Si supiera habitar esta pausa
querría ser el rayito de luz
que ilumina a Parthenope.
Si no me culparas de cada desgracia
no serías tú,
no nacería a las cuatro ni moriría a las diez.
Si pudiese pararme en lo que no se deja resolver
querría ser el reflejo azul
de la escena final de la vida de Adèle.
Si no me culparas de dejarnos caer
no serías tú,
y las gracias por el vértigo se han vuelto a esconder.
Si me permitiese aquello que no tiene nombre
querría ser la rama quebrada,
el trago que mata y baila en otra ronda.
Si no me culparas del puente que se rompe
no serías la luna que araña,
no vivirías en el punto de un verso de Lorca.
Si condensase lo que no se simplifica
querría ser copa de sangre y vino,
correrte por las venas en tres tiempos y una bestia.
Si no me culparas de la caída
darías las gracias por el vertiguito,
no es como empieza, es como termina.