sábado, 21 de septiembre de 2013

Sudan los peces.


Las musas sólo son musas cuando te dejan tirado,
es algo que he aprendido a lo largo de los años.
Como dos niños escribimos en la acera con tiza
todo lo que nos quisimos y ahora tú vas y lo pisas.

Si el niño que llevo dentro tiene frío en tu pecho,
sube un rato a calentarse en el infierno de tus besos.
Ahora que ya soy mayor, tengo más sentimientos,
tengo tristes las pupilas, tengo sangre entre los dedos.

Créeme que creo que me quisiste a veces,
sólo las mismas veces que sudan los peces.
Cada vez que un cuchillo corta el aire
al llegar a la piel, era tiempo de pensarte.

Si a la luna le molesta perder un segundo conmigo,
le pido de vuelta este año tirado que para eso era mío.
Siento si no puedo escuchar tu risa, no sé si es por la edad
o es por mis quejidos de no poder volverte a mirar.

Ya no sé si es que estoy enfermo o sigo enamorado.
Ya no sé leer, no sé si el libro se ha acabado.
Y tú en perpetuo estado alegre de llantos ausentes,
para mí duele más que navajas en los dientes.

Créeme que creo que me quisiste a veces,
sólo las mismas veces que sudan los peces.
Tal vez duró más una mosca con vida
que las horas juntas que me querías.

Lleva tu nombre cada una de las espinas de mi corona.
Estás en cada gota de sangre y de sudor que llegan a mi boca.
No sé si sabes que sigo sin saber rendirme, amor,
no sé si sabes como curarme el corazón.

Créeme que creo que me quisiste a veces,
sólo las mismas veces que sudan los peces.
No sé cuanto duran tus momentos,
para mí fue más de un año entero.

Nuestro amor es un soldado caído en la batalla.
Mírate las manos, las tienes llenas de metralla.
Y yo sigo siendo el culpable de querer
como sólo se quieren los que siempre lo van a hacer.

martes, 17 de septiembre de 2013

Lo que no vimos.

     Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses y entonces un día no precisamente especial cogí mi máquina de escribir, me senté y escribí nuestra historia, una historia sobre una época, una historia sobre un lugar, una historia sobre la gente, pero por encima de todo, una historia sobre el amor, un amor que vivirá para siempre. 

     Pero escribir no ayudaría tanto como ir a buscarla, esperar pacientemente a que saliese de su casa, y sigilosamente, acercarme. Golpearla en la cabeza y llevármela a la cabeza hueca de un elefante. Puede que os preguntéis por qué hago esto... ¡Siempre con esa ridícula obsesión por el amor!

     Pero ya despierta, y tiene miedo. Me pide que la suelte, inocente.

     -No puede ser, gorrioncito, y tú lo sabes -dije yo-. Así, llorando... tienes los ojos más dulces que he visto jamás.

     Pero no los volveré a ver, porque ya no me quieres. Ya no soy nada para ti. Podemos ser amantes, pensé, pero no. Hay pasión, pero poco más hay en una pareja de amantes. No sé qué hacer con ella, salvo tenerla ahí atada, observándola, hablando con las voces de mi cabeza.

     "¿Sabes por qué haces eso? ¡Porque ella no te ama!" A veces soy tan cruel conmigo mismo... Pero el espectáculo debe continuar. Ella, pese a no estar amordazada, no grita. No se siente segura, pero no grita. Lloriquea, suda, pero me mira.

     -Quiero desvanecerme dentro de tu beso -y la besé. Ella siguió el beso, como si aún me quisiera. O tal vez pretendía arrancarme la lengua. No sé. Pero de repente el mundo parecía un lugar perfecto.

     Nunca supe que pudiera sentir eso, como si nunca hubiera visto el cielo. Salvo en sus ojos. La quería tanto que la odiaba por haberme abandonado. La pegaría, en serio, pero soy un caballero, y a mi zorra la trato bien. Lo de zorra es... porque hay que calificarla de algún modo, y como duele... pues eso.

     -¡No puedo sin tu dulce amor! Oh cielo, no me dejes así -sollocé. Pero nada, no decía nada. Mi cabeza ya me ha dicho antes por qué. Pero los sentimientos son así. Pese a su largo silencio, continué-. Pase lo que pase, te querré hasta el día en que me muera.

     Esto estaba hecho. Ahora sí que se tenía que asustar. Cogí los bidones de gasolina, pero ninguna mentira, por ingeniosa que fuera, podía salvar a mi Satine particular. Según iba rociando la sala, mi cabeza seguía repitiendo "¡Ella no te ama!". Lo sabía.

     Encendí una cerilla.

     -No te debo nada, y no eres nada para mí. Gracias por curarme de mi ridícula obsesión por el amor -susurré en su oído.

     Entonces cuando fui a soltar la cerilla para iluminar nuestro final... ¿Por qué llora mi corazón? Sentimientos contra los que no puedo luchar. Es algo curioso este sentimiento dentro de mí... Pero lo entendía. Lo más grande que te puede pasar es que ames y seas correspondido. Y lo fui. Era lo que necesitaba para no soltar la cerilla. Es más, la desaté, se volvió a enamorar de mí, y acabamos juntos.

     De repente el mundo parece un lugar perfecto.

     Mentira. Escribí que nos quemábamos los dos.

     Todo lo que necesitamos es amor, y las colinas... las colinas están vivas con el sonido de la música.




viernes, 13 de septiembre de 2013

Gracias.

Gracias por haber llegado hasta aquí
Por haberos quedado hasta el final
Por solear cada día que fue gris
Por hacerme reír cuando iba a llorar
Gracias

Gracias por haber hecho un nudo
Cuando ella cortó el hilo
Cuando se me caía un mundo
Supe que pude contar contigo
Gracias

Gracias por aguantar mis lamentos
Por abrazarme y no olvidarme
Cuando ya me daba por muerto
No me dejasteis enterrarme
Gracias

Gracias a vuestras palabras
A vuestras horas perdidas
Conmigo de madrugada
Con la sonrisa dormida
Gracias

Gracias por hacerme ver que
Hay vida más allá de su pelo
Por no dejar que volviese
A trastear con sus secretos
Gracias

Gracias por enseñarme a estar mal
Por saber que no se acaba aquí
Cuando ya no queda nada más
Sé que os tengo para mí
Gracias

Gracias por la ayuda desinteresada
Por lo que es nuestra amistad
Cuando una lágrima era derramada
Vosotros endulzabais la sal
Gracias

Gracias por estar aquí a mi lado
Cuando ella se cansó de mí
Pronto esto habrá acabado
Por vosotros seré feliz
Gracias.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Nido Real de Gavilanes.

     Las antorchas proyectaban sus sombras en una de las paredes, en un callejón junto al Alcázar. Él corría un gran peligro allí. Los cristianos ya habían sitiado la ciudad, pero ella, su Isabel, bien valía la pena el riesgo. En aquella penumbra, el color tostado de su piel, de su mano, agarrando la pálida mano de su amada, se sentía seguro. Nada podía hacerle daño si estaba junto ella. O sí. Ella era hija de un gran capitán, él no entendía ese tipo de jerarquías, pero sabía que era alguien importante. Lo que si entendía es que la hija de ese capitán había clavado sus ojos azules en sus ojos castaños. Lo único que pudo ver, pues él estaba escondido tras una pila de tablones, cubierto con unas mantas, mientras los cristianos hacían una ronda. No sabía lo que le podía pasar si le cogían, pero nada bueno.

     −Tienes que irte, si te cogen te matarán.
     −No iré a ninguna parte sin ti. Ya me salvaste la vida una vez. Si me alejo, ¿quién me mirará con un cielo en los ojos? ¿qué piel blanca como la leche besaré? Huye conmigo.
     −No puedo, sabes que no puedo. Es una relación prohibida, lo dice mi Dios, lo dice el tuyo. ¿Qué suena?

     Se escucharon pasos. Alguien venía. Si los encontraban, sería el fin de los dos, sobre todo el de Abenámar. La mayoría de los moros ya habían huido. La ciudad se resistió todo lo que pudo, pero el avance cristiano consiguió derrocarlos, no sin dejar muertos de por medio. Se fomentó la conversión. ¿Valía la pena cambiar de Dios por amor? ¿Por qué no se convertía ella? Pensaba siempre el moro.

     Se despidieron con un beso apasionado al tiempo que unos cuantos hombres doblaban una esquina. Fue tarde, le vieron. Ellá gritó al tiempo que la agarraban. En cuanto le viesen la cara, la llevarían ante su padre, pedro a él… él corrió y corrió. Ella le perdió de vista, así como a los que iban tras él. Tal vez fuese una idiotez rezar a Dios para que sale a otra persona con un Dios diferente, pero aún así, cuando la dejaron en sus aposentos, lo hizo. Durmió entre lágrimas y sábanas blancas, mientras la luna plateada era besada por la oscura noche, tal y como habían hecho los dos enamorados momentos antes.

     La despertó su padre, el capitán Fernández.

     −Le tenemos, hija, no temas que ese moro te vuelva a ultrajar jamás. ¿Te hizo daño?
     −¿Qué vais a hacerle? ¡Padre, piedad! ¡Es un buen hombre!
     −¿Un buen hombre? Morirá como el cerdo que es, esta tarde le daremos muerte.

     No dijo nada más. Ella lloró como nunca había llorado. Era su primer amor, su único amor, y había sido tan breve y tan eterno… Ojalá pudiese decirle unas últimas palabras. Salió al balcón de su habitación y vio como hombres de su padre llevaban a su joven amor, Abenámar, y a otros moros al centro de una plaza. Tenía buena visión desde su palacete, pues allí todas las casas eran bajas. Su padre se paraba delante de cada moro y decía algo. Acto seguido los ejecutaba. Isabel pensó que les preguntaría si quieren convertirse al cristianismo, la auténtica y verdadera religión. Y debía serlo, porque sino el Dios de Abenámar le salvaría la vida como lo haría la cristiana.

     −¡Tú, moro! ¿Aceptas la fe cristiana como única y verdadera y condenas a tu Dios a la muerte en el infierno donde pagará por sus pecados?

     Antes de que pudiese decir no, una espada ya le estaba atravesando el cuello, y no pudo gritar. Sin embargo, sí que se escuchó el grito de una joven que se arrojaba desde un balcón para llevarla al cielo o al infierno donde los dioses quisieran juntarla con su amor.

martes, 3 de septiembre de 2013

Falta vida.

Salí sin vida de lo nuestro
Dispuesto a enterrarme
En un agujero
Te encontré allí sentada
Dispuesta a matarme
Con una mirada

En mis mejillas guardé tus besitos
Pa’ hacerme una almohada
Y dormir tranquilito
Ahora bailo solo en mis sueños
No estás en la cama
Duermo en el infierno

Dicen que doy pena pero
Me faltan la vida y te quieros
Dicen…

Qué fue de ti, qué fue de ti
Preguntaron mis amigos
Qué fue de mí, qué fue de mí
Sé que ya no estás conmigo
Y de repente algo explotó
Y salió esta triste canción
Que bailo sin ganas
Suena hasta mañana
Apago la respiración

Pensando en los buenos momentos
Me fui a la luna
Con mis pensamientos
Pasajero de mil manos
No es tuya ninguna
Me quedo colgado

En mi pecho guardé tus abrazos
Adiós corazón
A ti te arranco
Para qué quiero estar vivo
Si no está tu amor
Prefiero no haber nacido

Dicen que doy pena pero
Me faltan la vida y tus besos
Dicen…
  
Qué fue de ti, qué fue de ti
Preguntaron mis amigos
Qué fue de mí, qué fue de mí
Sé que ya no estás conmigo
Y de repente algo explotó
Y salió esta triste canción
Que bailo sin ganas
Suena hasta mañana
Apago la respiración

Enciendo una cerilla para que me alumbre
Sin ti tengo miedo
Lo oscuro me cubre
Tengo celos de tu ropa
Se pega en tu cuerpo
No te deja sola

Quién fuese tu nombre
Quién fuese el viento
Quién fuese la noche
Salir de tu boca
Hacer que te despeino
Y volverte loca

Dicen que doy pena pero
Me falta la vida y me muero
Dicen…

Qué fue de ti, qué fue de ti
Preguntaron mis amigos
Qué fue de mí, qué fue de mí
Sé que ya no estás conmigo
Y de repente algo explotó
Y salió esta triste canción
Que bailo sin ganas
Suena hasta mañana
Apago la respiración.

Sé que esto lo lee gente, pero, lo lees tú?

miércoles, 28 de agosto de 2013

Momentos para olvidar.

Es triste, lo sé, pero es lo que tengo que hacer.
Las pesadillas son como las tormentas de verano, aparecen en medio de algo maravilloso, y a mí las pesadillas y las tormentas de verano me dan miedo.

Hay que empezar olvidando un viernes 29 de marzo, el del año pasado, en el que me puse mis vaqueros favoritos, mi camisa de cuadros blancos y negros y mi colonia favorita. Tengo que olvidar cuando la vi aparecer con un vestido ajustado, gris, y con una americana, con un pin de Guns N`Roses. Tengo que olvidarme de la colina del recuerdo de lo del 11M, tengo que olvidarme del tocón del árbol y del primer beso.

Tengo que olvidarme de cómo poco a poco me enamoré. De Garamond y de cómo se convirtió oficialmente en mi novia un 28 de abril. De ir a cenar al Vips por nuestro primer mes, de las velas en su cuarto y de la bella y la bestia. De ver el padrino. De ayudarla con la mudanza y ver como ilusionada me enseñaba sus recuerdos. Incluidos los malos momentos, frente a los cuales, lo único que podía hacer era abrazarla y decir que conmigo nunca lo pasaría mal.

Tengo que olvidarme de los pavos del Retiro, de su olor a verano, del teleférico, de ir a buscarla todos los viernes a la salida de su instituto. Tengo que olvidarme de ponerme mi camiseta de yogurazo para ella. Tengo que olvidarme de dormir a su lado, de pasar miedo juntos, de ver musicales. Tengo que olvidarme de tener pesadillas y que lo único que me calme sea un abrazo suyo. Tengo que olvidarme de cuidarla cuando se hace daño en una atracción.

Tengo que olvidarme del único cumpleaños con fiesta sorpresa que me han hecho, con todos mis amigos y un montón de regalos, los cuales sigo teniendo, y uno de ellos me recordará todos estos buenos momentos por mucho tiempo. Tengo que olvidarme de hacer sacrificios por ella, como salir disfrazado aunque no tuviese ganas, pero claro, esa sonrisa no tiene precio, merece la pena.

Tengo que olvidarme de la única nochevieja en la que he salido, y todo gracias a ella. De patearme todo Madrid buscando una muñeca para ella. Tengo que olvidarme de haber visitado lugares de España con ella, de estar sobre un escenario a su lado.

Tengo que olvidarme de escribir para ella, de pensar en el bien para ella. Tengo que olvidar los momentos de apoyo en tiempos difíciles, de ánimo en los exámenes. De reír y llorar juntos.

En realidad, sólo tengo que olvidarme de un año, dos meses y 3 semanas, pero es como olvidarse de una vida entera.

miércoles, 21 de agosto de 2013

La casa de carbón.

Cuando el verde se pudra bajo tus pies
Acuérdate de las hojas que lo taparán
Que ya no es más verano este mes
Y sólo el seco marrón acompañará
A la lluvia que no nos deje ni ver

Cuando chirríen los postigos oxidados
Será que el viento querrá entrar
Perdido, en la montaña, caminando
Desnudos nos vino a encontrar
Cuando solíamos querernos y besarnos

Cuando la manta y mis brazos te cubrían
No pensabas que me ibas a echar de menos
No sé si lo harás cuando el tiempo se ría
Por dejarnos solos, tristes y serenos
Ya sea brillante la noche u oscuro el día

Y mientras cae una gota en tu cuerpo
Te dije que no hay mejor sonido de fondo
Que el naranja crepitar del fuego
Mientras bajo el ombligo te como el…
Y arde, arde como si no hubiese luego

Dos cuerpos carbonizados
Fueron encontrados
Estaban abrazados
Y pensé
Que no seríamos nosotros
Ahora que estamos solos
Con nuestra piel.