No debería vivir haciendo que mi felicidad dependa de ti.
No debería vivir.
Arrugué el papel en el que escribí eso y se quedó de una forma muy extraña. De esa forma supuse que tenía el corazón, como un papel arrugado que sangra, que se ha olvidado de bombear porque se está olvidando de vivir. ¿Y ahora qué? ¿Buscar una plancha para ese papel? ¿Alguien querría dejarlo liso? Me puse música. Me he prohibido escuchar canciones felices, no vaya a ser que alguna hable de ti, prefiero las tristes que hablan de los dos, porque no te echo de menos, sino que nos echo de menos, a los dos. ¿Puede haber otros que te merezcan más que yo? Pues sí, mi manera de quererte era especial para mí, pero no supe lo poco especial que era para ti hasta que no estabas, y el único amor que me quedaba era tu olor en mi cama, tus pelos en la ducha que nunca pude limpiar, tus fotos que no pude quemar. ¿Quién puede entender el desamor? Es algo incompresible, es como intentar entender a las flores. Podría decir que fuera estaba lloviendo para que fuese todo más deprimente, pero no, el verano estaba atacando con sus soldados de sol y sus balas de girasoles. Tal vez pasear por el campo me ayudaría, para eso sirven los viajes, para desconectar. Lo que el destino no sabe es que tus recuerdos cogieron el billete de autobús justo detrás de mí, y hasta te incomodaba que me tumbase, pero la vida es así. A veces estás enamorado y va todo bien, a veces no estás enamorado y va muchísimo mejor, pero a veces has estado enamorado y te comes las mierdas que no se están comiendo los otros dos tipos de personas. Pero no quiero hacer agrupaciones de personas, el único grupo que querría hacer sería el de tus piernas con las mías en un incesante frotar envueltas en unas sábanas de esas que pican, pero que en ese momento da igual, porque el verdadero aguijón está más arriba. Ahora está más arriba aún. Y duele, duele mucho, tanto como el momento de después de un beso, en el que te vas separando lentamente, como el del último beso sin saber que fue el último. Dolor en potencia, del que dolerá mientras que ahora es un suave cosquilleo de melocotón o algo así. Las metáforas y comparaciones no se me suelen dar bien, pero para están los genios de la música, si Nacho Vegas dice que te quiere un mundo entero con su belleza y su fealdad, pues yo te quiero igual. Si Andrés Calamaro dice que te quiere, pero que te llevaste la flor y le dejaste el florero, pues yo te quiero igual, no sé si despierto o con los ojos abiertos. Robe me cae mal, pero si dice que si te vas se queda en esa calle sin salida, me quedo con él a hacerle compañía.
Si las calles, las montañas, las playas y todos los paisajes pudiesen hablar, nos contarían las historias más tristes del mundo. Los puentes no tendrían vigas suficientes para contar los suicidios que en ellos se cometen. Yo creo que si alguien se suicida así y por amor, es para sentir ese vértigo del primer beso. Cuando nos besamos por primera vez, fue como si tus labios me hubiesen empujado desde la cima del Everest. Y cuando me dejaste de besar, cuando te fuiste, cuando no me besabas más, fue cuando me di contra el suelo, pero deja que te diga, que el tiempo que estuvimos juntos fue la mejor caída del mundo. Por eso el odio de mis huesos rotos. Así odia el niño al globo que se le explota o se le vuela, así odio yo a los cantantes cuando su disco se acaba, así odio a las películas de superhéroes porque se terminan. Así odio tu autoridad y me rebelo contra la orden del desamor establecida por ti. Porque esto era cosa de dos y yo no tuve nada que ver, por eso siempre uno lo pasa mal y el otro pasa de largo. Pero en la carrera de la superación voy ganando, porque tú has olvidado, y yo tengo la medalla de oro en recordar, la de plata en rencor y la de bronce en echar de menos. Me supe girar y darle una patada en la espinilla a los buenos momentos, esos que no vengan, que para recordarte bien ya están los sueños y lo hacen sin querer.
Aliso el papel y sigo escribiendo.
No debería vivir teniendo estas cosas en mente.
No debería vivir teniéndote en mente.
Debería vivir.
Vivo.
Y me sorprendió la luna, que estaba preciosa esa noche, y mandó el cuerpo de nubes con sus curas de giralunas. Esta guerra está terminada y ganada.
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