Ya se ha pasado el verano y estoy con el cuarto libro, que aún no tiene nombre, pero este poema estará en él, así vais viendo el estilo que va a tener (por fin algo sencillito).
Si me mirase esa rubia sería un huracán
y el abismo donde jugar tranquilo entre la bruma.
Y no sabría qué decir que sonase bonito,
me gustaría escribir que siempre estaré contigo.
Si me mirase esa morena sería un tornado,
la ceniza del bosque quemado donde beber la niebla.
Y no sabría de qué hablar que fuese interesante,
te querría contar que ya no somos los de antes.
Volarán las balas, vibrarán los besos,
bailaremos en el museo donde has hecho tu casa
porque eres el arte que se escapa de la ruina,
el estribillo es la verdad y las otras son mentira.
Si me mirase otra chavalita sería una tormenta,
el sol para una estrella que en primavera rompe una esquina.
Y no sabría que decir al chico que un día conozcas;
oye, cuídala por mí, que nunca supe a qué sabe su boca.
Si me mirase una chica ojalá que fueses tú de lejos,
que me falta más vida para no tenerte tanto miedo
y me gustaría decirte que últimamente he pensado en ti,
para qué mentirte, ya ni siquiera escribo sobre mí…
llorando te hice un camino por si no sabes llegar.
Malditas sean las conversaciones pendientes,
malditas las palabras en una cárcel de dientes,
pero es domingo y el cuarto me ha parecido inmenso
todo este ratito en que te he echado de menos.
¿Cómo voy a dejar de hablar de ti si me has besado?
He hecho mi zona de confort el no estar a tu lado
y ojalá que la muerte me encuentre escribiendo,
la vida amando y todos los sueños despierto.
Lo recuerdo bonito porque era un tiempo distinto,
contigo vivía donde quisiera estar, eras mi sitio favorito.
Me salgo al ver tu cara y hacerte ver que mi valentía
es querer ser tu espejo por la mañana y un par de poesías.
Me pongo de espaldas y no conozco el miedo,
yo no puedo envejecer, desde que no estás no me preocupa el
tiempo.
Pero es domingo y la casa me ha parecido inmensa
todo este ratito en que he recordado que eras la madre de
sirenas*.
¿Cómo voy a dejar de hablar de ti si me besaste?
He hecho mi zona de confort los sitios en que una vez me
abrazaste
y sigo buscando un corazón disidente
que me lleve desde nuestro pasado hasta mi presente.
Lo recuerdo bonito porque estoy al borde de un precipicio
y no dejo de repetirme “al final solo importa el principio”
Todos tenemos nuestra odisea particular…
*Melpómene (en griego Μελπομένη «La que canta») es la musa
de la tragedia. […] A Melpómene se la describe cantando canciones de luto por
la muerte de personas importantes, sobre todo poetas. En varias leyendas
Melpómene hace aparición como la madre de las sirenas, cuyo padre sería Aqueloo
o Forcis, el padre de las Gorgonas.