domingo, 26 de octubre de 2014

Astronauta.

     Lunares. Es muy típico, cuando hablas de una chica, decir cosas de sus lunares, como que los cuentas o que parecen pepitas de chocolate que endulzan su piel. Incluso también es típico decir lo que voy a decir yo, que lunar viene de luna, y que para pasearme por ellos voy a tener que ser un astronauta. Pero al menos no los voy a contar. O sí. No me interesa contar tus lunares, me interesa contar los momentos en los que te hago reír, me parece más bonita una sonrisa que un lunar, y eso que los lunares me encantan, son como pepitas de chocolate que endulzan tu piel. Vaya, mierda, lo he hecho.

     Estoy, o bueno, una miniatura de mí vestida de astronauta, está en ese lunar que tienes detrás de la oreja derecha. Como tu cuerpo es gravedad cero para mí y me hace flotar, soy tan ligero que cada vez que me poso te hago cosquillas y te hago reír. Ya va una. Como experto en reconocer tu cuerpo, sé cual es el próximo lunar al que tengo que saltar. Cojo impulso usando tu pendiente y me lanzo hacia abajo, de cabeza, para llegar a tu clavícula. Vas desnuda y las vistas hacia abajo son inmejorables. Me deslizo por tu pecho y me paro en tu pezón, que no es un lunar, pero si quiero conseguir otra sonrisa es una parada obligatoria. Además es de esas en las que te muerdes el labio.

     ¿Qué pasa? ¿terremoto? ¿colisionamos con otro cuerpo celeste que viene a toda velocidad hacia ti? No. Sólo te estás tumbando. Eso me va a facilitar mucho las cosas, siempre que no quiera explorar las pequeñas manchitas que tienes justo encima del culo, mis favoritas, por cierto. Próxima parada, tu ombligo. Tienes un lunar justo a la izquierda. Allí voy a montar un pequeño campamento. Voy a arrancarte un poco de piel para comer y haré fuego parpadeando muy rápido. Tallaré un corazón en tu tripa y pondré nuestras iniciales. ¿Por qué en la tripa? Porque el corazón se para y todo se acaba. Tu tripa es para siempre. Levanto el campamento y tengo un dilema. Ir al monte de Venus dispuesto a la colonización de la ficción como única realidad o a tu cadera, que mueves mientras yo muerdo el limón de un gin-tonic usado.

     Como no sé qué hacer, me bajo de tu mundo y de tus lunares. Estas cosas nunca sirven para nada y ya no te sacaba sonrisas. Y para perder el tiempo en tu cuerpo, me quedo con el traje de astronauta y lo pierdo por mis mundos usados y sin usar. Y a la mierda el romanticismo físico y bienvenido el espacial. Ya sé que una estrella no puede dar un abrazo, porque se puede partir, pero al menos da más luz que tu sonrisa y más calor que tu cuerpo.

     Y sí, esto es una mierda, pero es mi blog y subo lo que me da la gana.


2 comentarios:

  1. MatíasHyperCabrónReportadito26 de octubre de 2014 a las 22:15

    Si esto es una mierda, que viva la mierda entonces.

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  2. "Y para perder el tiempo en tu cuerpo, me quedo con el traje de astronauta y lo pierdo por mis mundos usados y sin usar."

    Sigue por ahí.

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