martes, 4 de agosto de 2015

Para tres personas que leen esto no voy a poner un título decente.

A veces me caigo
Porque dejo palabras por el suelo.
El otro día pisé "acantilado"
Y el final estaba tan lejos
Que durante la caída
Pude ver pasar mi vida.
Es muy triste que todos mis logros
Sean tus ojos,
Me da mucha pena
Que mis metas
Sean tus piernas,
Dan ganas de llorar
Pensar
Que las puedes cerrar,
Es incluso pervertido
El que yo lo encuentre divertido.
Pensaba en ti
Y en tu cuerpo
Al acercarme al suelo,
Y en todas las guarradas,
En mi boca contra tu espalda,
Se me llenaron las manos
Con lo que estaba agarrando.
Tal vez si hubiese pisado
La palabra "infinito"
Hubiese estado más tiempo pensando
En nuestros cuerpos juntitos.
En que nunca ha de llegar
Esa realidad
Que me separa del aire,
De ti y de mis males,
De mi mundo perfecto,
La piel de mis huesos,
La sangre de las venas,
Tu nombre en mis arterias
Como una enfermedad inversa
Que no me atraviesa el corazón,
Sino que lo besa con razón,
Para verle latir,
Sin ganas de vivir
Salvo si me salvas,
Sólo si me sacas
Una sonrisa de papel
Con tijeras y al revés.
Chiquita mañosa de pocos caprichos
Sólo tienes uno malo
Que es estar conmigo
Aunque te haga daño
Porque tengo el amor dormido.
Está un poco loco, es masoca,
Porque tengo pesadillas
Pero ahí sigue, a veces ronca
Y se asustan los sueños,
Por eso no los tengo,
Por eso no te tengo
Y porque aunque pueda poder
Es que no quiero.
Joder.

lunes, 3 de agosto de 2015

El título que nunca se me ocurrió para describir algo que no tenga nada que ver.

     Era viernes y llovía tan intensamente que pensé que ibas a aparecer para besarme, pero no era otoño y lo único marrón que había en el suelo eran las mierdas de los perros. Era una típica tormenta de verano, como siempre que escribo. Había salido a pasear un poco, a ver si andando por mi barrio acababa en el tuyo, o mejor, te acababa conociendo. Me fui a resguardar en unos soportales, como la gente normal. Como yo. El cielo estaba muy gris y la lluvia era fresca. El olor a húmedo me gustaba. Y nada, ahí estaba yo, esperando y pensando, como siempre que escribo también, pensando en decir algo pero sin decirlo. Miré a la gente, estaban más grises que el cielo. Me deprimían tanto que preferí mojarme, a fin de cuentas soy un tipo de esos a los que les encanta la lluvia, o eso decimos para parecer interesantes. No me acuerdo de lo que llevaba puesto, pero tampoco era importante, sólo sé que empezó a pesar mucho, demasiado, todo de repente, mientras una luz fuerte me dejó algo cegado. La tela mojada empujaba mi cuerpo, ya algo frío, contra el suelo, mojado también. Me estaba cayendo, lo supe en cuanto cambié el gris del cielo por el gris de la acera.

     Y me morí, pero no sé de qué.

     El caso es que aparecí en una especie de sala de espera, con otras personas que supuse que también habían muerto. Una mujer tenía la cabeza llena de sangre y un cuchillo de cocina clavado en un costado. Otro hombre tenía la cara llena de cristales pequeños... En fin, todo un espectáculo. Sentía vergüenza porque mi cuerpo no estaba cubierto de sangre como el de los demás, allí era como el de la "muerte limpia", si además supieran que tampoco me dolió... Me senté a esperar mi turno, porque supuse que eso era lo que había que hacer. El tiempo no pasaba, porque estaba muerto, así que no sabía con certeza si estaba esperando o si todo estaba pasando. Era complicado. Me llamaron por un megáfono. Entré a una sala, era la única puerta que había y todos a los que habían llamado anteriormente habían entrado por ahí.

     Sólo había una mesa con una carpeta encima. En ella ponía "Proyecto Ángel". Muy bonito todo. Le eché un ojo, y ¡vaya! lo que me esperaba era realmente decepcionante, ponía algo así como que tenía que ser ángel de la guarda de... ella. ¿En serio? ¿No había personas en el mundo? ¿pasaba algo si me negaba? En esa información no ponía nada. Tampoco ponía si iba a cobrar. Cerré la carpeta. No sabía muy bien qué hacer. Esa situación sería mejor si fuese ella la que estuviese muerta. Algo tiró de mis pies y caí. Caí mucho. Me di contra un suelo y no me dolió, porque... ¡joder! ¡Estaba muerto! Pero reconocería ese suelo a veinte mil leguas. Y ese olor, y ese pelo, y esa respiración mientras duerme... Me sentía un poco acosador, pero al fin y al cabo ese era mi trabajo.

     Se despertó, y cual fue mi sorpresa al ver que se quedó un rato sentada en la cama, llorando, como si estuviese triste por algo... ¿Debería seguirla también a la ducha? Se podía caer y tendría que salvarla, además... no voy a ver nada que no haya visto o comido antes, y ella no iba a verme a mí. También lloró en la ducha, haciendo que todo lo erótico de la escena se fuese por el desagüe. No sabía que los ángeles pudiésemos tener ese tipo de sentimientos, pero sí, los teníamos, y con total libertad. Ojalá mis brazos fuesen su toalla.

     Ese verano pareció haber muchas tormentas. Ella se protegía muy bien y no me necesitaba para nada. Me aburría mucho, pero descubrí que si me separaba de ella me dolía el pecho, lo que es realmente paradójico, porque no era la primera vez que me dolía después de que se separara ella de mí. Mi muerte pareció afectarla sólo durante unos días, después siguió con su vida normal. O eso creía. Sonreía y no brillaban sus ojos, suspiraba y el alma me dejaba congelado. Me encantaba verla mal. Muy mal. Pero mi misión era salvarla no sólo de peligros físicos que pudiesen acabar con su vida. Por las noches me tumbaba junto a ella, aunque no me gustaba mucho dormir con gente, pero era por su alma, que es lo que realmente tenía que proteger. Esas noches parecía que su alma se saliese de ella y pudiese verme. Entonces los dos nos poníamos en el alféizar de su ventana, charlando. Ojalá ella fuese igual de encantadora que su alma. Tuvimos una idea. Me iba a doler a mí más que a ella, pero lo mismo merecía la pena.

     Salió de fiesta, era casualmente el día de mi cumpleaños, aunque no me notaba más viejo. Bebió mucho. Mi trabajo iba a ser duro esa noche. Mejor. Ya he escrito mucho sobre Madrid de noche, y ya veis que ni muerto dejo de escribir, así que me saltaré lo bonito de las farolas y lo feo de los borrachos meando por las esquinas e iré al grano. Iba hacia Cibeles para coger un búho que la llevase a casa. Se paró en un paso de cebra. Me coloqué detrás de ella y atravesé su espalda con mis manos, estaba suave y fría. No llovía, así que no iba a ser tan dramático. Se acercaba un autobús bastante rápido, así que empujé su alma, con tanta suerte que su cuerpo fue detrás de ella. Murió en el acto. Me dolió tanto el pecho que me morí yo también. Otra vez. Para siempre.

     [...]

     Abrí los ojos. La lluvia me golpeaba en la cara.

     -Chico, ¿estás bien? ¡Casi te matas! -me dijo un hombre, acercándome una Coca-cola-. Ten, un poco de azúcar, para el susto y eso.
     -Gracias -dije recobrando el aliento.
     -Te vimos salir del soportal y justo te cayó un rayo al lado. No te dio de milagro. Debes tener un ángel de la guarda o algo así...


domingo, 19 de julio de 2015

Soy [II]

Soy del Jose Mari y de la Estrella,
Dicen que de España
Pero llevo a Grecia en mis venas.
Soy todas las palabras
Que hace la Nube sobre la Selva
Y ahora la que Brillaba.

Soy de mis tres hermanas,
Soy de todos mis amigos,
Soy todos sus nombres
Que no caben aquí escritos.
Soy Ídolo, soy admirador,
Soy poeta y soy dolor.

Soy de muchos escenarios,
Carne de cañón para los focos,
Soy más de una voz en el teatro.
Soy sangre en el Egeo
Y viento en Epidauro,
Sólo soy donde me llevan tus manos.

Soy de la playa de Sagunto,
Soy de su castillo y de sus calles.
Soy un poco en Italia,
Estoy hecho de retales.
Soy lo que me gustaría decirte
Pero que no me sale.

Soy alumno de todas las carreras,
Soy una pena que mata,
Sólo soy estas letras,
Soy una rota mirada,
Que si no fuese por los cristales
No sería nada.

Soy todo el daño que llevo encima
Y soy todas sus curas.
También soy todas mis sonrisas,
Soy quien me las provoca.
Si soy yo a veces soy la soledad,
Y si fuese un río, no miraría hacia atrás.

Soy sólo un corazón
Con todos sus errores.
Soy sólo un acierto
De todos mis corazones.
Soy un puño cerrado que se alza al viento
Hay quien lucha por fuera, yo por dentro.

Soy todos los libros que he leído,
Soy Bukowski, soy Holden,
Harry Potter y soy Bilbo.
Soy toda mi música, soy un héroe,
Estoy cansado al ser de tantos sitios,
Soy un oasis, pero nunca seré olvido.

Soy películas, soy fotografías,
Lo que me rodea,
Y quien sea persona amiga.
Soy un rayo de luz, soy oscuridad,
Soy el humo de un cigarro
En tu poesía a medio acabar.

Soy algunas botellas y tercios,
A veces en tu almohada,
A veces soy tu techo.
Soy Chema entre otras cosas,
No soy un mal beso,
Puede que un alma odiosa.
Soy un enredo en tu pelo,
Una frase graciosa.
Sin duda soy lo que quiero
Y no quiero
Ser otra persona.

martes, 14 de julio de 2015

De Malasaña a Las Ramblas

     Siempre que pienso en Malasaña me imagino garitos oscuros, con rock & roll de fondo y con sólo dos bebidas permitidas, la cerveza y el gin-tonic, para tomarte un ron con limón te vas a una discoteca. Aquí la cuestión es ser decadentista, hipster, moderno, trágico o todo a la vez. Cuando sales del metro de Tribunal y ves el ambiente ya sabes si va a ser una buena noche o no, y esta lo iba a ser. Me reuní con tres murcianos de pro, de los que a mi parecer tienen más gracia natural que un andaluz. Aún no olía a meado y se dejaron guiar por mí. Primera parada, unos tercios en La Vía Láctea. Después vino la gran decepción,y  sólo acababa de empezar... el Little Angie estaba cerrado, pero cerrado de desaparecido. Había otro lugar moderno al que no me quise ni acercar, no fuese a ser que me apareciesen volando mis gafas de pasta bien guardadas en casa, o se me arreglase la barba... quita, quita, mejor lejos.

     Fuimos a La Vaca Austera a por un cubo de Ambar, lugar de procedencia, Bunburylandia, amarga, todo lo contrario que la noche. Ya he dicho que Malasaña suele ser un lugar oscuro, pero la sonrisa de mi acompañante femenina podría iluminar Tribunal y parte de Gran Vía. El sitio no estaba mal, pero creo que por la compañía, porque la música y el ambiente del local... me hacían beber rápido para irme de allí. Salimos a esquivar orientales y su cerveza a un euro. Andrea se empeñó en entrar al Rey Lagarto, todo lo que hay allí son malos recuerdos para mí, desde el olor y su olor hasta la música y su música, pero quién dice que no a una chica que dice "achoooo" y que lleva a su novio, muy fuerte por cierto, y a su amigo como fieles escuderos. Entramos, bajo al baño, piso un charco de meados, meo, subo, melenas se enredan en mi cara como recuerdos sudados. Nos vamos, la noche es joven y Madrid Me Mata nos convence mucho. Marvin Gaye, Rosendo, Ariel Rot, Alaska... y lo más importante, chupitos gratis. Ese bar-museo tiene mi futura visita asegurada. De momento esa noche acabó más pronto de lo que uno quisiera. Bajamos hasta Gran Vía, donde mis amigos murcianos bajarían Montera hasta Sol para ir a su hostal, y yo bajaría hasta Cibeles para ir a mi autobús. No iba a dormir en él, pero es lo que me llevaría a casa. Me despedí de ellos, esperando volver a verles como espera un niño la Navidad, aunque ojalá no pase un año sin ver a Andrea porque es una de esas personas con las que puedes hablar mucho de muchas cosas, pero que sabe que la base de todo es el sentimiento, y tengo los mejores para una amiga como ella.

     El cielo de Madrid estaba más naranja de lo habitual mientras bajaba la calle. No tenía sueño, los coches, las luces, pasaban a mi lado, las rosas de las chicas con falda también. Paco me cogió del hombro y me dijo:

     -¡Qué fresquitas van esas por Barcelona! ¿no?

     Y efectivamente, lo iban. Acabábamos de actuar, la última Hécuba, homenaje al maestro que nos ha enseñado lo mejor de la vida, el que nos ha dado Grecia y ha metido por nuestros oídos un espíritu heleno. Cena en el McDonalds y la idea de tomar algo. Bajamos Mario, Abraham, Paco, Manu, Pablo y yo por Las Ramblas para ir a buscar a nuestras acompañantes femeninas. en su casa había un calor de la hostia, pegajoso, como follar sudando en verano pero sin la parte placentera. No aguantamos mucho y bajamos a la calle. Me sabía la boca a Yacaré con naranja. Sí, era ron, pero no estaba en Malasaña, aunque tampoco en una discoteca. Abraham intentó colar un rollo de papel del culo por el balcón de las chicas, y esto no era literatura, pero me hizo una gracia de cojones, en serio.

     Las chicas tardaban mucho, tanto que me di cuenta de que el cielo de Barcelona no era tan naranja. Las chicas seguían tardando y pensé que hace un rato escaso una prostituta, que seguro que era un maromo, me había dicho algo de su raja, también me hizo gracia. Ya estábamos todos, y lo que hicimos Paco, Abraham, Mario y yo fue "pillar un teki" como dice Paco y volver a nuestro hostal, porque Barcelona un lunes a la 1:30 está muerto. En Las Ramblas solo hay pakistaníes con cervezas, como en Madrid los chinos. Así que cogimos nuestro sudor y nos fuimos sin despedirnos ni nada, a lo cabrón. Pero más cabronada fue llegar al hostal en Sants y ver que la puerta estaba cerrada, y nosotros sin llave. Nos veíamos durmiendo en La Barceloneta, pero no, la llamada insistente a los telefonillos a las 2:00 da resultado, más que el intento de Abraham de abrir la puerta a hostias. Yo tengo la literatura, él tiene el boxeo, somos prácticamente iguales. Una meada y a dormir en un cuarto con tres literas, siete personas en una habitación, tres ventiladores y ninguno apuntaba a mi cama. ¿Podría haber algo peor? Sí, ir a ducharte por la mañana, no tener chanclas y arriesgarte a pillar hongos como poco en unas duchas comunitarias para todo el hostal. ¿Podría haber algo peor? Sí, ducharte, llenar el suelo de agua, salir desnudo, ponerte una toalla y salir semidesnudo al pasillo. ¿Algo peor? Sí, encontrarte a tu ex saliendo de la habitación.

     -Eh...
     -Eh...

     ¿Algo peor? Volver a Madrid, 40 grados, se derriten hasta los edificios. Que tu ex se deje la maleta y que el único que pueda contactar con ella seas tú.

      Las Ramblas no han estado mal, La Barceloneta está sucia de cojones y el calor pegajoso era insoportable, así que me quedo con mi Malasaña, que hay menos desencuentros.


martes, 23 de junio de 2015

Ya no sé ni cómo llamar a estas cosas

Dijimos que sería para siempre,
le pusimos nombre y apellidos.
Pero hay cosas que no se entienden,
como un corazón con dos cuchillos.

Dije que te querría para siempre,
pero también se secan los ríos.
Purgué las farolas para no verte,
prefiero encontrar mi amor propio perdido.

Dijiste que me querrías para siempre,
pero a mí tampoco me gusta mirar a los ojos.
También creo que aquí sobra gente
y faltan más jardines con el borde roto,
desbordados de personas a las que
han dejado plantados.

Hasta con una pistola podría hacer más el bien
que con un violín, aunque me manche más las manos.
Todos mis pecados me hacen ser más humano,
pero los tuyos me hicieron menos persona,
y aunque dije que te querría para siempre
supe romper el tiempo al tiempo que pasaban las horas.

Quién de los dos falló,
supongo que yo.
Guié hacia el odio
todo tu amor.
Se estaba volviendo negro,
así que fue lo mejor,
que para llenarme de tinta
exprimo un corazón.

El sonido de una ausencia que acojona,
el eco en las paredes,
el agua en la cara,
la tormenta, aquí.
Y a quien esté a mi lado:
gracias por venir.





miércoles, 17 de junio de 2015

Madridfornication

     Y me las di de escritor, vaya que si me las di. Primero me puse a repartir poesías en la puerta de La Casa del Libro en Gran Vía, seguro que me habéis visto alguna vez. Ahí estaba yo, con unos pantalones rotos y una camisa hecha una mierda, a juego con lo que cubre. También estaba ella, la típica pijilla moderna que entra a mirar libros para comprarse el que esté de moda y hacerse la interesante. Daba igual, estaba buena.

     -En lo que entras y sales, te escribo un verso por cada pestaña -le dije guiñándole un ojo y sujetándole la puerta.
     -¿Acaso has contado cuántas tengo?
     -Una por cada suspiro que he dado al faltarme el aire cuando has parpadeado.

     Cuando salió le regalé un poema infinito. Le gustó, supongo, porque quince minutos después estábamos hablando de mierdas en un Starbucks. Pagaba ella, por supuesto. Me contó que vivía por la zona de Huertas, yo le dije que tenía ganas de vivir, y vaya, no mucho después ya me estaba sobando la polla en el ascensor. No sé si pedí el café con caramelo o eran sus besos, pero me sabía a gloria. No hacía mucho calor, pero sus sábanas moradas estaban mejor en el suelo y nuestros cuerpos carnosos mejor en su colchón. Eso sí fue un buen poema, lo estuve escribiendo hasta que el lápiz no dio mucho más de sí. El sacapuntas ya estaba lleno así que tuve que hacer recitación oral. Fue todo muy limpio y muy guarro, pero esos eran los mejores. Cuando terminé me dejó ducharme en su casa, porque a mí se me había olvidado dónde vivía o si mi madre se seguía preocupando por mí. Le robé unas gafas de sol que hacían juego con mi sombra y me fui.

     En mitad de la calle y con el sol que daba una farola, me puse a leer las frases que había en el suelo. Latino se acababa de suicidar en un balcón mientras unas golondrinas oscuras le picaban los ojos, no tuve misericordia de él y lo inmortalicé en una conversación con una chica que pasaba. Era un poco bohemia, pelo mal recogido y una rasta por ahí, libre como el amor que respiramos, aunque creo que era maría. Sus pantalones bombachos ocultaban un buen culo, o eso quise pensar. La tía iba tan colocada que me siguió el rollo. Me habló de su carrera, que no me acuerdo de cuál era, comentó algo sobre política, pero me dio bastante igual, me recomendó algunos autores que ni siquiera apunté, no tenía dinero para leer, y eso si que era injusticia, y no esas cosas de las que ella me hablaba.

     -Yo vivo del cuento.
     -¿Eres estafador o algo de eso? -me preguntó mientras salíamos de un chino con una litrona en la mano.
     -No, de las letras. Escribo cuentos para que las niñas mayores se vayan a la cama.
     -¿Y eso da dinero?
     -Da amor.

     Y vaya si lo daba. A las 4 de la madrugada me estaba dando el lote con una hippie más limpia de lo que esperaba. Quiso ir más lejos pero vivía con sus padres, y realmente su casa si que estaba lejos. A mí me daba igual hacerlo o no, pero cuando te las das de escritor tienes que saber borrar los versos que no riman y las enumeraciones muy largas. Le dije que no tenía casa porque era demasiado libre, y demasiado pobre. No importó, si algo tiene Madrid son políticos y callejones. Entre dos coches empezó la faena, pasaba la boca de la litrona a... bueno, ya sabéis. No me gustaba que fumase, porque le tenía que sujetar yo el cigarro con aliño y el humo me tapaba las estrellas. Luego pensé que aquí no había estrellas, así que me concentré en tocarle las tetas. Fui bajando hasta la zona húmeda, pero ninguno teníamos bañador. Ahí se quedó la cosa. No sé si nos despedimos. Yo tiré para Cibeles y ella... pues no sé, a luchar por una causa justa. Espero que se acuerde de los libros.

     Estaba amaneciendo y había perdido la tarde anterior y la noche deshaciéndome en dos chicas. Nunca tengo tiempo para mí, pero bueno, así no la cago. La última vez que pensé mucho la jodí, y no joder en el sentido de las dos últimas veces que he jodido. Me senté en el Paseo del Prado y me rasqué los sobacos, era el mejor placer mañanero que pude tener. No tenía el cuerpo para muchas erecciones. O sí. Una morena pasó haciendo eses y con los tacones en la mano. Iba de negro a juego con mi personalidad.

     -¿Dónde vas, morena? ¿No ves que te han cerrado las farolas y te han apagado los bares?

     Intentó hablar, pero se potó encima y se tiró a mi lado. No me molestaba el olor a pota, ya me había acostumbrado, yo también lloraba mucho de vez en cuando. Cogí su bolso, entre compresas y maquillaje vi la cartera. Miré su dirección en el DNI. Vivía en Serrano, si la llevaba a cuestas lo mismo desayunaba algo dulce, y además me invitaría a café con tostadas.

     Dárselas de escritor es agotador, pero menos sexo da no tener imaginación.



domingo, 7 de junio de 2015

Aristas claras (para que te vayas)

De tantas palabras que me sé,
Ninguna es la adecuada para decirte adiós,
No sé si es que me queda por aprender
O es que el rencor no sabe gritar a viva voz.

Si te escribiese para que te fueses
Una canción, sería una mierda,
Poniendo con letras las veces
Que te querría ver muerta.

Porque no te quiero a mi lado,
Y que se me vuelen los brazos
Para ir a buscar
Un cuerpo sin cadenas
Que se llame libertad.

Cansados, así tengo los besos,
Así que déjalos entre sueños.
Que tengo los labios con sangre
Que sabe mejor que tu boca incesante.

No hay un número tan grande,
Ni ciencias explicables
Para este sentimiento
Que cava fosas,
Y es que te odio
Por encima de todas las cosas,
Así que vete alejando
Por el camino solitario,
Que te quiero escribir:

Amor espacial,
Sentimiento irracional,
Y para que te vayas
Un camino de aristas claras.