarradla.

           Mientras dos de los chicos la agarraban de los brazos y las piernas y la apoyaban contra una pared, el otro le levantó la minifalda y le bajó el tanga. Entonces, al tiempo que el muchacho acercaba su cara a la de Annie, esta pudo ver la depravación y la locura en los ojos del chico. En esa pupila dilatada sólo veía miedo. Seguramente los tres iban puestos de algo. El chico se la metió sin condón mientras reía con sus amigos. “Ojalá fuese eyaculador precoz” pensó Annie mientras lloraba. Los chicos que la agarraban le desgarraron la camiseta y empezaron a manosearla.

           ¿Qué había hecho Annie para merecer eso? ¿Acaso no llevaba ya una vida de mierda para que se la pudiese castigar así además? Cada pensamiento iba acompañado de pares y pares de lágrimas que de nada servían, pues acababan en el suelo. Sólo servían para no pensar en que estaba siendo violada.

           La justicia siempre llega tarde, como en este caso, en el que un coche patrulla pasó por ese lugar… dos horas después del suceso. Sólo encontraron una chica semidesnuda, llorando y sangrando. ¿Acaso a partir de ese momento iba a cambiar su vida en algo? Pues no sé, no conozco a esta tal Annie, pero espero que le hayan ido bien las cosas.

2 comentarios:

  1. Que grande, Que grande!! Cada vez mejoran mas tus cosas, pero no quiero que te lo creas mucho, asi que no te lo digo tan seguido xD

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  2. un poco dramática la historia aunque por desgracia muy real... =

    PD: no le encuentro la gracia a q leas un comentario de alguien cuando la has obligado a ello... :P

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