martes, 17 de septiembre de 2013

Lo que no vimos.

     Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y entonces un día no precisamente especial cogí mi máquina de escribir, me senté y escribí nuestra historia, una historia sobre una época, una historia sobre un lugar, una historia sobre la gente, pero por encima de todo, una historia sobre el amor, un amor que vivirá para siempre. 

     Pero escribir no ayudaría tanto como ir a buscarla, esperar pacientemente a que saliese de su casa, y sigilosamente, acercarme. Golpearla en la cabeza y llevármela a la cabeza hueca de un elefante. Puede que os preguntéis por qué hago esto... ¡Siempre con esa ridícula obsesión por el amor!

     Pero ya despierta, y tiene miedo. Me pide que la suelte, inocente.

     -No puede ser, gorrioncito, y tú lo sabes -dije yo-. Así, llorando... tienes los ojos más dulces que he visto jamás.

     Pero no los volveré a ver, porque ya no me quieres. Ya no soy nada para ti. Podemos ser amantes, pensé, pero no. Hay pasión, pero poco más hay en una pareja de amantes. No sé qué hacer con ella, salvo tenerla ahí atada, observándola, hablando con las voces de mi cabeza.

     "¿Sabes por qué haces eso? ¡Porque ella no te ama!" A veces soy tan cruel conmigo mismo... Pero el espectáculo debe continuar. Ella, pese a no estar amordazada, no grita. No se siente segura, pero no grita. Lloriquea, suda, pero me mira.

     -Quiero desvanecerme dentro de tu beso -y la besé. Ella siguió el beso, como si aún me quisiera. O tal vez pretendía arrancarme la lengua. No sé. Pero de repente el mundo parecía un lugar perfecto.

     Nunca supe que pudiera sentir eso, como si nunca hubiera visto el cielo. Salvo en sus ojos. La quería tanto que la odiaba por haberme abandonado. La pegaría, en serio, pero soy un caballero, y a mi zorra la trato bien. Lo de zorra es... porque hay que calificarla de algún modo, y como duele... pues eso.

     -¡No puedo sin tu dulce amor! Oh cielo, no me dejes así -sollocé. Pero nada, no decía nada. Mi cabeza ya me ha dicho antes por qué. Pero los sentimientos son así. Pese a su largo silencio, continué-. Pase lo que pase, te querré hasta el día en que me muera.

     Esto estaba hecho. Ahora sí que se tenía que asustar. Cogí los bidones de gasolina, pero ninguna mentira, por ingeniosa que fuera, podía salvar a mi Satine particular. Según iba rociando la sala, mi cabeza seguía repitiendo "¡Ella no te ama!". Lo sabía.

     Encendí una cerilla.

     -No te debo nada, y no eres nada para mí. Gracias por curarme de mi ridícula obsesión por el amor -susurré en su oído.

     Entonces cuando fui a soltar la cerilla para iluminar nuestro final... ¿Por qué llora mi corazón? Sentimientos contra los que no puedo luchar. Es algo curioso este sentimiento dentro de mí... Pero lo entendía. Lo más grande que te puede pasar es que ames y seas correspondido. Y lo fui. Era lo que necesitaba para no soltar la cerilla. Es más, la desaté, se volvió a enamorar de mí, y acabamos juntos.

     De repente el mundo parece un lugar perfecto.

     Mentira. Escribí que nos quemábamos los dos.

     Todo lo que necesitamos es amor, y las colinas... las colinas están vivas con el sonido de la música.




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