martes, 29 de julio de 2014

Operación.

     No estaba muy nerviosa. Era una simple operación de la nariz, ponerla recta, volver a respirar bien. Esas cosas. No sabía si con dieciséis años lo normal era tener miedo por entrar en un quirófano, si era así, ella no lo tenía. Y allí estaba, en una camilla fría, con una luz dándole en toda la cara, pensando que después de un rato tal vez fuese más guapa, o no. Al menos durante unas horas tendría la cara hinchada, pero después sí, nariz nueva.

     -Vamos a ponerte un poco de anestesía – dijo el cirujano, y le acercó una mascarilla a la cara-. Cuenta hasta diez.
     -Uno, dos, tres, cuatr...

     ¿Se había dormido? No podía ser. Apenas notaba algo su cuerpo, pero sí escuchaba lo que sucedía a su alrededor, aunque fuesen voces muy lejanas. No podía abrir los ojos. Intentó hablar, pero tampoco pudo. Se empezó a agobiar un poco.

     -¿Esta chica le vale, doctor? -escuchó preguntar a una enfermera.
     -Me viene perfecta. Juguemos.

     ¿Juguemos? La chica esperaba que se refiriese a que la operación fuese fácil como un juego, pero enseguida se dio cuenta de que no era así. Ella era el juego. Empezó a notar presión sobre su brazo izquierdo, Pudo abrir los ojos. El cirujano, que había tenido una cara amable al ponerle la anestesia, estaba riendo como un desquiciado, lleno de sangre, de su sangre. La chica tenía el brazo izquierdo abierto, y el cirujano escarbaba con un bisturí, en busca de algo más que sacar por ahí. Lo peor era ver como le iba cortando los tendones sin que ella pudiese hacer otra cosa más que mirar horrorizada la escena, sin sentir casi nada, sabiendo cómo iba a terminar. Los tendones colgaban como cuerdas de violines rotas, que ya nunca más iban a producir sonido.

     -¡Doctor, tiene los ojos abiertos!- gritó una enfermera.

     El cirujano se volvió, sonriendo, mientras ella se imaginaba que estaba llorando, con su brazo colgando. El cirujano se acercó lo bastante como para que notase su aliento, y la besó. Su boca sabía a una mezcla café y sangre muy asquerosa.

     -Buenos labios, pequeña, me los quedaré.

     Y con el bisturí le cortó los labios, despacio, separándolos perfectamente de su cara. Ella seguía sin sentir nada, pero sí lo veía, y cada vez había más sangre. El cirujano se puso sus labios en su boca. Esta loco. Se volvió a acercar a su cara, y con el mismo bisturí le empezó a cortar las aletas de la nariz, hasta que también se la cortó, e hizo lo mismo, se la puso sobre su nariz. Se estaba creando una máscara con su cara. Ella sólo se quería morir. No ver nada más, pero si que vio como el siguiente paso fue un bisturí acercándose a su cuenca ocular derecha. No sintió nada, pero de repente sólo veía que el mundo se venía abajo con su ojo izquierdo.

     Durante un momento, un instante, movió el brazo derecho. Pero el cirujano se dio cuenta.

     -Enfermera, proceda usted con ese brazo.

     Con su ojo izquierdo vio cómo la enfermera se acercaba a ella con una sierra pequeñita. Cogió su brazo y lo empezó a serrar. Sí lo sintió. Veía la sierra moverse mientras su brazo se iba descolgando, desgarrado. Trocitos de piel se quedaban a veces en los dientes de la sierra, intentando resistir y dejar unida la extremidad, pero un movimiento seco de la sierra lo separaba como si fuese papel. Dolía, fue el primer dolor que sintió. Luego el del resto del cuerpo. Gritó, pero sólo sangre salió de su boca.

     -Repasemos: brazos, hecho; labios, hecho; nariz, hecha; ojos, a medias. ¿algo más enfermera?
     -Tiene un bonito ombligo.

     El cirujano se acercó con un tubo. Le arrancó el camisón, dejándola completamente desnuda. Preguntó a la enfermera que si quería tetas nuevas, y se echaron a reír. Vio cómo el cirujano se las agarraba, dejándolas llenas de sangre. Le miró a su único ojo y le dijo: No te preocupes, pequeña. Y clavó el tubo en su ombligo, cada vez más hondo, y más, ella lo sentía por dentro, y sólo deseaba poder morir antes de sentir mucho más. Cuando ya tuvo una longitud considerada del tubo dentro de ella, el cirujano soltó una carcajada y lo sacó de golpe, apartando todas las entrañas, haciendo que varias partes de su cuerpo soltasen un chorro de sangre. Ella se empezó a desmayar, con suerte a morir.

     -¿Vamos a por los dedos de los pies? -fue lo último que escuchó.







     Abrió los ojos, los dos. Estaba en la habitación del hospital, se notaba la cara hinchada. Se miró el cuerpo asustada. Estaba entera. Sus padres estaban a su lado hablando con el cirujano. Ella estaba asustada, había sido todo una pesadilla. Sus padres la vieron despierta, pero primero se acercó el cirujano para examinarla. Se acercó a ella, mucho, notó el aliento a café, pero a nada más.

     -Te va a quedar una nariz que ya la querría yo para mí -entonces se acercó más y susurró-, bonito ombligo.


martes, 22 de julio de 2014

Y para siempre, Grecia.

     Bueno, antes de dejaros con los versos correspondientes, voy a dedicar unas palabras a mis compañeros de viaje. Ellos han hecho que estos días hayan sido increíbles, y además de una firma en una bandera o en una libreta, esto es todo lo que les puedo ofrecer. Ya dije en el hotel Stanley lo que tenía que decir, que no es un placer compartir escenario con vosotros, porque el placer es perecedero, dura un instante y sólo te deja buen sabor de boca, sino que es el orgullo lo que me hace ir con la cabeza bien alta y pudiendo decir que pertenezco al grupo Selene teatro, es un orgullo ser vuestro compañero y amigo. Gracias a:

     Jose Luis Navarro y Gemma López por confiar en nosotros para sus espectáculos y por querernos tanto como nosotros a ellos. Sin ellos nada sería posible. Gracias por la libertad y el mar Egeo. Gracias por la inmortalidad. A Rafita, por las noches de humor, grande.

     A Abraham, que es el hombre de teatro total sin el que jamás hubiésemos podido llegar hasta aquí. Un placer tenerle entre mis mejores amigos, igual que a Pablo Plaza, gracias, porque en un viaje, cuantos más amigos, mejor, y tú has hecho de este viaje algo especial. A Yosef, nuestro Teoclímeno, por tu buen sentido del humor y tu cariño. A Jorge Povo por hacer que la brecha generacional bastante amplia no signifique nada. A Sergio Traski, pequeño gran hombre dentro y fuera del escenario. A Miguel Plaza porque ¡You raped her! ¡You murdered her! ¡Killed her children! y por supuesto, por todas las risas. A Barbi, que estuvo con vosotros en el concurso y se ha ganado este viaje a pulso, igual que ha estado conmigo tanto tiempo. A Eva porque tiene una foto con Chemario en Micenas y siempre sabe sacar una sonrisa. A Violeta Plaza, porque sin Helena de Troya no estaríamos aquí, y aunque yo sea mala persona, le tengo un cariño especial y ha sido un placer viajar con ella. A Dani Castaño, por compartir tanto gas en un camarote, por sus buenas noches y su pasión por la sandía. A Pablo porque hay que tener mucha paciencia para aguantar todos los chistes, y él lo hace, también ha sido una grata compañía. A Manu, nuestro Menelao, destructor de Troya, donde pone el ojo pone la hinchazón, Maaanu, tú si tienes dedos, gracias por la compañía, amigo. A Paula Urrutia, que gustosamente se dejó matar por mí, y que también es una grande dentro y fuera del teatro.

     A Maripi, porque es lo MÁS, aguantando el tirón desde el primer día. Buena persona, buena actriz, buena compañera, buena amiga. A Alba Salcedillo, porque es como una hermana para mí desde hace mucho tiempo. A Jessi, porque un viaje es mejor si tu "idol" va contigo, gracias por soñar a mi lado. A Carmen porque hija, que iba a ser un viaje sin la joven "madre" del grupo, siempre ayudando. A Irene Vieco, porque tira hacia delante del coro, buena actriz, buena compañera, y además me hizo andar de más. A Paula Molina porque... ¿para qué has venido a Grecia? Posiblemente a la persona que menos conocía y con la que más risas me he echado, gracias por todo. A Violeta porque... piñiiiiiiiiiiiiiiii y bla bla bla, gracias por aguantarme y por no quererme, por tus je je y por la compañía. Gracias a Lidya porque... vaya tela de viaje, gracias por las risas y los buenos momentos, y por llevarte a Mario por ahí y que me dejase la cama sin hormigas. A Laura Soriano porque es la más guapahermosapreciosa de toda la compañía y es un gustazo viajar con ella, tanto como compañera como amiga. Y por último, a mi hermano, Mario, porque espero que nos queden muchos más viajes juntos, y tampoco hay mucho más que decir que no sepas.

     Gracias todos por el viaje. Os quiero demasié. Orgullo Selene.


Me dejé la piel hecha tiras y jirones
En cada escenario que me pisaba los talones,
Sabiendo que su sol y sus ruinas, eso que me enferma,
Su odioso calor, su amada presencia, serían la recompensa.
Su rica historia, el dios inmortal que nos lo contaba,
La tierra que vimos y que nos cambiaba.

Me dejé el color de mis ojos, el negro que arropa
A la luna en la noche, el blanco que libre aprisiona,
Volviéndolo rojo, la gota de sangre que colma el azul Egeo
Que nosotros orgullosos navegamos contra el viento.
Si fuimos Ariadnas o fuimos Teseos que nos lo diga el tiempo
Que ahora toca llorar por lo que vivimos y sólo nosotros sabemos.

Y ojalá que no nos muramos nunca, y si lo hacemos
Que sea en Grecia, que nunca será para siempre eterno,
Y si es de verdad, que sea como este viaje, como un sueño,
Donde reímos, donde lloramos, pero sobre todo donde nos queremos.

Me dejé la voz algo húmeda en el teatro de Epidauro.
En el laberinto de nuestras vidas, a veces somos el minotauro,
Pero tenemos la guía, que sus manos sean un ovillo de lana,
Que nos saque de la vida y nos lleve a otro viaje mañana.
Arrebátame un grito en un túnel, ponme una corona,
Aunque llegases es último también puedes cantar victoria.

Me dejé los brazos en un abrazo que vieron las columnas,
Que guardó el partenón. si no besé a una cariátide no besé a ninguna.
Si no pensé en el cabo, si no llegué a una isla que me trató como a un hijo,
Si no era una fina ironía que estas vistas las tuviese Homero en Quíos.
Que me traigan ouzo, que me traigan una azotea, que me traigan sandía,
Que me traigan amigos para vivir esto todos los días.

Y ojalá que no nos muramos nunca, y si lo hacemos
Que sea en Grecia, que nos guarden en un templo.
Y si es de verdad, que lo ponga en Micenas nuestro Hefesto,
Pero que estemos todos juntos, donde reímos, donde lloramos,
Pero sobre todo, donde todos nos queremos.


domingo, 6 de julio de 2014

Por fin un final feliz.

     -Nunca me ha gustado el camino fácil.
     -¿Y por eso te has ido parando por las esquinas? -espetó ella.
     -Sabes que las cosas no son así, que sólo han sido baches y obstáculos que superar para llegar hasta ti. Si no hubiese otras, nunca hubiese sabido que tú eres la mejor.
     -Lo peor de todo es que intentes justificarte. Ya estoy muy cansada de esto, que es lo de siempre. Vete. -y empezó a llorar.
     -¿Y de qué sirve entonces que esté aquí?
     -¿De qué sirven las palabras si las acciones las contradicen?

     Él se quedó helado, sabía que le tenía cogido por los huevos, pero no iba a rendirse. Era ella o ninguna, ella por encima de las otras. Él no veía mal el hecho de haberse acostado con otras, porque sólo había servido para demostrar que ninguna era como ella. Besos secos contra besos húmedos, distancia contra abrazos, ratos contra infinito.

     -Te quiero.
     -Como a todas.
     -Todas no tienen nombre, y tú eres única, la única de la que me enamoro en cada beso, por eso estoy aquí.
     -La culpa es mía por no dejar clara nuestra relación, aunque se daba por hecho para cualquier persona madura con dos dedos de frente que no se muere por coger cada piruleta que le ofrecen.
     -Sabes que no es culpa mía. Si una chica hace el esfuerzo de besarte, le devolvemos el favor. Si Dios no quisiese que nos besásemos con otras personas no nos habría dado miradas ni labios.
     -Lárgate con tu estúpida jerga romanticona. Esta noche no estoy para tus gilipolleces.

     Ella se giró, dándole la espalda. Él también se giró, y espalda con espalda fueron la mejor pareja que existió durante unos segundos, hasta que él se volvió para no decir nada. Estaba perdiendo la apuesta contra sí mismo. Culpa suya por quererla tanto que se asustaba y se refugiaba en otras que frenaban sus sentimientos.

     -Esta noche lo que estás es preciosa. Eso es lo que te diferencia de las demás, que tú eres guapa, eres preciosa, eres bella.
     -¿Me estás diciendo que las otras son feas? -preguntó ella mientras se volvía a girar para clavar sus ojos en el corazón del patético payaso.
     -No, simplemente no eran tú -al decir esto, ella se quedó callada, así que él siguió-. Asómate a la ventana y dime qué necesita la noche para ser noche.
     -¿Oscuridad? ¿Luna? ¿Estrellas?
     -¿Y qué son las estrellas al lado de la luna?
     -Un intento de mitigar tu oscuridad.
     -Puede, pero la que más brilla es la luna. Ya sé que la he cagado muchas veces y de muchas formas distintas, pero al final siempre termino aquí. Si no la cagase, no sería yo, ni sería mi vida.
     -No soy tu puto salvavidas.
     -No, eres mi vida entera, y si ahora mismo das sólo unos pasos hacia aquí, me abrazas y me besas, te juro que todo irá bien.
     -Ya, hasta que salga el sol.
     -Pues por la noche te conquistaré otra vez.

     Y ella fue hacia él, pero no supo qué hacer. Era un final feliz porque es un final en el que ninguno nos vamos a meter, que hagan lo que ellos quieran, porque el amor es así, se nos va de las manos.


martes, 24 de junio de 2014

Irreal.

Noto que se me parte el alma
Al no sentir tu calma
Ni la paz de tu respiración,
Entonces salto de la cama
Buscando lo que echo en falta
Por toda mi habitación.

Luego me doy cuenta
De las marcas en mis venas
Y que fue cosa de mi imaginación,
Que te quiso inventar entera,
De verdad verdadera,
Y hasta con un corazón.

Y los sordos escucharon tu voz,
Y los mudos la imitaron luego,
No existías y nadie te abrazó,
Y nuestros besos, son sueños de ciego.

Te inventé, y el color de tu pelo,
Que fue real sólo por un momento,
Hasta que salió el maldito sol.
Ningún mar conoce experto marinero
Que sea capaz de desatar nuestros dedos
Cuando jugábamos al amor.

Ojalá también fueses mía
Cuando se hace de día,
Que salieses del edredón.
Que no seas sólo mentiras
De mis ganas de poesía
Y del ansia de mi canción

Y los sordos escucharon tu voz,
Y los mudos la imitaron luego,
No existías y nadie te abrazó,
Y nuestros besos son sueños de ciego.

Creo que no existe cura,
Cuando te creé desnuda
Para darle a la pasión.
Eras o tú o ninguna,
La que me subía a las alturas
De esta extraña atracción.

Quise tu fingida piel rugosa
Como el pétalo de una rosa
Rezumando baños de flor.
No podías ser tu sola,
Llorando por estar rota
Pero sin decir adiós.

Y los sordos escucharon tu voz,
Y los mudos la imitaron luego,
No existías y nadie te abrazó,
Y nuestros besos son sueños de ciego.


domingo, 15 de junio de 2014

Contigo.

     No sé lo que es estar contigo. No sé cómo se amoldaría el tiempo al simple hecho de que estuviésemos juntos. Lo mismo no le gustamos y termina separándonos, como suele hacer él. Tal vez sea eso lo que me hace falta, controlar el tiempo y pasarlo hasta que todo esté bien, contigo, y hacer eternos los buenos momentos e insignificantes los malos, los que no estoy contigo. Y todo esto si saber lo que es estar contigo pero, ¿sabes? No me importaría descubrir cómo es.

     No me importaría imaginar nuestra primera cita, en un parque cualquiera, paseando, matando flores para tus ojos, te dejaría mi chaqueta si tuvieses frío y, si se diese el caso, crearía una barrera antipolen sólo para ti. Podría invitarte a algo, dulce o salado, o las dos cosas, en una de esas cafeterías elegantes donde nos mirarían mal, tan modernas del centro. Tal vez al comer unas tortitas con nata y sirope te mancharías la nariz o la comisura del labio, y eso podría desencadenar un beso, o no. Sólo es cuestión de imaginarlo.

     Después, te acompañaría a casa, que es lo que hacen los caballeros, y yo a veces lo soy. Aquí podría tener cabida otro beso, aunque eso no es importante. Lo importante de nuestra primera cita es que tengamos ganas de que haya una segunda, me da igual si tengo que estar años sin besarte. Lo pasaríamos tan bien que repetiríamos y podríamos ir de compras por el centro, a esas tiendas de discos y libros tan geniales y así conocer nuestros gustos. Así te recomendaría el último CD de los Sidecars o alguna antología poética de un escritor que sólo sepa hablar de ti. Se nos haría tarde y hasta podría llover... ¡y nosotros sin paraguas! Pero te devuelvo a tu casa, empapada y con un calor especial en el cuerpo.

     No todo es perfecto, y estoy de exámenes, como tú, claro. Pero un miércoles de cine no nos lo podemos saltar. Te dejo elegir película, aunque me lleves a ver una comedia romántica de las 30 que hace Cameron Díaz al año, aunque si es de superhéroes, mejor. Compramos unas golosinas o palomitas y ya está. Si me atrevo, que será que sí, te cojo la mano, a oscuras, a la escasa luz de los ojos del actor guaperas que esté en pantalla. Besos dulces, más de lo que esperaba, pero tus besos al fin y al cabo.

     Esa misma noche, cada uno desde su casa, nos enviamos bastantes mensajes, y sonreímos como tontos, como dos idiotas de esos que se enamoran. Y así serían nuestros días, estando juntos sin darnos cuenta, y nos pondríamos motes, como las parejas moñas, yo te llamaría “colmillitos afilados”, como en la canción. Nos haríamos regalos, me gusta regalar cosas, y yo soy muy fácil para que me regalen, porque mis gustos son simples y sencillos, tú. Yo te escribiría cosas sobre regalarte la luna, el sol, y estrellas, y planetas, y así hasta que tengas tu propio universo.



     Pasará el tiempo, y no me habré cansado de ti, porque tu mano y la mía encajan perfectamente. Ya lo habríamos hecho, pero no quiero ensuciar algo tan bonito hablando de sexo, pero si diciendo que HICIMOS EL AMOR. Y siempre sería tan especial como la primera vez y con las ganas de como si fuese la última. Da igual si es tu cama, la mía, el parque o una nube. De verdad, espero que de momento te guste estar conmigo, porque voy a dar un salto en el tiempo.

     Tendríamos nuestras peleas de enamorados, y la gente dirá que lo hemos dejado, o que lo nuestro era imposible, y tú pensarás cosas, y yo pensaré otras, y a la gente le pueden dar por culo. Lo que dijesen me resbalaría tanto que podría deslizarme hasta tu lado y abrazarte y besarte con tanta fuerza que nos olvidaríamos de nuestros problemas, y así la gente tendría que aguantar nuestro amor un poco más.

     ¿En qué zona viviríamos? ¿Salimos del barrio? Los dos tenemos un buen trabajo, y podemos permitirnos un buen piso. No es sólo estar contigo, es vivir juntos. Me gustaría ser tan raro como para coger tus pelos de la almohada y los de la ducha y guardarlos por si un día te vas y tengo que clonarte. Te llevaría el desayuno a la cama SIEMPRE QUE PUEDA, y te haría corazones con la comida o alguna gilipollez así. Nos ducharíamos juntos y empañaríamos el espejo. Iríamos a trabajar sabiendo que esa tarde de miércoles acordamos ir al cine a ver la cuarta película de la saga esa que vimos empezar. Cualquier cosa que nos recuerde nuestro pasado servirá para reforzar el futuro.

     Este día estoy especialmente nervioso. No hemos dormido juntos, pero en un rato nos veremos. Me encanta mi traje, y mi pajarita. Horas antes estaba con mis amigos bebiendo y gritando “¡LO QUE ES LA VIDA!”. Y sí, lo que es. Ahí estás, frente a un altar, y eso que las iglesias no son lo mío. Está todo en silencio y entras tú, de blanco, a juego con tus colmillitos afilados. Me sudan las manos, pero tú ya lo sabes y te da igual. Ese beso me sabe mejor que todos los que te he dado hasta ahora. Tal vez porque es el principio de nuestro para siempre. ¿Quién lo iba a imaginar? ¿Quién me hubiese dicho que íbamos a terminar así después de quitarte un poco de sirope de la cara?

     Meses después de la boda y la luna de miel en [INSERTA AQUÍ EL LUGAR DE TUS SUEÑOS], me dices que estás embarazada. Yo te querré aunque engordes y se te hinchen los tobillos, aunque me mandes a ir a una tienda de madrugada porque te apetecen palmeritas de chocolate, y aunque te vuelvas insoportable. Siempre es siempre. Siempre y cuando al despertar no te asustes de que te esté mirando. Puede que todo sea muy cursi, o puede que simplemente, todo el amor tenga que ser así.

     Con nuestra familia ampliada, sólo puedo decir que somos cada vez más felices y que nos queremos. Que cada día tus ojos brillan más y tus labios saben mejor, y que cada día me muero por escribir un poco más de ti, después de dejar a los niños en el cole, después de ver cómo se gradúan, después de que se casen ellos. Pasado, presente y futuro.

     Han pasado ya muchos años, Sidecars ha sacado muchos discos, ha habido muchos poetas peores que yo, han sacado muchas más películas de superhéroes y ya tenemos muchas canas. Pero cuando mi mano arrugada y temblorosa se acerca a tu mejilla para secarte una lágrima, veo con ilusión que lo único más blanco que tu pelo son tus colmillitos afilados. Y en esa cama del hospital donde me esté muriendo, sólo podré dar gracias de que me voy antes que tú, porque si un día te vas antes que yo, si me dejas, toda esta vida que he imaginado no servirá para nada.




domingo, 1 de junio de 2014

El pozo.

¿Estás mal y necesitas ánimo y apoyo? Aquí te dejo esto.

Te pudo salir muy caro seguir el camino,
Era verano y tú aún con abrigo
Por si los abrazos no fueron calvario,
De lino por fuera y por dentro sin tacto.

Ahora que andas solo te acechan tormentas,
Las nubes lo saben y se hacen de piedra
Para que duelan más, como si estar roto
no fuese suficiente para volverse loco.

Dices que estás en el fondo de un pozo,
Pero no dejes de mirar, arriba, al fondo
Verás, que sigue entrando la luz
Aprovecha para salir y olvida el azul.

Te han robado la huerta y las flores,
De qué sirve una primavera sin colores.
Por si quieres llorar, pañuelo de cielo
Estampa de estrellas, las penas al vuelo.

Ahora que llevas la vida a medio gas,
La media sonrisa te tiene que encontrar,
Así que déjale en un árbol grabado
A dónde vas, que te ha estado acechando.

Dices que estás en el fondo de un pozo
Pero no dejes de mirar, arriba, al fondo
Verás, que sigue entrando luz
Si quieres salir, sólo puedes tú.



domingo, 18 de mayo de 2014

Soñaba con ser bailarina.

     Ya tenía un hermoso pelo negro azabache, con unos rizos negros tan ensortijados que nunca dejaban que sus sueños se escapasen por la cabeza, aunque si tal vez por los oídos. O la nariz. Pero aún así, se ponía una larga y radiante peluca rubia. Le costaba mucho, tenía que aplastarse mucho el pelo y sujetárselo con muchas pinzas y horquillas. No pasaba nada, la melena rubia le quedaba estupendamente. Más larga que su pelo negro, así cuando bailaba, olas doradas salían desprendidas de su cabeza.

     Las arrugas de la cara, cuestión de la edad, se tapaban fácilmente con algo de maquillaje. Sus cejas estaban perfectamente depiladas, no muy finas, pero lo justo como para ser elegantes. Dos rayas negras que sujetaban su frente, tristes. Tristes como los ojos marrones. Si destacaban era por las largas pestañas que había sobre ellos. Exceso de rímel y raya del ojo, negra, alargada hacia el final. Así disimulaba también las patas de gallo. Para adornar su rostro de bailarina de porcelana, unos labios rojos vestían su sonrisa melancólica, que echaba de menos besar escenarios que nunca pisó. Escenarios que le recordaban a una infancia distante, lejana, como los enfados y los golpes de su padre cuando decía que quería ser bailarina. Si seguía pensando en eso se iba a poner a llorar y se iba a ir a la mierda el rímel, así que se puso de pie y empezó a vestirse.

     No intentaba engañar a nadie, llevaba relleno en el sujetador y se sabía. A ese tal nadie no parecía importarle si el espectáculo era bueno. Abrió el armario del camerino y buscó, entre tanta ropa elegante que había traído, una funda de color beige. Dentro había un vestido corto de seda, ajustado. Era rojo, a juego con los labios. A juego con la pasión que quería poner bailando. Era su debut. Era mayor, pero nunca es tarde para que los sueños se hiciesen realidad. El vestido era suave, y se acomodó a su cuerpo perfectamente. Le daba la ligereza y la confianza que necesitaba. Sus piernas, bastante fuertes, se estilizaron bajo ese infierno de cuerpo, que se sostenía, a duras penas, sobre unos tacones cortos y gruesos. Tal vez no fuera a bailar ballet, pero iba a moverse, iba a deslumbrar.

     Llamaron a la puerta, dos veces, y le dijeron que en cinco minutos salía. Los dos golpes de la puerta le recordaron a los golpes que daba su padre cuando quería romper sus sueños. Tenía una copa de vodka con 7up en el tocador. No quedaba mucho hielo, pero estaba lo suficientemente frío como para congelar esos recuerdos y que no pasasen de ahí. Bebió y se enfrió el corazón. Se quemó la garganta. Se puso de pie y se miró al espejo.

     “Mira, papá, lo he hecho, soy bailarina”. Una lágrima se le escapó y se le corrió el rímel. Y a esa lágrima le siguió otra, hasta que su cara quedó cruzada como por dos ríos de petróleo. Siguió bebiendo hasta que hubo más pintalabios en el vaso que en su boca. Y volvían a llamar a la puerta para que saliese a actuar. “Mira papá, mira lo que va a hacer el maricón de tu hijo”. Se bebió lo que le quedaba de un trago, se arregló el maquillaje en un par de minutos y Arturo salió a comerse el escenario de ese garito de ese barrio de Madrid, y demostró que los sueños se pueden cumplir en cualquier lugar y en cualquier momento.