Me levantó el sol como se levanta Salamina
al norte, Angistri al oeste y al sur Poros en el Egeo.
La península de Methano, a kilómetros desde la esquina,
íbamos adormecidos cuando embarcamos en el Pireo
Siento decir que no vimos el templo de Afea,
de los tres sagrados con el del cabo Sounion y el Partenón.
Antigua rival de la capital de Grecia, nuestra casa Atenas,
en esta sarónica el Monte Oros nos regaló el sol
Pisamos la arena antes de bañarnos en el agua de la ninfa,
entre sus pechos de piedra dormían erizos,
pero con unas y otras los pinchazos serían caricias.
Tras salinizarnos el cuerpo qué mejor que comer con amigos
Y sentados en una terraza que fue capaz de hacer turco
al más grande de los hombres, y con grata compañía
de las muchachas más guapas y mis amigos juntos,
comimos, bebimos, reímos ante Ouzo y sandía.
La rubia inocente pelaba los erizos a botellazos,
veíamos a la gente hacer turismo, la columna de Apolo tal vez,
la tumba de Focos, tanto por ver, que seguimos sentados
dejando que el alcohol nos lo enseñara a más beber.
Pasamos horas con nuestras propias batallas de Mícala y Platea
hasta que las tortugas echaron a andar de vuelta al barco.
Paleocora nos dice adiós arañando nuestra piel morena;
se puede disfrutar, pero aquí lo hicimos demasiado.
¿Qué acabo de contar? Es tan solo un reducto de un viaje
de esos que te cambian la vida, que aprendes y añoras,
que conoces a gente estupenda y te nutres de paisajes,
que aunque no esté allí, lo estoy viendo ahora.
Me ha encantando Mateo, ¡qué recuerdos!
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