miércoles, 25 de septiembre de 2013

Besos de ginebra.

     -Pues no ha estado mal después de todo -me dijo al salir.
     -No...
     -¡Qué callado estás! ¿Te pasa algo?
     -No, no. Bueno, no sé... ¿Te acompaño a casa?
     -¿No tomamos algo?
     -No tengo muchas ganas, la verdad, estoy cansado y mañana empezamos a grabar, y tendré que estar descansado y... bueno, te veré dentro de poco, espero que nos entrevistes cuando saquemos el disco nuevo -le contesté muy seguido.
     -Respira, respira -y se echó a reír. 
    
     Fuimos hacia su piso, hablando por el camino de tonterías, como política y deportes. Mientras caminábamos me agarró del brazo. ¿Daríamos la impresión de pareja feliz? No sé si eso me confortaba. Ella tampoco ayudaba, esos gestos no tenían significado alguno, no sé como se comportan las amigas y los amigos. ¿Eso era normal? ¿Era normal que le oliese tan bien el pelo? Lo que no era normal era lo agilipollado que había estado esos días y que no me hubiese dado cuenta de tal cosa hasta ese momento. No era muy tarde, pero si de noche, y la única luna que teníamos eran farolas cada 5 metros. Entonces al ser tantas, serían estrellas, ¿no? ¿En qué estaría pensando ella mientras yo pensaba en esto? Ni lo sabía ni me importaba. Llegamos a su puerta y no supe qué hacer, así que la besé. ¡Dulce es poco! Era la mejor canción que se había compuesto. Húmedo, seco, frío, caliente. Correspondido Cuando nos separamos me miró sonriendo.

     -¿Quieres subir a casa? -me preguntó a medio camino entre la ilusión y el nerviosismo.
     -Eh... bueno, vale...

     Subí a su casa. Era un piso pequeño. Más que un piso era un estudio, perfecto para una chica como ella. Tenía imitaciones de Warhol y discos de vinilo por todas partes. Me hizo señas para que me sentase en su sofá. No era tan cómodo como el de Mateo, pero estaba muy bien. Ella estaba en la cocina, que era parte del salón. Muy moderno todo. Olía muy bien,  y la luz era tenue. Me dijo que podía poner música, así que ojeé sus discos. Puse un recopilatorio de los Beatles, que no disgustan a nadie. Se acercó y trajo las bebidas. Gin-tonic. Me gustaba, últimamente lo tomaba más que el ron, madurez suponía. ¿Qué esperaba ahora? ¿Más besos? ¿Hablar de lo que ha pasado? Por ahora bebíamos y escuchábamos a John y compañía. Me cogió de la mano y me besó. Fue breve pero podría haber muerto en él.

     -¿Por qué? -preguntó cuando terminó de besarme, sonriendo.
     -Porque mañana vuelve la rutina, y sólo de pensarlo ya te echaba de menos. Estos días contigo han sido... -pensé, habían sido increíbles, pero no quería usar esa palabra- diferentes. Y bueno, supongo que empecé a tener sentimientos afectivos hacia ti, y quería salir de dudas y... me gustas, de verdad.
     -Así que las estrellas del rock también tienen sentimientos, ¿eh?


     Podría haberle dicho que sí, y que normalmente la causa de esos sentimientos eran chicas como ella, pero no dije nada, simplemente, la besé. Olía tan bien, sabía tan bien, me tocaba tan bien. Me quité la chaqueta, que no sabía ni por qué la llevaba aún. El gin-tonic era tan amargo en la copa y tan dulce en ella que prefería bebérmelo de su boca en vez de desde la copa. A pesar de como era, podía llegar a sentir amor por personas, quería a mis amigos, a mi familia, a mi guitarra desaparecida, y puede que algún día llegase a querer a Selene. Lo que sentía cuando besaba a esta chica sólo era comparable al mejor beso que había tenido, al de Nube. Eran tan distintas, pero las dos preciosas. Aquello no eran sólo besos, sino que cuando nos besábamos, nos agarrábamos fuerte. Como si acabásemos de descubrir la gloria en los labios de otro y no queríamos separarnos de ella.


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