lunes, 13 de abril de 2026

Vértigo y caída

Si supiera habitar esta pausa

querría ser el rayito de luz

que ilumina a Parthenope.

Si no me culparas de cada desgracia

no serías tú,

no nacería a las cuatro ni moriría a las diez.


Si pudiese pararme en lo que no se deja resolver

querría ser el reflejo azul

de la escena final de la vida de Adèle.

Si no me culparas de dejarnos caer

no serías tú,

y las gracias por el vértigo se han vuelto a esconder.


Si me permitiese aquello que no tiene nombre

querría ser la rama quebrada,

el trago que mata y baila en otra ronda.

Si no me culparas del puente que se rompe

no serías la luna que araña,

no vivirías en el punto de un verso de Lorca.


Si condensase lo que no se simplifica

querría ser copa de sangre y vino,

correrte por las venas en tres tiempos y una bestia.

Si no me culparas de la caída

darías las gracias por el vertiguito,

no es como empieza, es como termina.




lunes, 6 de abril de 2026

Phlebotinum (o algo que me haga escribir, que ya no sale desde que se murió el Robe)

He estado ocupado queriéndote de lejos,
siendo un pulso herido esta mañana,
contando las duquelas de tu recuerdo,
siendo un corazón atravesado por siete espadas.

He estado ocupado pensándote a ratos;
sé que no te quiero porque estuve en tu casa
y no te eché de menos en verano
pero no acordarme de tus ojos es una putada.

He estado ocupado no escribiendo,
tal vez me faltaba tu saliva,
poner negra mi sangre por el roce de tu cuerpo,
esconderme en tu voz cuando apriete la vida.

Mañana nos levantaremos y nada habrá cambiado,
estaremos hechos de nostalgia pura.
Seré una página en blanco
y tú el poema que sale al follar las olas con la lluvia.

Y dime si es verdad una de estas dos mentiras,
que el infierno es todo humo
y el cielo no es donde, es cuando me miras
y nosotros el paraíso de entre tus muslos.

Y dile al aire que se te lleva
que quieres desbocarte como una primavera.
Que se cae la casa desde que te marchaste,
y no hay espejos que me aguanten al mirarme.
Que este sol de invierno hace ya tiempo
que no quema tu recuerdo,
saltando en un concierto me he enamorado,
te he querido y me he muerto.

He estado ocupado pensando tiritas,
arreglando nuestra fe viendo Los domingos;
saltando del trampolín a lo hondo de una herida
que lameremos desnudos en una playita de Íos.