Cuántos telares vas a coser sin saber
que me estás esperando, mirando las cortinas.
Átate el peplo, cúbrete el pecho, si me ves volver,
que tengo tu imagen en mí como una ninfa.
El tiempo ya nos ha dejado ciegos
y no sé qué le pasa a mi voz.
Quiere llamarte y sólo me sale fuego,
pero es lo único que le arranco al corazón.
No sé a qué juegan los dioses con las estrellas,
mira cómo están clavadas en el cielo.
Parece que las han puesto sin fuerzas,
como yo al escribirte después de un tiempo.
Cuántos laberintos vas a correr sin temer
que el monstruo del que huyes es tu recuerdo.
Corta el hilo, corta la vida, empieza a creer
que puedes volar y ser un sol en el firmamento.
El mar ya te ha pegado el azul,
sólo hay que ver tu mirada.
Quiero remar en tus ojos, pero tú
pestañeas y me llevas a las rocas de tu cara.
No sé a qué juegan los cíclopes con las ovejas,
mira cómo están paciendo en el campo.
Parece que las empujan con fuerza,
como yo al escribirte palabras después de tanto.
…
Escribirte es respirar en el desierto,
me siento caliente y seco.
Escribirte es nadar en un pantano,
tengo miedo, sólo hay vacío abajo.
Escribirte es hablar dormido,
no soy consciente, no es bonito.
Escribirte es arrepentirse de lo escrito,
que dije que no volvía, que era un río.
Escribirte es más libertad que un beso,
mata de envidia a la primavera,
avergüenza a las ramas por enredar tu pelo,
clama por la paz de tus piernas.
Escribirte es volar en tu pecho,
tener vértigo en tus caderas,
asesina a los que ya lo han hecho
y no han respetado mis señas.
Escribirte es salvaje como un lecho,
alumbra y oscurece la selva.
Grita que hay más palabras que tengo
y que ojalá todas fuesen poemas.
…
Voy a escribirte como punto de partida
sabiendo que el punto final es el fin del mundo,
y que si no vivo escribiéndote el resto de mi vida,
no me merece la pena escribirte ni un segundo.
Voy a escribirte como quien respira
sabiendo que me sale sin querer,
y que si no lo hiciese me arrepentiría
como el cartero que no llama una segunda vez.
…
Escribirte es un grito desesperado
que me mata si no viste a los cuatro vientos.
Es coser todos los pedazos
de las bragas que le dedicaste al suelo.
Es morirme si no no lo hago
y la tormenta será la paz del infierno.
Es llorar hacia tus brazos
que bucean al aire sorteando el vuelo.
…
Cuántas rocas no vas a dejar de subir,
no ves que el barril no se llena.
Es lo mismo que estar esperándote venir
después de cómo terminó nuestra odisea.
No sé a qué juegan los reyes con la guerra,
mira cómo se llenan los cetros de sangre.
Parece que la causa, como siempre, es la belleza,
como yo al escribirte después de tantas tardes.

Mírame.
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