jueves, 6 de noviembre de 2014

La consciencia del sentimiento.

     Porque sentí, y fui consciente de ello. Porque tenía ganas de expresarlo, y de entre todas las maneras que había, escogí esto de juntar palabras. Porque se me cagaba el cerebro y me vomitaba el corazón. Porque había que ensuciar algo. Porque no soy el mejor, pero si el que más me gusta. Porque una vez que empiezas no puedes parar, y aquí no me refiero a escribir, sino a sentir. Porque no sólo hay amor, también hay amistad, nostalgia, sudor y sangre. Porque cada persona que lo ha leído, ha contribuido a que siguiese escribiendo. Porque yo a veces no quiero o no puedo, pero porque vosotros sí, aquí estoy. Porque queda mucho que sentir y querer. Porque quedan muchas cosas que decir. Porque quedan muchas personas por leer y por inspirar. Porque por quien empezó todo sigue viva y eso me alegra. Porque por quienes continuó siguen vivas, y por algunas me alegro y por otra no. Porque espero que nunca se acabe, y puede depender de mí o de ti. Porque va a ser la primera vez que suba algo aquí que no es mío, sino de Bécquer.

Rima IV


No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.


Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!


Mientras la humana ciencia no descubra
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a do camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!


Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!


Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!




     ¡Qué agradable coincidencia que pueda ser la Rima IV la que aparezca aquí cuando esto cumple cuatro años!


domingo, 2 de noviembre de 2014

La sirena.

Su luna azul está triste de azúcar,
Sabe que no la tocará nunca.
No tiene piel, si tiene seda,
Y si se arruga sube la marea.

Si no está aquí, me pesa el aire,
Y en el agua de vidrio vivo no hay quien la pare.
Los peces se azoran si va subiendo,
Tienen miedo de ella en el infierno.

No tiene pies, es mi sirena,
Pero si la ves, debajo le pones tierra.
No puede andar, pero es mi guía,
Detrás de su cola siempre va la mía.

Su sol verde está alegre de sal,
Sabe que si quiere lo tocará.
No tiene pelo, se peina algas,
Y si se enmaraña se enreda mi ancla.

Si ella está, no vivo brisa,
Pero me bebo el eco de su risa.
Hace burbujas de corazones,
Y yo en mi pompa de ilusiones.

No tiene pies, es mi sirena,
Pero si la ves, debajo le pones tierra.
No puede andar, pero es mi guía,
Detrás de su cola siempre va la mía.

Su nube morada está enfadada y amarga,
Sabe que si llora, llueve pero ella ya está mojada.
No tiene pecho, sólo dos conchas,
Y si follamos sale el ruido de las olas.

Si ella se va, viene la mierda,
Y con ella las ganas de sus piernas..
Hay un tesoro, no son sus ojos,
Son barcos hundidos por su cante roto.

No tiene pies, es mi sirena,
Pero si la ves, debajo le pones tierra.
No puede andar, pero es mi guía,
Detrás de su cola siempre va la mía.

Sus estrellas rojas están indiferentes,
Saben que para ella no son suficientes.
No tiene cuello, tiene coral,
Y si lo beso es dulce hasta el mar.

Si ella vuelve, me da la espalda,
Me quedan sueños secos y la cama mojada.
Vive en un castillo hecho de arena,
Y si llorase no se notaría la diferencia.

No tiene pies, es mi sirena,
Pero si la ves, debajo le pones tierra.
No puede andar, pero es mi guía,
Detrás de su boca siempre va la mía.


viernes, 31 de octubre de 2014

Hell-oween.

     Fui a arropar a mi hijo. Cuando llegué, sólo vi un bulto debajo del edredón. Lo levanté.

     -Papá, hay algo debajo de la cama.

     Me agaché. Ahí estaba, eran sus ojos, estaba asustado y llorando.

     -Papá, hay algo acostado en mi cama.



     Me levanté despacio, y cuando esperaba que mis ojos se encontrasen con la criatura sobre la cama, me desperté. No tenía ningún hijo. Habrá sido una pesadilla. No me podía mover, estaba paralizado. Me estaba agobiando un poco y la única luz que había era un pequeño halo de rayo de luna que se colaba por la ventana. Lo justo para iluminarlo a él, o a eso. En una esquina de la habitación se levantaba, enorme, una capa negra y sobre ella, la cara más terrorífica que se puede ver. Tenía cuernos. Ojos y boca negra. Pelo despeinado, moviéndose por ningún viento que soplaba.




     -¡Cariño! ¡Baja a la cocina un momento, por favor! -dijo mi mujer.

     -¡No bajes! ¡Esa no soy yo! ¡Estoy en el baño!

     Pude moverme. Salí corriendo hacia el baño. El pasillo nunca se me había antojado tan largo. Cuando pasé por la escalera, vi, en la pared blanca, la sombra de eso. Estaba subiendo. Me encerré con mi mujer en el baño. No sé si fue por nuestra respiración acompasada, pero se empañó el espejo. Un dedo invisible empezó a escribir.

     Puedes mirar arriba. Puedes mirar abajo. Mira a la derecha. Mira a la izquierda. Debajo de la cama. En los armarios. Mira donde quieras, pero no te des la vuelta, a él no le gusta.

     No nos dimos la vuelta, pero evidentemente detrás de nosotros no había nada. No se veía nada reflejado en el espejo.

     Nos dimos la vuelta, para no volver a dárnosla nunca más.


domingo, 26 de octubre de 2014

Astronauta.

     Lunares. Es muy típico, cuando hablas de una chica, decir cosas de sus lunares, como que los cuentas o que parecen pepitas de chocolate que endulzan su piel. Incluso también es típico decir lo que voy a decir yo, que lunar viene de luna, y que para pasearme por ellos voy a tener que ser un astronauta. Pero al menos no los voy a contar. O sí. No me interesa contar tus lunares, me interesa contar los momentos en los que te hago reír, me parece más bonita una sonrisa que un lunar, y eso que los lunares me encantan, son como pepitas de chocolate que endulzan tu piel. Vaya, mierda, lo he hecho.

     Estoy, o bueno, una miniatura de mí vestida de astronauta, está en ese lunar que tienes detrás de la oreja derecha. Como tu cuerpo es gravedad cero para mí y me hace flotar, soy tan ligero que cada vez que me poso te hago cosquillas y te hago reír. Ya va una. Como experto en reconocer tu cuerpo, sé cual es el próximo lunar al que tengo que saltar. Cojo impulso usando tu pendiente y me lanzo hacia abajo, de cabeza, para llegar a tu clavícula. Vas desnuda y las vistas hacia abajo son inmejorables. Me deslizo por tu pecho y me paro en tu pezón, que no es un lunar, pero si quiero conseguir otra sonrisa es una parada obligatoria. Además es de esas en las que te muerdes el labio.

     ¿Qué pasa? ¿terremoto? ¿colisionamos con otro cuerpo celeste que viene a toda velocidad hacia ti? No. Sólo te estás tumbando. Eso me va a facilitar mucho las cosas, siempre que no quiera explorar las pequeñas manchitas que tienes justo encima del culo, mis favoritas, por cierto. Próxima parada, tu ombligo. Tienes un lunar justo a la izquierda. Allí voy a montar un pequeño campamento. Voy a arrancarte un poco de piel para comer y haré fuego parpadeando muy rápido. Tallaré un corazón en tu tripa y pondré nuestras iniciales. ¿Por qué en la tripa? Porque el corazón se para y todo se acaba. Tu tripa es para siempre. Levanto el campamento y tengo un dilema. Ir al monte de Venus dispuesto a la colonización de la ficción como única realidad o a tu cadera, que mueves mientras yo muerdo el limón de un gin-tonic usado.

     Como no sé qué hacer, me bajo de tu mundo y de tus lunares. Estas cosas nunca sirven para nada y ya no te sacaba sonrisas. Y para perder el tiempo en tu cuerpo, me quedo con el traje de astronauta y lo pierdo por mis mundos usados y sin usar. Y a la mierda el romanticismo físico y bienvenido el espacial. Ya sé que una estrella no puede dar un abrazo, porque se puede partir, pero al menos da más luz que tu sonrisa y más calor que tu cuerpo.

     Y sí, esto es una mierda, pero es mi blog y subo lo que me da la gana.


sábado, 25 de octubre de 2014

Pura droga.

     -¿Tienes lo que te pedí?
     -Sí, espera.

     Se abrió la gabardina. No sé cómo me podía fiar de ese tipo, estaba completamente desaseado, con una barba asquerosa y un pelo greñudo que seguramente sería el hogar de unos cuantos piojos. El olor tampoco acompañaba mucho, y el lugar, menos aún. Un callejón con un par de portales en los que ningún joven querría besar por primera vez a la chica que le gusta. Es más, no creo que a nadie pudiese gustarle una chica que viviese en un sitio así. A mi no me quedaba más remedio que acudir allí, porque la necesitaba, necesitaba lo que ese capullo estaba a punto de darme. Estaba envuelto en papel de plata, lo cual era lógico, porque el oro no se envuelve con oro, igual que el mar no se envuelve con agua. Tenía ganas de tenerla para mí, no sabía si esnifarla, metérmela en vena, en la boca, por los ojos o hasta por el culo si hiciese falta, sólo quería tenerla dentro de mí. Me dio el paquete y lo abrí allí mismo.

     -¡Hijo de puta! ¡Los ojos, te pedí sus ojos! ¡Los labios ya los tengo, y ni de coña son estos!
     -¡Está bien! ¿Qué te parece la nariz? Esa naricita respingona, ¿la tienes?
     -¡Lo tengo todo menos los ojos! Estoy harto de besos de esquimal, de besos en la boca, de morderle las orejas, de enredarme en su pelo, de tocarle las tetas, de azotarle el culo, del coño, de las rodillas, estoy harto de cogerle la mano y de escuchar latir su corazón... ¿De qué me sirve todo eso si no tengo sus ojos para que me devuelvan su mirada?
     -Pues tenemos un problema, porque si quieres sus ojos, se los robas tú a la noche, y a ver quien mira a la luna sin estrellas. Ahí te quedas, hijo de puta.

     Y se fue. Me dejó solo en ese callejón y con el amor a medias.




viernes, 24 de octubre de 2014

Re-evolución.

     Abelardo tenía una vida sencilla. Como buen mono que era, le gustaba desparasitarse, comer frutas variadas, rascarse los sobacos y, de vez en cuando, masturbarse. Tenía un buen nido, cómodo, con grandes hojas verdes. Era joven y, por supuesto, muy mono. Le gustaba que lloviese en verano, porque así sus hojas-cama estaban húmedas, las ramas estaban húmedas, su pelo estaba húmedo, y no pasaba calor. Esa, creo yo, era su máxima preocupación. Un día, el líder de su grupo, Materio, dijo que si querían avanzar, tendrían que moverse. Lógico, pero eficaz. "¿Avanzar a dónde?" se preguntaba Abelardo. Decidió no darle muchas vueltas y sí darle otra cosa a Ébore, una mona muy mona. Les fue bien, tenían amor de monos, compartían hojas, frutas, parásitos y sobacos. Materio, en cambio, seguía con su idea del cambio, y le asignó una tarea aburrida a cada mono. Abelardo no era más que un simple colector, y como era joven, era de los que se subían a los árboles más altos... ¡Y ni siquiera podía comerse las frutas que cogía! pues eran un bien común. Otros se dedicaban a la construcción de nidos más cómodos en las ramas, otros a la defensa del grupo... "Ojalá yo fuese defensor, van con esos palos afilados, impresionando a las más monas...". El trabajo de Abelardo se tornó rutinario, y cada vez le gustaba menos. Un día, al volver de la recolecta, se encontró a Ébore retozando con Materio... ¡En sus hojas! Por suerte, Abelardo había cagado esa mañana por ahí cerca, así que cogió el mojón y se lo tiró en la cara al líder. Antes de que éste le persiguiese, Abelardo echó a correr entre los árboles, pensando, "¿quién tiene problemas en el trabajo o con las relaciones? ¿qué vidas son las más aburridas?" Entonces llegó a un claro de la selva, y vio un lago. Se acercó. Su pelo había desaparecido, al menos en gran parte, y llevaba un trozo de tela enganchado del cuello. "¡Mierda! ¡He evolucionado!".

     El ex-mono, entonces, vivió peor. "El ser humano es tan imbécil que cree que puede atrapar en una esfera con agujas al tiempo. ¿Esto es la evolución? ¿vivir más preocupado?".

     Abelardo apareció poco después colgado de una rama en medio de la selva, ahorcado con una corbata, desnudo y con el culo lleno de mierda. Lo único que llevaba era un reloj.


domingo, 19 de octubre de 2014

El lugar a donde voy cuando no quiero pensar en ti, pero llegas tú antes y lo jodes todo.

Cuando tengo ganas de enhebrar el hilo en la aguja
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
A todos haciendo cola para verte desnuda.
Está lleno de cacharros y otros cuentos,
Y allí tengo conversaciones con la luna,
Se queda conmigo hasta que me despierto.

Cuando tengo que rascar el musgo de las piedras
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
Con ríos de tinta que arrastran planetas.
Yo que soy un chico de invierno
Quiero poner con mis ojos morenas a tus tetas
Y parpadear por si me paso y sale fuego.

Cuando tengo miedo de empezar otra vez
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
A mí mismo, parado ahí de pie.
Está lleno de sombras y de espejos.
Me pregunto si te volveré a ver
Si salgo de allí a regar los tiestos.

Cuando tengo que hacer el amor y me sale guerra
Voy a mi sitio secreto y me encuentro
Con que estás despeinada y con las heridas abiertas.
Así que dejo que se me caiga la boca al suelo
Mientras tu bailas sobre mi lengua
El triste vals de un cantante muerto.

De qué me sirve correr
Para escapar de ti,
Si cuando empiezo a querer
Tú ya estás allí.
Jodiéndolo todo,
No dejándome solo
Dándome de beber.

Cuando tengo pensado evadirme de ti un rato
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
Has llegado tú como un ángel volando,
La culpa es mía por irme de la tierra,
Pero es que a veces me paso soñando
Y tú te pasas de brisa ligera.

Cuando tengo pajaritos sin ramas ni árboles
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
El vuelo de tu falda ha talado los bosques
Y han dejado sin vidas los campos de fresas
Donde estaban corriendo todos mis caracoles
Pa' llegar los primeros a la curva de tus cejas.

Cuando tengo la arena para hacer una orilla
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
Veo que tu piel es espuma y me la tiras.
El salitre en tus manos me deja la cara reseca
Y te separas y te me llevas la vida
Como si tuviese otra que no llevo puesta.

Cuando tengo un regalo para darme a solas
Voy a mi sitio secreto y ¡sorpresa!
Has salido para verme y cortarme la cola.
Entonces te sale esa sonrisa perversa
Y adiós a mi sitio verde con amapolas,
Hola a tu escenario de mierda.

De qué me sirve correr
Para escapar de ti
Si donde tiene que llover
Te has llevado el abril
Jodiéndolo todo,
No dejándome solo
Y yo empezando a querer
Asustándome un poco...

Así que voy a mi sitio secreto
Esperando no escuchar
Un “cuanto te quiero”.
Me vale con tocar
Un poco tu cielo.
Hazme volar
Entre tu pelo.
Voy a llorar
A ras de suelo,
Y se van a regar
Las flores que tengo,
Y van a llegar
Hasta donde pongas un techo
En mi sitio secreto
Que has llenado de ti,
Yo que lo creé para huir
Y ahora está
Llenito de tu olor,
De tu piel crepuscular.
Enganchándome al sabor
Que me va a hacer soñar
Si no me despierto
Y derrumbo mi lugar secreto
A donde voy cuando no quiero pensar en ti,
Pero llego, y tú ya estás allí.