Cuando tengo ganas de enhebrar el hilo en la aguja
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
A todos haciendo cola para verte desnuda.
Está lleno de cacharros y otros cuentos,
Y allí tengo conversaciones con la luna,
Se queda conmigo hasta que me despierto.
Cuando tengo que rascar el musgo de las piedras
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
Con ríos de tinta que arrastran planetas.
Yo que soy un chico de invierno
Quiero poner con mis ojos morenas a tus tetas
Y parpadear por si me paso y sale fuego.
Cuando tengo miedo de empezar otra vez
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
A mí mismo, parado ahí de pie.
Está lleno de sombras y de espejos.
Me pregunto si te volveré a ver
Si salgo de allí a regar los tiestos.
Cuando tengo que hacer el amor y me sale guerra
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
Con que estás despeinada y con las heridas abiertas.
Así que dejo que se me caiga la boca al suelo
Mientras tu bailas sobre mi lengua
El triste vals de un cantante muerto.
De qué me sirve correr
Para escapar de ti,
Si cuando empiezo a querer
Tú ya estás allí.
Jodiéndolo todo,
No dejándome solo
Dándome de beber.
Cuando tengo pensado evadirme de ti un rato
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
Has llegado tú como un ángel volando,
La culpa es mía por irme de la tierra,
Pero es que a veces me paso soñando
Y tú te pasas de brisa ligera.
Cuando tengo pajaritos sin ramas ni árboles
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
El vuelo de tu falda ha talado los bosques
Y han dejado sin vidas los campos de fresas
Donde estaban corriendo todos mis caracoles
Pa' llegar los primeros a la curva de tus cejas.
Cuando tengo la arena para hacer una orilla
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
Veo que tu piel es espuma y me la tiras.
El salitre en tus manos me deja la cara reseca
Y te separas y te me llevas la vida
Como si tuviese otra que no llevo puesta.
Cuando tengo un regalo para darme a solas
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
Has salido para verme y cortarme la cola.
Entonces te sale esa sonrisa perversa
Y adiós a mi sitio verde con amapolas,
Hola a tu escenario de mierda.
De qué me sirve correr
Para escapar de ti
Si donde tiene que llover
Te has llevado el abril
Jodiéndolo todo,
No dejándome solo
Y yo empezando a querer
Asustándome un poco...
Así que voy a mi sitio secreto
Esperando no escuchar
Un “cuanto te quiero”.
Me vale con tocar
Un poco tu cielo.
Hazme volar
Entre tu pelo.
Voy a llorar
A ras de suelo,
Y se van a regar
Las flores que tengo,
Y van a llegar
Hasta donde pongas un techo
En mi sitio secreto
Que has llenado de ti,
Yo que lo creé para huir
Y ahora está
Llenito de tu olor,
De tu piel crepuscular.
Enganchándome al sabor
Que me va a hacer soñar
Si no me despierto
Y derrumbo mi lugar secreto
A donde voy cuando no quiero pensar en ti,
Pero llego, y tú ya estás allí.
domingo, 19 de octubre de 2014
domingo, 12 de octubre de 2014
Vivir y morir en Quíos.
Hay quien dice que nunca escribo nada alegre o feliz. Puede
que sea cierto, puede que no lo sea, pero el caso es que me lo tomé
como un reto y pensé: Vamos a ello. ¿En qué momento he sido feliz?
En muchos, pero recientemente, en este.
Llegamos de madrugada, pero ya con el sol saliendo poco a poco a lo lejos, bañando de dorado la costa de Turquía, ya se podía adivinar el paisaje mediterráneo que había en la isla. Era como estar en casa, en una casa en la que nunca he estado. Creo que algunos iban medio dormidos en el viaje, yo iba con Violeta Plaza haciendo el gilipollas seguramente. Un primer momento feliz con la maleta a los pies y las estrellas diciéndonos adiós.
El sitio parecía digno de película, con sofás blancos y negros, mesas y sillas para comer y desayunar, y unos toldos que venían muy bien. Nos asignaron las habitaciones, tuve suerte de ir con Mario, Abraham y un montón de hormigas naranjas invasoras. A Mario le tocaron las sábanas de Mickey, capullo con suerte. O no. Bajamos a desayunar, un desayuno largo, consistente, de los que dejan a Mario en la mesa más de una hora. Pan con mantequilla y miel, bacon, huevos cocidos, zumo, leche, cereales... de todo. No sé si era el olor de la isla o el de la comida, pero estaba estupendamente. Nos dijeron que podíamos ir a la playa o a dormir. ¿Quién va a dormir teniendo ya el sueño de esa isla despierto? Miguel, Pablo, Abraham y yo fuimos los primeros en irnos. Recorrimos ese pueblecito al norte de la isla creo, con sus casas de colores, unas verdes, otras rosas, y por supuesto, blanca con marcos azules, muy de allí, muy de la asamblea de las mujeres, muy de nosotros. Había algunas señoras sentadas en sillas en medio de la calle, como en un pueblo español, sólo que allí les dices “hola” y se te quedan mirando raro. Estaban frente al mar, como si en el agua pudiesen verse reflejadas y tal vez se acordasen de un tiempo mejor, en el que el Egeo bañó sus pieles, antaño tersas, y ahora arañadas por el tiempo. Un pueblo más, pero unas vistas únicas, en el agua azul se reflejaban las nubes blancas, escribiendo Ελευθερία.
Estuvimos en una calita pequeña, que casi nacía del cemento del suelo. También había un olivo. Allí las playas son de piedras. Esas putas piedras que pinchan hasta siendo redondas. Pero nos dio igual. Éramos hijos del hierro, nosotros no sembramos y el agua con sal nos daba la vida. Vi a mis amigos meterse y, joder, me dio envidia. Un par y a bañarse. Debería tener sueño, pero aquello despertaba a cualquiera. Veíamos algo más lejos una especie de muelle o embarcadero de cemento, muy apropiado para saltar, tocar la mano a Zeus y caer a la casa de Poseidón, el marino, y si hay otro, pues otro. Como un intento de la tierra de conquistar lo que no es suyo. Para volver a subir al muelle tenías dos opciones, dejarte la piel y los pies en la piedra, o nadar un poco y subir por una escalerita junto a un pequeño bote. Yo la primera vez decidí dejarme la piel y los pies.
Al rato vinieron unos cuantos compañeros más, y aquí ya viene lo más difícil de contar, porque no sé lo que sintió cada uno, pero si sé lo que sentí yo. Nuestro profesor nos dijo que no pasemos por Grecia, sino que Grecia pasase por nosotros. Lo que él no sabía es que pudimos hacer las dos cosas. Grecia pasó por todos nosotros, sólo tenemos que vernos el corazón para saberlo. Pero nosotros pasamos por Grecia, porque sé que Quíos se enamoró de nosotros. Se enamoró tanto, que sé que no fui el único en sangrar ese día, y es que sé que el mar nos arañó a unos cuantos los pies para que dejásemos nuestra sangre en el mar Egeo. Delante se alzaba un monte, y estoy seguro de que los dioses iban ahí de vacaciones. Y creedme que no les envidio, porque ellos son inmortales, y saben que siempre podrán vivir esa experiencia y estar allí, cerca. Pero ellos nos envidian, porque nosotros somos mortales, y sabremos lo que es morir después de haber sangrado en su casa, ese sentimiento que ellos nunca tendrán. Ellos no sangran, son eternos, y van a tener que ver nuestra herida y escuchar el eco de nuestras risas para siempre.
Y así, amigos, es como Grecia pasó por mi, y espero que por vosotros, pero también es como todos nosotros pasamos por Grecia.
Llegamos de madrugada, pero ya con el sol saliendo poco a poco a lo lejos, bañando de dorado la costa de Turquía, ya se podía adivinar el paisaje mediterráneo que había en la isla. Era como estar en casa, en una casa en la que nunca he estado. Creo que algunos iban medio dormidos en el viaje, yo iba con Violeta Plaza haciendo el gilipollas seguramente. Un primer momento feliz con la maleta a los pies y las estrellas diciéndonos adiós.
El sitio parecía digno de película, con sofás blancos y negros, mesas y sillas para comer y desayunar, y unos toldos que venían muy bien. Nos asignaron las habitaciones, tuve suerte de ir con Mario, Abraham y un montón de hormigas naranjas invasoras. A Mario le tocaron las sábanas de Mickey, capullo con suerte. O no. Bajamos a desayunar, un desayuno largo, consistente, de los que dejan a Mario en la mesa más de una hora. Pan con mantequilla y miel, bacon, huevos cocidos, zumo, leche, cereales... de todo. No sé si era el olor de la isla o el de la comida, pero estaba estupendamente. Nos dijeron que podíamos ir a la playa o a dormir. ¿Quién va a dormir teniendo ya el sueño de esa isla despierto? Miguel, Pablo, Abraham y yo fuimos los primeros en irnos. Recorrimos ese pueblecito al norte de la isla creo, con sus casas de colores, unas verdes, otras rosas, y por supuesto, blanca con marcos azules, muy de allí, muy de la asamblea de las mujeres, muy de nosotros. Había algunas señoras sentadas en sillas en medio de la calle, como en un pueblo español, sólo que allí les dices “hola” y se te quedan mirando raro. Estaban frente al mar, como si en el agua pudiesen verse reflejadas y tal vez se acordasen de un tiempo mejor, en el que el Egeo bañó sus pieles, antaño tersas, y ahora arañadas por el tiempo. Un pueblo más, pero unas vistas únicas, en el agua azul se reflejaban las nubes blancas, escribiendo Ελευθερία.
Estuvimos en una calita pequeña, que casi nacía del cemento del suelo. También había un olivo. Allí las playas son de piedras. Esas putas piedras que pinchan hasta siendo redondas. Pero nos dio igual. Éramos hijos del hierro, nosotros no sembramos y el agua con sal nos daba la vida. Vi a mis amigos meterse y, joder, me dio envidia. Un par y a bañarse. Debería tener sueño, pero aquello despertaba a cualquiera. Veíamos algo más lejos una especie de muelle o embarcadero de cemento, muy apropiado para saltar, tocar la mano a Zeus y caer a la casa de Poseidón, el marino, y si hay otro, pues otro. Como un intento de la tierra de conquistar lo que no es suyo. Para volver a subir al muelle tenías dos opciones, dejarte la piel y los pies en la piedra, o nadar un poco y subir por una escalerita junto a un pequeño bote. Yo la primera vez decidí dejarme la piel y los pies.
Al rato vinieron unos cuantos compañeros más, y aquí ya viene lo más difícil de contar, porque no sé lo que sintió cada uno, pero si sé lo que sentí yo. Nuestro profesor nos dijo que no pasemos por Grecia, sino que Grecia pasase por nosotros. Lo que él no sabía es que pudimos hacer las dos cosas. Grecia pasó por todos nosotros, sólo tenemos que vernos el corazón para saberlo. Pero nosotros pasamos por Grecia, porque sé que Quíos se enamoró de nosotros. Se enamoró tanto, que sé que no fui el único en sangrar ese día, y es que sé que el mar nos arañó a unos cuantos los pies para que dejásemos nuestra sangre en el mar Egeo. Delante se alzaba un monte, y estoy seguro de que los dioses iban ahí de vacaciones. Y creedme que no les envidio, porque ellos son inmortales, y saben que siempre podrán vivir esa experiencia y estar allí, cerca. Pero ellos nos envidian, porque nosotros somos mortales, y sabremos lo que es morir después de haber sangrado en su casa, ese sentimiento que ellos nunca tendrán. Ellos no sangran, son eternos, y van a tener que ver nuestra herida y escuchar el eco de nuestras risas para siempre.
Y así, amigos, es como Grecia pasó por mi, y espero que por vosotros, pero también es como todos nosotros pasamos por Grecia.
domingo, 5 de octubre de 2014
A mí dame dos.
Como algunos sabréis, estoy con un proyecto escrito totalmente a mano y que casi nadie va a leer en su vida, que es un libro de poesías con nombres de chica. Iba a subir uno (sin decir el nombre), pero me siento generoso, así que voy a subir dos. En total habrá unos veintialgo, no sé, no está acabado. Espero que os gusten.
Tú mi musa y yo tu poeta sin habla,
Y sigo esperando a que te quites la falda.
Pero te termino esta canción
Si te vienes a dormir conmigo,
Y cuando te pregunten que dónde has amanecido
Di que estuviste por la mala sombra
Con Chema paseando un corazón,
Para no sentirte sola
En estas noches de carbón,
Donde sólo brillan las farolas
Que están haciendo cola
Para ver llegar al sol,
Con su traje hecho de nubes,
A juego con tus lunes,
Cuando amaneces triste
Porque por algún despiste
Fui Dios una noche y te tuve.
Tú mi inspiración y yo versos sin cabida,
Preparados para la caída.
Pero te termino esta canción
Si te quedas hasta mañana,
Y cuando te pregunten que dónde pasaste calor,
Di que me abanicaste con tus pestañas,
A mí, que me sudaba el corazón
Debajo de las sábanas,
En estas noches tan oscuras,
Donde sólo brilla tu risa,
Más puta que la luna,
Que nunca llega a misa
Porque se estaba emborrachando
Viendo cómo te quería,
Y la fuimos tentando
A hacer porquerías,
Con las estrellas que andaban sueltas,
Que si las dices "te quiero"
Se le abren las piernas.
Tú mis palabras y yo se las doy al viento,
A ver si de aire se hacen alimento.
Pero te termino esta canción
Si esta noche me haces compañía,
Y cuando te pregunten en qué cama dejaste tu olor,
Di que conmigo en la mía,
Que fue culpa de mi colchón,
Que te pusiste tierna,
Como una puta regadera,
Que moja to' lo que se empalma en la tierra,
Haciendo inútil a la primavera,
Por las flores que te salen navajeras,
Con sus pinchos en los tallos,
Arañándote la espalda
Como si fueran mis manos
Cuando despunta el alba,
Cogiendo al amor desprevenido,
Cayendo de tus ojeras
Por pasar la noche conmigo.
Tú lo de siempre y yo también,
En mi cabeza, las ganas de joder.
Pero te termino esta canción
Si esta noche no soy uno más.
Y cuando te pregunten a quién diste tu flor,
Diles que a mi alma, que olía mal.
Que te cansaste de la vida golfa
Y de los que te daban mentiras,
Que te volvieron loca
Las ganas de hacer manitas.
Que ya no estabas hecha para vivir
De boca en boca como la cerveza,
Y que te apetecía sonreír,
Como una mariposa en la maleza,
Preocupada sólo por servir
De color a esta vida blanca y negra,
Como cuando se juntan nuestras piernas,
Y yo no que quiero ir, porque que sepas,
[...], que yo no soy cualquiera.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha,
Y que nos diga si es el camino correcto,
Da igual que sea largo, si tú eres el tiempo,
Y tenemos de sobra con nuestros zapatos,
Que nuestras huellas por el camino sean un regalo.
Yo pongo la música y tú la intención
De llegar más lejos que una golondrina,
Que deja su nido en tu balcón
Sabiendo que si vuelve estarás viva
Para cantar con ella a viva voz
Lo que significa su canción:
El retorno de las flores,
Una guerra de colores,
Un orgasmo de olores,
Y todos son para ti, por si hay momentos
En los que te apuntas a eso de ser feliz.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha,
Y que nos cuente más de esas historias
Donde yo me mojo y tú no lloras
Cuando un aspersor oxida a una farola
Y aparece el frío porque la luz nos abandona.
Y llega la hora de la anarquía
Que a los dos nos queda tan bonita
Y tú hablas de tu lengua y yo de la mía,
Se cruzan las palabras en una alegoría
Y en alegre algarabía se llena todo de letras
Y tú, tú quédate muy quieta,
Que si se ponen chulas
Sacan la faca negra,
Te apuñalan a la luna
Para hacerla aún más bella.
Es la magia de un poema,
Que nace en un banco para ir a morir
En el mar más sucio, profundo y febril.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha.
Y que la gente diga lo que quiera,
Si después del rayo, hay trueno, es tormenta,
Y si después sale el sol, hay arco iris,
Nosotros el oro y ellos con su bilis,
Que no hay que decir que no ha pasado nada,
Sólo el aire entre nuestras miradas.
Pide un deseo que se te cae una pestaña
Y bebe rubia la cerveza para acordarte de su alma.
Que se pose una loca en un tablón
Ya basta para un poco de conversación,
Venga nena, dame coba
O me voy a mi habitación,
Que para palo mudo tengo ya una escoba,
Y para sola,
La bragueta del pantalón
Que no se abre por miedo a morir
En el barranco más sucio, oscuro y febril.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha,
Y donde acabes, planta una bandera
Y dí que ahí estuvieron tus piernas.
Si no hay viento para que ondee
Yo tengo aliento hasta el amanecer,
Como ondea tu pelo sobre tu espalda
Cuando la noche se vuelve mojada
Y toca una despedida
Como después de abril una golondrina
Porque ha pasado su estación,
Como la nuestra cuando ya no hay calor,
Pero siempre habrá recuerdos
De cuando fuimos buenos
Y no dimos por culo
A los románticos de turno,
Que no saben que mi poema va a morir
A través de una voz oscura y febril,
Que no está sucia, porque se limpia para ti.
1. Conmigo.
Tú mi musa y yo tu poeta sin habla,
Y sigo esperando a que te quites la falda.
Pero te termino esta canción
Si te vienes a dormir conmigo,
Y cuando te pregunten que dónde has amanecido
Di que estuviste por la mala sombra
Con Chema paseando un corazón,
Para no sentirte sola
En estas noches de carbón,
Donde sólo brillan las farolas
Que están haciendo cola
Para ver llegar al sol,
Con su traje hecho de nubes,
A juego con tus lunes,
Cuando amaneces triste
Porque por algún despiste
Fui Dios una noche y te tuve.
Tú mi inspiración y yo versos sin cabida,
Preparados para la caída.
Pero te termino esta canción
Si te quedas hasta mañana,
Y cuando te pregunten que dónde pasaste calor,
Di que me abanicaste con tus pestañas,
A mí, que me sudaba el corazón
Debajo de las sábanas,
En estas noches tan oscuras,
Donde sólo brilla tu risa,
Más puta que la luna,
Que nunca llega a misa
Porque se estaba emborrachando
Viendo cómo te quería,
Y la fuimos tentando
A hacer porquerías,
Con las estrellas que andaban sueltas,
Que si las dices "te quiero"
Se le abren las piernas.
Tú mis palabras y yo se las doy al viento,
A ver si de aire se hacen alimento.
Pero te termino esta canción
Si esta noche me haces compañía,
Y cuando te pregunten en qué cama dejaste tu olor,
Di que conmigo en la mía,
Que fue culpa de mi colchón,
Que te pusiste tierna,
Como una puta regadera,
Que moja to' lo que se empalma en la tierra,
Haciendo inútil a la primavera,
Por las flores que te salen navajeras,
Con sus pinchos en los tallos,
Arañándote la espalda
Como si fueran mis manos
Cuando despunta el alba,
Cogiendo al amor desprevenido,
Cayendo de tus ojeras
Por pasar la noche conmigo.
Tú lo de siempre y yo también,
En mi cabeza, las ganas de joder.
Pero te termino esta canción
Si esta noche no soy uno más.
Y cuando te pregunten a quién diste tu flor,
Diles que a mi alma, que olía mal.
Que te cansaste de la vida golfa
Y de los que te daban mentiras,
Que te volvieron loca
Las ganas de hacer manitas.
Que ya no estabas hecha para vivir
De boca en boca como la cerveza,
Y que te apetecía sonreír,
Como una mariposa en la maleza,
Preocupada sólo por servir
De color a esta vida blanca y negra,
Como cuando se juntan nuestras piernas,
Y yo no que quiero ir, porque que sepas,
[...], que yo no soy cualquiera.
2. La nariz.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha,
Y que nos diga si es el camino correcto,
Da igual que sea largo, si tú eres el tiempo,
Y tenemos de sobra con nuestros zapatos,
Que nuestras huellas por el camino sean un regalo.
Yo pongo la música y tú la intención
De llegar más lejos que una golondrina,
Que deja su nido en tu balcón
Sabiendo que si vuelve estarás viva
Para cantar con ella a viva voz
Lo que significa su canción:
El retorno de las flores,
Una guerra de colores,
Un orgasmo de olores,
Y todos son para ti, por si hay momentos
En los que te apuntas a eso de ser feliz.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha,
Y que nos cuente más de esas historias
Donde yo me mojo y tú no lloras
Cuando un aspersor oxida a una farola
Y aparece el frío porque la luz nos abandona.
Y llega la hora de la anarquía
Que a los dos nos queda tan bonita
Y tú hablas de tu lengua y yo de la mía,
Se cruzan las palabras en una alegoría
Y en alegre algarabía se llena todo de letras
Y tú, tú quédate muy quieta,
Que si se ponen chulas
Sacan la faca negra,
Te apuñalan a la luna
Para hacerla aún más bella.
Es la magia de un poema,
Que nace en un banco para ir a morir
En el mar más sucio, profundo y febril.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha.
Y que la gente diga lo que quiera,
Si después del rayo, hay trueno, es tormenta,
Y si después sale el sol, hay arco iris,
Nosotros el oro y ellos con su bilis,
Que no hay que decir que no ha pasado nada,
Sólo el aire entre nuestras miradas.
Pide un deseo que se te cae una pestaña
Y bebe rubia la cerveza para acordarte de su alma.
Que se pose una loca en un tablón
Ya basta para un poco de conversación,
Venga nena, dame coba
O me voy a mi habitación,
Que para palo mudo tengo ya una escoba,
Y para sola,
La bragueta del pantalón
Que no se abre por miedo a morir
En el barranco más sucio, oscuro y febril.
Vamos donde dice el brazo de una estrella,
Donde apunta tu nariz, siempre a la derecha,
Y donde acabes, planta una bandera
Y dí que ahí estuvieron tus piernas.
Si no hay viento para que ondee
Yo tengo aliento hasta el amanecer,
Como ondea tu pelo sobre tu espalda
Cuando la noche se vuelve mojada
Y toca una despedida
Como después de abril una golondrina
Porque ha pasado su estación,
Como la nuestra cuando ya no hay calor,
Pero siempre habrá recuerdos
De cuando fuimos buenos
Y no dimos por culo
A los románticos de turno,
Que no saben que mi poema va a morir
A través de una voz oscura y febril,
Que no está sucia, porque se limpia para ti.
domingo, 28 de septiembre de 2014
Choque.
-¿Crees en el destino? -le pregunté
mientras le cogía la mano. El coche aún seguía aparcado.
-¿A qué viene eso?-Mira, es la tercera vez que quedamos a solas, y no ha pasado nada. Y nos conocemos desde hace mucho tiempo. No es la primera vez que estamos a solas. Y tú me gustas.
-Y tú a mí también me gustas -sonrió.
-Entonces, ¿por qué no ha pasado nada? Siempre que podría pasar algo, hay otro algo que evita que pase. Como si el destino no quisiese que pasase nunca. ¿Qué nos impide ahora besarnos?
-No sé...
-No sabes, pero tampoco estamos haciéndolo. ¿Me entiendes? Hay algo dentro de nosotros que sabe que no funcionaría. Como si ya supiésemos que es un fracaso antes de empezar.
-Fracaso es ni si quiera haberlo intentado.
-Hablamos mucho y actuamos poco.
Me giré y me senté de frente. No sabía a dónde íbamos, pero arrancó. Las noches de Madrid eran naranjas, y en este caso, fugaz, porque las farolas pasaban rápido encima de nosotros, cambiando de vez en cuando el color por el verde de un semáforo, como si fuese una señal de adelante. Entonces se ponía en rojo y la miraba. Estaba seria, mirando al frente, como si la conversación la hubiese descolocado. Puso música. Su música que a mí no me gustaba. Como casi no me gustaba nada de ella, sus gustos, sus hobbies, sus manías... No era mi tipo de chica ideal, pero tenía algo, algo que me hacía estar allí sentado con ella.
-¿Ves? Es por esto. ¿Cómo vamos a intentarlo si somos completamente distintos?
-¿Pero quieres intentarlo o quieres quedarte en esa sensación de podría pero no? En parte es fascinante y placentera. Es como ir a besarnos pero sólo olernos los labios. Además... los polos opuestos se atraen.
-Mira, somos polos opuestos en una tierra tan redonda, que casi están más cerca los polos que se repelen.
-¿Entonces qué coño haces aquí? -y frenó. No había nadie más en la carretera, así que dio igual-, ¿eh? ¿qué coño haces aquí? No va a pasar nada, pero bien que quieres que pase.
-¡Y tú también quieres que pase, pero no haces nada! ¡Ninguno hacemos nada! Este es el problema. Eso es lo único que tenemos en común.
Me bajé del coche indignado. El fresco de la noche de septiembre me llenó un poco los pulmones. No se escuchaba nada, ni la música de dentro del coche. Ni a ella sollozando. Mejor. Las farolas ya estaban lejos, y podía ver perfectamente las estrellas. Es curioso, porque no tenía ni puta idea de astronomía, pero aún así, me parecían bonitas e interesantes a su manera. Probablemente no conociese ninguna constelación más allá de la osa mayor, pero mejor, así me las podía inventar y hacer formas nuevas. Se bajó del coche y me miró desde el otro lado.
-Creo que ese destino que no quiere que estemos juntos somos nosotros mismos.
-Claro que lo somos. Somos dos chicos inteligentes. Sabemos lo que hay. ¿Qué pasaría si un día estamos juntos y queremos escuchar música? ¿O ver una peli? ¿Qué pasa si yo quiero quedarme en casa leyendo o escribiendo y tú quieres salir de fiesta? ¿Qué pasa si a uno le apetece follar y al otro hacer el amor? ¿Qué pasaría si descubrimos que no nos aguantamos y perdemos la magia? -y miré a las estrellas pensando que la música no era para tanto si la quieres, las películas tampoco, que yo podría salir de fiesta y ella siempre será escrita, que siempre haríamos el amor después de follar un rato, que la magia siempre ha existido y que por eso estábamos ahí.
-No sé. Sube al coche y lo descubrimos.
HASTA AQUÍ EL FINAL FELIZ. ABAJO LO DE DESPUÉS.
No sabíamos dónde íbamos, pero éramos jóvenes, el verano acababa de terminar y no queríamos volver a la ciudad para estudiar. Así que nos dejamos llevar por las líneas de la carretera. De vez en cuando nos cogíamos de la mano escuchando la mejor música que pudimos encontrar en común, nuestras risas y nuestra respiración. Ella iba tan segura conduciendo que de vez en cuando se giraba para mirarme. En una mirada perdió el volante por ganarme el corazón y nos salimos. Mientras el coche se movía dando una enorme vuelta de campana, pensé “qué típico, ¿no?”, y le agarré la mano fuerte hasta que los faros estallaron y sólo nos quedó la luz de las estrellas. La luna no había salido esa noche. Ni las siguientes.
domingo, 21 de septiembre de 2014
Soy
Soy la clara muestra de por qué el agua y la electricidad
No se mezclan. Deja que te enseñe
Por qué no se juntan el agua y el aceite.
Soy el vivo ejemplo de la influencia literaria
En un cerebro. Quédate a mirar
Porqué se llevan mal el azúcar y la sal.
Soy el terrible resultado de horas perdidas
Que pasaron de largo. Deja que te ilustre
Sobre cómo cabeza y corazón discuten.
Soy el número final de un circo decadente
El día de carnaval. El igual de la ecuación
Entre el sexo sucio y hacer el amor.
Soy la prueba viviente de por qué no se debe parar
Una bala con los dientes. Ven a aprender
Qué pasa si sacas del agua a un pez.
Soy lo que queda cuando a un poeta
Le quitas las letras. Haz un estudio
sobre como destruyo todo lo que construyo.
Soy de la promoción que se hace diamante
Si le raspas el carbón. El trozo de piel que sujeta
A otro trozo cuando te cortas las venas.
Soy Jesucristo y no sé caminar por el agua,
Tampoco sé si existo. El demonio con forma de recuerdos
Que hace que llores en tus sueños.
…
Soy el almirante de mi vida,
Así que ponme hielos
Y disfruta de la caída.
Soy un ángel de la muerte
Que va por el cielo
Tentando a la suerte.
Soy un medio limón,
Ácido y amargo,
Con medio corazón.
Soy una media naranja
Y por eso no encajo
Con mi otra cara.
Soy del club de los imposibles,
De balas perdidas,
Con encanto irresistible.
Soy un gato que ha gastado
Sus siete vidas
Durmiendo por los tejados.
Soy la forma de la luna
Que miras por la ventana
Mientras te haces la dura.
Soy el rayo del sol
Golpeando tu persiana
Para hacerte el amor.
Soy el frío invierno
Que te llena de nieve
Los sentimientos.
Soy el cálido verano
En el que se detienen
Los jóvenes enamorados.
Soy la colorida primavera
Haciéndote flor
Porque estoy como una regadera.
Soy el oscuro otoño
Secando tu rubor
Porque estoy loco.
…
Soy como un beso en un portal,
Joven, intenso y fugaz.
Soy como un sueño en la cama,
Viviendo en tu almohada hasta mañana.
Soy como un río y nunca miro hacia atrás,
Sigo mi corriente hasta el final.
Soy como tú estás, soy como te sientas,
Soy un poco de Rubén y un poco de Leiva.
Soy de veintitantos pero de Vega,
Yo también espero a febrero con pena.
Soy un tipo elegante, nada interesante,
Viajando en Sidecars cada instante.
Soy el perro verde, el hijo de la Inés
Que no se Marea ni con el mundo al revés.
Soy bohemio, viviendo en una canción,
Oye Andrelo, vamos a poner en venta un corazón.
Soy el punto y final de estos versos,
La saliva amarga de un beso.
Soy un pañuelo blanco de despedida
Y las lágrimas en tus mejillas.
No se mezclan. Deja que te enseñe
Por qué no se juntan el agua y el aceite.
Soy el vivo ejemplo de la influencia literaria
En un cerebro. Quédate a mirar
Porqué se llevan mal el azúcar y la sal.
Soy el terrible resultado de horas perdidas
Que pasaron de largo. Deja que te ilustre
Sobre cómo cabeza y corazón discuten.
Soy el número final de un circo decadente
El día de carnaval. El igual de la ecuación
Entre el sexo sucio y hacer el amor.
Soy la prueba viviente de por qué no se debe parar
Una bala con los dientes. Ven a aprender
Qué pasa si sacas del agua a un pez.
Soy lo que queda cuando a un poeta
Le quitas las letras. Haz un estudio
sobre como destruyo todo lo que construyo.
Soy de la promoción que se hace diamante
Si le raspas el carbón. El trozo de piel que sujeta
A otro trozo cuando te cortas las venas.
Soy Jesucristo y no sé caminar por el agua,
Tampoco sé si existo. El demonio con forma de recuerdos
Que hace que llores en tus sueños.
…
Soy el almirante de mi vida,
Así que ponme hielos
Y disfruta de la caída.
Soy un ángel de la muerte
Que va por el cielo
Tentando a la suerte.
Soy un medio limón,
Ácido y amargo,
Con medio corazón.
Soy una media naranja
Y por eso no encajo
Con mi otra cara.
Soy del club de los imposibles,
De balas perdidas,
Con encanto irresistible.
Soy un gato que ha gastado
Sus siete vidas
Durmiendo por los tejados.
Soy la forma de la luna
Que miras por la ventana
Mientras te haces la dura.
Soy el rayo del sol
Golpeando tu persiana
Para hacerte el amor.
Soy el frío invierno
Que te llena de nieve
Los sentimientos.
Soy el cálido verano
En el que se detienen
Los jóvenes enamorados.
Soy la colorida primavera
Haciéndote flor
Porque estoy como una regadera.
Soy el oscuro otoño
Secando tu rubor
Porque estoy loco.
…
Soy como un beso en un portal,
Joven, intenso y fugaz.
Soy como un sueño en la cama,
Viviendo en tu almohada hasta mañana.
Soy como un río y nunca miro hacia atrás,
Sigo mi corriente hasta el final.
Soy como tú estás, soy como te sientas,
Soy un poco de Rubén y un poco de Leiva.
Soy de veintitantos pero de Vega,
Yo también espero a febrero con pena.
Soy un tipo elegante, nada interesante,
Viajando en Sidecars cada instante.
Soy el perro verde, el hijo de la Inés
Que no se Marea ni con el mundo al revés.
Soy bohemio, viviendo en una canción,
Oye Andrelo, vamos a poner en venta un corazón.
Soy el punto y final de estos versos,
La saliva amarga de un beso.
Soy un pañuelo blanco de despedida
Y las lágrimas en tus mejillas.
domingo, 14 de septiembre de 2014
Duele.
Cuando te despiertas un día, no sabes a qué tipo de guerra
te vas a enfrentar. Yo al menos no. Ni uno de esos cascos tan duros
podría haberme salvado. Tal vez unos cascos para los oídos, para
escuchar música y evadirme del problema principal, para no escuchar
el silbido de las balas pasando a mi lado y dando a parar contra el
pecho o la cabeza de algún compañero. Pero así es esta guerra,
puede caer quien menos te lo esperas, da igual que sea guapo, feo,
rico, pobre, simpático, borde... todos caemos tarde o temprano. Si
algo se llama guerra, no puede salir nada bueno de ahí.
Salí de mi tienda al campo de batalla, había un sol radiante dándome los buenos días, con sorna, el muy hijo de puta. No había pájaros en el cielo, y era normal. Parecía que las nubes también habían huido asustadas de la inminente revuelta. Hoy no se esperaba batalla, sólo reconocimiento de la zona y rastreo de algún enemigo, si es que lo había. Todo estaba en silencio, de momento. Un silencio incómodo que ponía muy nervioso. Iba con un compañero por la zona norte, como en una especie de avanzadilla. Sólo nosotros dos. Yo era algo más mayor, y sabía que estas cosas no terminan bien, pero él todavía iba con la ilusión de un joven que se enamora por primera vez.
-¿Ves algo? -me preguntó, iba detrás de mí.
-Hay bastantes formaciones rocosas que nos permitirían parapetarnos bien. Además estamos en el punto más elevado de la zona, lo que nos puede dar ventaja sobre el enemigo. Acerquémonos más a esas piedras de allí -y señalé hacia un montón de rocas que había a unos 20 metros.
A medida que nos acercábamos, algo decía en mi interior que todo estaba muy tranquilo, demasiado. Es en esos momentos cuando se te pasan por la cabeza miles de situaciones horrorosas, de esas que sólo conoces porque ya las has vivido antes en una guerra. De esas que están húmedas de lágrimas y manchadas de sangre. Situaciones sordas donde sólo escuchas gritos y bombas. Pero esta guerra era peor, mucho peor que esas. Cuando llegamos a las rocas propuse descansar un poco y beber agua. Sabía a metal de la cantimplora, pero vista la situación, era de lo que menos te podías quejar.
-¡Mira! -gritó mi compañero señalando algo que se movía a bastante distancia. Parecía el enemigo. Si.
-¡Mierda! ¡Prepara el arma, corre! -y sonó un disparo. La figura que se movía cayó de golpe, detrás del muro de una casa destruida – Buena puntería. Voy a acercarme a ver, cúbreme.
Avancé con cautela, nervioso. El sudor me caía por la punta de la nariz, no sabía si del calor o de sentimientos encontrados en mi interior, tales como miedo, emoción, impaciencia. No parecía haber nadie más en la zona. Puede que el enemigo estuviera también de reconocimiento por la zona y no para presentar batalla. Ese era el problema, nosotros siempre estamos preparados y ellos no. Llegué al cuerpo. Sabíamos del enemigo que era inteligente y que en ocasiones había tenido más fuerza que nosotros mismos. Era un adversario digno de admirar, pero ahí estaba, tumbad...
-¡Mierda! -grité cuando de repente se dio la vuelta. Y luego ya lo de siempre. Un silbido.
Mientras cerraba los ojos, pude ver como el enemigo se iba, y yo quedaba en un profundo estado de dolor. Evidentemente lloraba, y notaba el pecho húmedo, pegajoso. Siempre saben donde dar. Escuché unos pasos que venían hacia mí. Esperaba que fuese mi compañero.
-¿Qué cojones...? -y se puso de rodillas a mi lado. Me cogió- Estás sangrando, mierda. ¿Qué ha pasado? ¿Qué tipo de herida es esta?
-La peor -pude decir yo entrecortadamente-. He...
-¿He... qué? ¡joder!
-He visto a la muerte. Es de cera, de cera... pero es hermosa -tosí algo de sangre sobre mi compañero-. Sí, lo es.
-¡Le has echado un par de cojones!
-Y su voz... me ha dicho...
-¿Qué te ha dicho? -preguntó el soldado mientras lloraba, gritaba y se manchaba de mi sangre.
-Que me quiere como amigo.
Y me abrazó y lloró por mí, sabiendo que en una batalla de ese calibre no había bala que doliese más que esas palabras y que tantas vidas se habían llevado por delante.
En realidad no fue para tanto ni tan exagerado, pero la vida es más vida si la dramatizas un poco.
Salí de mi tienda al campo de batalla, había un sol radiante dándome los buenos días, con sorna, el muy hijo de puta. No había pájaros en el cielo, y era normal. Parecía que las nubes también habían huido asustadas de la inminente revuelta. Hoy no se esperaba batalla, sólo reconocimiento de la zona y rastreo de algún enemigo, si es que lo había. Todo estaba en silencio, de momento. Un silencio incómodo que ponía muy nervioso. Iba con un compañero por la zona norte, como en una especie de avanzadilla. Sólo nosotros dos. Yo era algo más mayor, y sabía que estas cosas no terminan bien, pero él todavía iba con la ilusión de un joven que se enamora por primera vez.
-¿Ves algo? -me preguntó, iba detrás de mí.
-Hay bastantes formaciones rocosas que nos permitirían parapetarnos bien. Además estamos en el punto más elevado de la zona, lo que nos puede dar ventaja sobre el enemigo. Acerquémonos más a esas piedras de allí -y señalé hacia un montón de rocas que había a unos 20 metros.
A medida que nos acercábamos, algo decía en mi interior que todo estaba muy tranquilo, demasiado. Es en esos momentos cuando se te pasan por la cabeza miles de situaciones horrorosas, de esas que sólo conoces porque ya las has vivido antes en una guerra. De esas que están húmedas de lágrimas y manchadas de sangre. Situaciones sordas donde sólo escuchas gritos y bombas. Pero esta guerra era peor, mucho peor que esas. Cuando llegamos a las rocas propuse descansar un poco y beber agua. Sabía a metal de la cantimplora, pero vista la situación, era de lo que menos te podías quejar.
-¡Mira! -gritó mi compañero señalando algo que se movía a bastante distancia. Parecía el enemigo. Si.
-¡Mierda! ¡Prepara el arma, corre! -y sonó un disparo. La figura que se movía cayó de golpe, detrás del muro de una casa destruida – Buena puntería. Voy a acercarme a ver, cúbreme.
Avancé con cautela, nervioso. El sudor me caía por la punta de la nariz, no sabía si del calor o de sentimientos encontrados en mi interior, tales como miedo, emoción, impaciencia. No parecía haber nadie más en la zona. Puede que el enemigo estuviera también de reconocimiento por la zona y no para presentar batalla. Ese era el problema, nosotros siempre estamos preparados y ellos no. Llegué al cuerpo. Sabíamos del enemigo que era inteligente y que en ocasiones había tenido más fuerza que nosotros mismos. Era un adversario digno de admirar, pero ahí estaba, tumbad...
-¡Mierda! -grité cuando de repente se dio la vuelta. Y luego ya lo de siempre. Un silbido.
Mientras cerraba los ojos, pude ver como el enemigo se iba, y yo quedaba en un profundo estado de dolor. Evidentemente lloraba, y notaba el pecho húmedo, pegajoso. Siempre saben donde dar. Escuché unos pasos que venían hacia mí. Esperaba que fuese mi compañero.
-¿Qué cojones...? -y se puso de rodillas a mi lado. Me cogió- Estás sangrando, mierda. ¿Qué ha pasado? ¿Qué tipo de herida es esta?
-La peor -pude decir yo entrecortadamente-. He...
-¿He... qué? ¡joder!
-He visto a la muerte. Es de cera, de cera... pero es hermosa -tosí algo de sangre sobre mi compañero-. Sí, lo es.
-¡Le has echado un par de cojones!
-Y su voz... me ha dicho...
-¿Qué te ha dicho? -preguntó el soldado mientras lloraba, gritaba y se manchaba de mi sangre.
-Que me quiere como amigo.
Y me abrazó y lloró por mí, sabiendo que en una batalla de ese calibre no había bala que doliese más que esas palabras y que tantas vidas se habían llevado por delante.
En realidad no fue para tanto ni tan exagerado, pero la vida es más vida si la dramatizas un poco.
domingo, 3 de agosto de 2014
Si ella sonríe (lo de siempre).
A veces para que algo sea bonito no tiene que ser rebuscado. Versos simples y mensaje efectivo. Hasta octubre más o menos.
Si ella sonríe
Me chiva el sol
Al oído una canción.
Y si ella sigue
Casi me canta dos.
Si ella sonríe
Se me eriza la polla,
Toca trote y galopa.
Y si ella sigue
Le arranco a bocados la ropa.
Si ella sonríe
Se me van las penas,
Ya ni me corto las venas.
Y si ella sigue
Se quedan mudas las sirenas.
Si ella sonríe
Es que hay fiesta en su cama,
Toca no salir hasta mañana.
Y si ella sigue
Aguanto hasta que no haya ganas.
Si ella sonríe
Se pone celosa la luna
Porque su boca brilla más que ninguna.
Y si ella sigue
Se vuelve menos oscura.
Si ella sonríe
Me pongo tontorrón
Se me empalma el corazón
Y si ella sigue
Toca coserme a su edredón.
Si ella sonríe
Pone luces a mis quebrantos
Esos de los que yo canto
Y si ella sigue
Entonces me levanto.
Si ella sonríe
Me da pena pensar estas burradas
Porque ella es más bien un hada
Y si ella sigue
La beso, me quiere, y no ha pasado nada.
Si ella sonríe
Me chiva el sol
Al oído una canción.
Y si ella sigue
Casi me canta dos.
Si ella sonríe
Se me eriza la polla,
Toca trote y galopa.
Y si ella sigue
Le arranco a bocados la ropa.
Si ella sonríe
Se me van las penas,
Ya ni me corto las venas.
Y si ella sigue
Se quedan mudas las sirenas.
Si ella sonríe
Es que hay fiesta en su cama,
Toca no salir hasta mañana.
Y si ella sigue
Aguanto hasta que no haya ganas.
Si ella sonríe
Se pone celosa la luna
Porque su boca brilla más que ninguna.
Y si ella sigue
Se vuelve menos oscura.
Si ella sonríe
Me pongo tontorrón
Se me empalma el corazón
Y si ella sigue
Toca coserme a su edredón.
Si ella sonríe
Pone luces a mis quebrantos
Esos de los que yo canto
Y si ella sigue
Entonces me levanto.
Si ella sonríe
Me da pena pensar estas burradas
Porque ella es más bien un hada
Y si ella sigue
La beso, me quiere, y no ha pasado nada.
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