Lunares. Es muy típico, cuando hablas
de una chica, decir cosas de sus lunares, como que los cuentas o que
parecen pepitas de chocolate que endulzan su piel. Incluso también
es típico decir lo que voy a decir yo, que lunar viene de luna, y
que para pasearme por ellos voy a tener que ser un astronauta. Pero
al menos no los voy a contar. O sí. No me interesa contar tus
lunares, me interesa contar los momentos en los que te hago reír, me
parece más bonita una sonrisa que un lunar, y eso que los lunares me
encantan, son como pepitas de chocolate que endulzan tu piel. Vaya,
mierda, lo he hecho.
Estoy, o bueno, una miniatura de mí vestida de astronauta,
está en ese lunar que tienes detrás de la oreja derecha. Como tu
cuerpo es gravedad cero para mí y me hace flotar, soy tan ligero que
cada vez que me poso te hago cosquillas y te hago reír. Ya va una.
Como experto en reconocer tu cuerpo, sé cual es el próximo lunar al
que tengo que saltar. Cojo impulso usando tu pendiente y me lanzo
hacia abajo, de cabeza, para llegar a tu clavícula. Vas desnuda y
las vistas hacia abajo son inmejorables. Me deslizo por tu pecho y me
paro en tu pezón, que no es un lunar, pero si quiero conseguir otra
sonrisa es una parada obligatoria. Además es de esas en las que te
muerdes el labio.
¿Qué pasa? ¿terremoto? ¿colisionamos con otro cuerpo
celeste que viene a toda velocidad hacia ti? No. Sólo te estás
tumbando. Eso me va a facilitar mucho las cosas, siempre que no
quiera explorar las pequeñas manchitas que tienes justo encima del
culo, mis favoritas, por cierto. Próxima parada, tu ombligo. Tienes
un lunar justo a la izquierda. Allí voy a montar un pequeño
campamento. Voy a arrancarte un poco de piel para comer y haré fuego
parpadeando muy rápido. Tallaré un corazón en tu tripa y pondré
nuestras iniciales. ¿Por qué en la tripa? Porque el corazón se
para y todo se acaba. Tu tripa es para siempre. Levanto el campamento
y tengo un dilema. Ir al monte de Venus dispuesto a la colonización
de la ficción como única realidad o a tu cadera, que mueves
mientras yo muerdo el limón de un gin-tonic usado.
Como no sé qué hacer, me bajo de tu mundo y de tus lunares.
Estas cosas nunca sirven para nada y ya no te sacaba sonrisas. Y para
perder el tiempo en tu cuerpo, me quedo con el traje de astronauta y
lo pierdo por mis mundos usados y sin usar. Y a la mierda el
romanticismo físico y bienvenido el espacial. Ya sé que una
estrella no puede dar un abrazo, porque se puede partir, pero al
menos da más luz que tu sonrisa y más calor que tu cuerpo.
Y sí, esto es una mierda, pero es mi blog y subo lo que me
da la gana.
Si esto es una mierda, que viva la mierda entonces.
ResponderEliminar"Y para perder el tiempo en tu cuerpo, me quedo con el traje de astronauta y lo pierdo por mis mundos usados y sin usar."
ResponderEliminarSigue por ahí.