miércoles, 5 de agosto de 2015

Chicas

     Mi problema era que me podían gustar todas, pero ninguna me gustaba de verdad. El problema era que me gustaba la idea de que me gustasen y poder escribirlas algo bonito, aunque luego ni supiesen que las he escrito algo. El problema es que por las noches me aburro mucho, y hace calor. Y ojalá hiciese frío para ponerme una chaqueta y salir a pasear solo un rato, con la luna. Sí, la luna, es muy típico, aparece en muchos relatos, poemas, canciones, y no sólo míos. Pero pensadlo bien, ¿acaso la luna no es la única chica que sale contigo o conmigo todas las noches? Además es blanquita, como a mí me gustan. Y más que ojos tiene cráteres profundos, y más que cuerpo tiene luz. Ahora dime, ¿qué tienes tú? ¿Boca? vale, los besos están bien; ¿ojos?, vale, una mirada puede derretir; ¿nariz? yo también, y huele a coco; ¿manos? mierda, ahí también ganas; ¿tetas? ¿culo? ¿coño? ¿Y para qué sirve? Es todo tan sucio y tan soez que me gusta. A la mierda la luna, me quedo con las chicas, me quedo con la chica. Eso sí, la felicidad nos la buscamos cada uno por nuestra cuenta, que ya sabemos cómo pueden acabar estas cosas, eh Hank.

     Ni cervezas ni hostias, que no hay. ¿Una horchata?



     ¿Para quién va escrito cada cosa del blog? Eso sólo lo sabemos dos personas, yo, y la persona a quien he escrito algo. Contigo o Sin ti.

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