Y me morí, pero no sé de qué.
El caso es que aparecí en una especie de sala de espera, con otras personas que supuse que también habían muerto. Una mujer tenía la cabeza llena de sangre y un cuchillo de cocina clavado en un costado. Otro hombre tenía la cara llena de cristales pequeños... En fin, todo un espectáculo. Sentía vergüenza porque mi cuerpo no estaba cubierto de sangre como el de los demás, allí era como el de la "muerte limpia", si además supieran que tampoco me dolió... Me senté a esperar mi turno, porque supuse que eso era lo que había que hacer. El tiempo no pasaba, porque estaba muerto, así que no sabía con certeza si estaba esperando o si todo estaba pasando. Era complicado. Me llamaron por un megáfono. Entré a una sala, era la única puerta que había y todos a los que habían llamado anteriormente habían entrado por ahí.
Sólo había una mesa con una carpeta encima. En ella ponía "Proyecto Ángel". Muy bonito todo. Le eché un ojo, y ¡vaya! lo que me esperaba era realmente decepcionante, ponía algo así como que tenía que ser ángel de la guarda de... ella. ¿En serio? ¿No había personas en el mundo? ¿pasaba algo si me negaba? En esa información no ponía nada. Tampoco ponía si iba a cobrar. Cerré la carpeta. No sabía muy bien qué hacer. Esa situación sería mejor si fuese ella la que estuviese muerta. Algo tiró de mis pies y caí. Caí mucho. Me di contra un suelo y no me dolió, porque... ¡joder! ¡Estaba muerto! Pero reconocería ese suelo a veinte mil leguas. Y ese olor, y ese pelo, y esa respiración mientras duerme... Me sentía un poco acosador, pero al fin y al cabo ese era mi trabajo.
Se despertó, y cual fue mi sorpresa al ver que se quedó un rato sentada en la cama, llorando, como si estuviese triste por algo... ¿Debería seguirla también a la ducha? Se podía caer y tendría que salvarla, además... no voy a ver nada que no haya visto o comido antes, y ella no iba a verme a mí. También lloró en la ducha, haciendo que todo lo erótico de la escena se fuese por el desagüe. No sabía que los ángeles pudiésemos tener ese tipo de sentimientos, pero sí, los teníamos, y con total libertad. Ojalá mis brazos fuesen su toalla.
Ese verano pareció haber muchas tormentas. Ella se protegía muy bien y no me necesitaba para nada. Me aburría mucho, pero descubrí que si me separaba de ella me dolía el pecho, lo que es realmente paradójico, porque no era la primera vez que me dolía después de que se separara ella de mí. Mi muerte pareció afectarla sólo durante unos días, después siguió con su vida normal. O eso creía. Sonreía y no brillaban sus ojos, suspiraba y el alma me dejaba congelado. Me encantaba verla mal. Muy mal. Pero mi misión era salvarla no sólo de peligros físicos que pudiesen acabar con su vida. Por las noches me tumbaba junto a ella, aunque no me gustaba mucho dormir con gente, pero era por su alma, que es lo que realmente tenía que proteger. Esas noches parecía que su alma se saliese de ella y pudiese verme. Entonces los dos nos poníamos en el alféizar de su ventana, charlando. Ojalá ella fuese igual de encantadora que su alma. Tuvimos una idea. Me iba a doler a mí más que a ella, pero lo mismo merecía la pena.
Salió de fiesta, era casualmente el día de mi cumpleaños, aunque no me notaba más viejo. Bebió mucho. Mi trabajo iba a ser duro esa noche. Mejor. Ya he escrito mucho sobre Madrid de noche, y ya veis que ni muerto dejo de escribir, así que me saltaré lo bonito de las farolas y lo feo de los borrachos meando por las esquinas e iré al grano. Iba hacia Cibeles para coger un búho que la llevase a casa. Se paró en un paso de cebra. Me coloqué detrás de ella y atravesé su espalda con mis manos, estaba suave y fría. No llovía, así que no iba a ser tan dramático. Se acercaba un autobús bastante rápido, así que empujé su alma, con tanta suerte que su cuerpo fue detrás de ella. Murió en el acto. Me dolió tanto el pecho que me morí yo también. Otra vez. Para siempre.
[...]
Abrí los ojos. La lluvia me golpeaba en la cara.
-Chico, ¿estás bien? ¡Casi te matas! -me dijo un hombre, acercándome una Coca-cola-. Ten, un poco de azúcar, para el susto y eso.
-Gracias -dije recobrando el aliento.
-Te vimos salir del soportal y justo te cayó un rayo al lado. No te dio de milagro. Debes tener un ángel de la guarda o algo así...
Uala. ❤
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