En tus ojos están todos los colores del mar,
pero en los míos sólo se ve la ceniza
que quedó después de luchar
en nuestra guerra enfermiza.
Y ahora dos cuerpos llenos de sangre
se preguntan quién fue el culpable,
quién disparó primero, no sé si mis manos,
no sé si tu pelo, pero nos destrozamos.
En mi cama están todas las estatuas en recuerdo
de las promesas que nos hicimos
pero que tras la guerra han muerto
y su réquiem es todo lo que no nos dijimos.
Y ahora dos cuerpos llenos de sangre
se preguntan quién fue el culpable,
quién disparó primero, no sé si mis labios,
no sé si tus besos, pero no aguantamos.
Y ahora dos cuerpos llenos de heridas
se preguntan dónde se fue la vida.
Sólo sé que desde que no te tocan
mis manos hacen de los cordones una soga,
porque nuestra guerra dejó secuelas,
los dos tenemos cicatrices
pero ninguno se las venda.
lunes, 12 de octubre de 2015
martes, 6 de octubre de 2015
Un poco de juego
Hank vivía al final de la calle. No
era una gran calle, ni una calle bonita. Tampoco era muy segura a
partir de ciertas horas de la noche, pero era la calle en la que él
vivía. En su portal me encontré a un yonki durmiendo, pero fue
fácil de saltar. Subí al tercer piso fijándome en las paredes del
rellano, no sé si era por la luz o por el color, pero parecían
enmohecidas, y seguramente lo estuviesen. Tuve suerte de que todas
las bombillas funcionasen. Su puerta estaba bastante desconchada,
como su corazón. Como nuestro corazón. No tuve que llamar, la
puerta estaba medio entornada. Allí estaba Hank, viejo, con una
camisa medio desabrochada y con manchas de vómito, en calzoncillos,
mostrando unas fuertes piernas. Llevaba calcetines que
sorprendentemente iban a juego, por lo que supuse que se los había
puesto antes de beber. Debía llevar un par de semanas sin afeitarse,
y sin ducharse incluso. Pero así era Hank. Cuando entré levantó la
cabeza de entre sus papeles, me miró, señaló a la cocina y siguió
escribiendo. Fui a la cocina y cogí dos vasos y una botella de vino.
Yo no entendía de vino, pero sabía que si él lo tenía allí, no
era malo, aunque seguramente tampoco era bueno. Puse dos vasos y me
senté a su lado.
–¿Qué escribes, Hanky?
–Lo de siempre, zorras y carreras de caballos. ¿Quieres
que vayamos a apostar?–Vivo apostando, Hank, vivo apostando.
–¿Y ganas alguna vez?
–Depende, ¿a qué le llamas ganar?
–A no tener ese sentimiento de tristeza. Puedes ganar si tu caballo gana, pero también puedes ganar si, aunque tu caballo pierda, eres feliz en las carreras, pasas el rato... ganas en felicidad, si es que eso existe.
–Entonces vivo perdiendo, Hanky –bebí, él bebió y siguió escribiendo–. Tengo buen ojo para los caballos perdedores.
–Bueno, al menos te fijas en los caballos. Peor sería no jugártela y quedarte en casa esperando morir, sin saber si puedes ganar o perder. Aunque en cierto modo, eso es una derrota. Es LA derrota. ¿Te han derrotado alguna vez?
–Cada vez que he apostado. Nunca he perdido, me he ganado la derrota.
No dijo nada, sino que se levantó y se fue a su cuarto. Eché un ojo a lo que estaba escribiendo:
“Entró en mi casa como si nada. Yo estaba medio desnudo, pero no nos incomodaba. Le mandé a la cocina a por un poco de ese vino barato que entra mejor que muchas mujeres más caras. Me preguntó por lo que escribía. Odiaba que me llamase Hanky, pero diablos, le tenía algo de cariño a ese chico. Empezamos a hablar de carreras de caballos, pero la gente no es gilipollas. El juego es la metáfora más acertada para hablar del amor, y su caballo estaba cojo y viejo, pero podría ser peor, podría estar muerto. Cada vez que abría la boca veía como su alma se le escapaba un poco, desgarrándose la voz, el eco pronunciaba el nombre de una chica. Me levanté cansado de tristezas y fui a vestirme”
Hank salió de la habitación.
–¿Nos vamos a las carreras? –me preguntó.
–Prefiero un poco de juego.
martes, 29 de septiembre de 2015
No te había visto
A cualquier cosa le llamabas libertad,
primero estar a mi lado,
luego a no verme nunca más,
pero siempre me veo implicado.
No pasa nada, cualquiera se puede equivocar,
como hice yo contigo, o tú conmigo,
pero vaya error más dulce que nos fue a enseñar
que cuando algo sale mal, puede ser más bonito.
Perdón, no te había visto,
no sabía que me leías.
Apenas existo,
apenas te quería.
A cualquier cosa le llamábamos arrasar,
quemar todos los garitos,
follar para acabar,
pero siempre mandaban los gritos.
No pasa nada, cualquiera sabe que la diversión se acaba,
como me dejo llevar después de ser río.
Matarnos cada vez que se nos antojaba,
morirnos fue lo que nos quedó más bonito.
Perdón, no te había visto,
no sabía que me leías.
Apenas te escribo,
apenas todos los días.
primero estar a mi lado,
luego a no verme nunca más,
pero siempre me veo implicado.
No pasa nada, cualquiera se puede equivocar,
como hice yo contigo, o tú conmigo,
pero vaya error más dulce que nos fue a enseñar
que cuando algo sale mal, puede ser más bonito.
Perdón, no te había visto,
no sabía que me leías.
Apenas existo,
apenas te quería.
A cualquier cosa le llamábamos arrasar,
quemar todos los garitos,
follar para acabar,
pero siempre mandaban los gritos.
No pasa nada, cualquiera sabe que la diversión se acaba,
como me dejo llevar después de ser río.
Matarnos cada vez que se nos antojaba,
morirnos fue lo que nos quedó más bonito.
Perdón, no te había visto,
no sabía que me leías.
Apenas te escribo,
apenas todos los días.
martes, 22 de septiembre de 2015
Brutal.
I
Entonces la sombra entra, no sé por dónde, pero ahí llega. No le da asco pisar por todo ese lugar pantanoso, pero a mí me duele. Observa todo, no sabe si está nublado o hace sol, pero pronto habrá tormenta. Cuando detecta que me miras, antes de que yo pueda reaccionar, él ya empieza a actuar. Lo coge y lo araña, haciendo que la sangre salga débilmente. No contento con eso le propina puñetazos y patadas, haciendo entonces que la sangre salga a chorros y bombee toda la felicidad que dentro pudiese albergar. Le arranca de todas las venas y las arterias, lo mordisquea, lo arrastra. Cuando apenas se mueve, salta encima, le grita, le insulta, le destroza. Y todo porque te odia. Entonces la sombra arranca pedazos de la piel de mi ajado corazón y en todos escribe tu nombre. Así me matas por dentro cada vez que me miras.
II
Entonces la luz entra, no sé por dónde, pero ahí llega. Está encantada de pisar esa marisma, y me hace sentir genial. Observa todo, no sabe si está nublado o hace sol, pero pronto saldrá el arco iris. Cuando detecta que me miras, antes de que yo pueda reaccionar, ella ya empieza a actuar. Lo coge y le hace cosquillas, haciendo que ría débilmente. Por si eso fuese poco, le da abrazos y besos, haciendo que sonría hasta que la sangre le sonroje y bombee toda la felicidad que dentro pudiese albergar. Cose ese sentimiento a todo mi cuerpo, lo besa, lo abraza. Cuando está excitado, sube encima, gime, grita, le hace el amor. Y todo porque te quiere. Entonces la luz ilumina todo mi alegre corazón y talla en él tu nombre. Así me matas por dentro cada vez que me miras.
martes, 15 de septiembre de 2015
La voz popular
Que alguien calle a la voz popular,
no sabe de amor, no sabe de amar.
No se ve capaz de caminar
ni de remontar un río,
¿qué mundo podría soportar?
Sus hombros no son míos,
en los míos te puedes quedar,
en todo su griterío
te puedes quemar.
Y adiós a tu piel blanca
en la que me gusta deslizar
los labios, la lengua,
pero que por dios no sea
la lengua popular,
que no sabe de amor, no sabe de amar.
No se ve capaz de soplar
hasta apagarte un sol,
besan por besar
sin saber cómo es una unión
entre almas enamoradas,
manos encadenadas.
Que alguien mate a la voz popular,
sólo sabe gritar para aparentar
que te quiere bien,
pero no sabe que cien
montañas subiría
y bajaría
y volvería a subir
sólo por verte sonreír.
¿A fin de qué?
¿Sólo por un beso?
Te los compro al peso
y los guardo en una bolsa
que nunca ha de encontrar
la voz popular.
Temporada incultural,
¿y la sangre
que nos iba a pintar?
Siempre
se pierde.
Siempre
nunca sabe
que no hay nada más bonito
que dos cuerpos unidos
pintados,
yo me pido el morado
y tú el color de mis sueños,
que es el que sé colorear
con mis dedos.
Pero para un trabajo fino,
aquí está el soñador profesional,
no cojas un número al azar
y no tengas la mala suerte
de soportar hasta la muerte
a la voz popular.
Que podemos ser únicos
en nuestra especie:
una pareja que se quiere
hasta después de septiembre.
no sabe de amor, no sabe de amar.
No se ve capaz de caminar
ni de remontar un río,
¿qué mundo podría soportar?
Sus hombros no son míos,
en los míos te puedes quedar,
en todo su griterío
te puedes quemar.
Y adiós a tu piel blanca
en la que me gusta deslizar
los labios, la lengua,
pero que por dios no sea
la lengua popular,
que no sabe de amor, no sabe de amar.
No se ve capaz de soplar
hasta apagarte un sol,
besan por besar
sin saber cómo es una unión
entre almas enamoradas,
manos encadenadas.
Que alguien mate a la voz popular,
sólo sabe gritar para aparentar
que te quiere bien,
pero no sabe que cien
montañas subiría
y bajaría
y volvería a subir
sólo por verte sonreír.
¿A fin de qué?
¿Sólo por un beso?
Te los compro al peso
y los guardo en una bolsa
que nunca ha de encontrar
la voz popular.
Temporada incultural,
¿y la sangre
que nos iba a pintar?
Siempre
se pierde.
Siempre
nunca sabe
que no hay nada más bonito
que dos cuerpos unidos
pintados,
yo me pido el morado
y tú el color de mis sueños,
que es el que sé colorear
con mis dedos.
Pero para un trabajo fino,
aquí está el soñador profesional,
no cojas un número al azar
y no tengas la mala suerte
de soportar hasta la muerte
a la voz popular.
Que podemos ser únicos
en nuestra especie:
una pareja que se quiere
hasta después de septiembre.
jueves, 3 de septiembre de 2015
De una sal que se deshace con más lágrimas de sal
–Eso es escribir. Deshacerse en un medio en el que ya estás
deshecho. Esparcir tu cuerpo sobre tu otro cuerpo de papel, ¿sabes?
Y el que lo quiera entender, pues que lo entienda, pero que no toque
más los cojones –sorbí un poco la espuma de la cerveza–.
–Pero, ¿para quién? –y se subió sus horrendas y modernas gafas de pasta.
–Pues eso digo yo, joder. ¿Sabes de estos escritores que escriben para niñas? Escriben de un modo que puedan llegar a mucha gente, que muchas chicas se sientan identificadas y así conecten a través de la sensibilidad. Bien, pues yo no, es más, lo odio. Cuando yo escribo, sólo escribo con dos personas en mente, y una de ellas soy yo. La otra persona es la que me hace sentir lo que escribo. Cada cosa tiene su persona, cada palabra tiene su nombre. Es cierto que muchas personas se pueden sentir identificados, porque muchos han estado enamorados, y muchos han estado jodidos, y muchos han estado más salidos que el pico de una mesa, y si has conectado conmigo, pues mejor, me alegro, es un acto precioso, e incluso puede que hayas acertado y algo de lo que hayas leído vaya por ti, entonces eso ya es la polla... en teleférico.
–¿Entonces es todo sentimiento sincero hacia varias personas?
–Bueno, en parte sí, verás –y volví a beber, aún seguía fresca–. Muchas veces lo que escribo es lo que me gustaría decirle a esa persona, desgraciadamente en su mayoría son todo chicas, pero también he escrito para mis amigos o mi familia. Puedo escribir que estoy enamorado de una chica y que me gustaría estar con ella, pues mira, eso es un poco inventado, porque nunca he estado con esa chica y no sé lo que se sentiría, pero si que es verdad que me gustaría estar con ella. Así que lo que escribo es un poco de realismo-ficción.
–¿Eso existe?
–Pues no tengo ni idea. Si existe, eso es lo que hago, y si no existe, he inventado lo que hago.
–Juntando todo lo que has escrito en ambos blogs o cosas que no han sido publicadas, tienes más de doscientos relatos y poemas, o canciones, o cosas en verso... ¿me estás diciendo que cada una de ellas tiene dueño?
–Sí, el dueño soy yo, la inspiración son bastantes personas. Muchas se repiten, algunas hasta me hacen explotar de sentimientos, y notar eso es una experiencia increíble. Imagina que al ver a esa persona... no es que te lata el corazón, es que ha explotado y se está saliendo por los poros de tu piel. Es como estar empalmado, pero de amor... y eso cuando es bonito. Cuando escribes odiando a una persona te sientes Satanás, y el infierno es el papel, y a ese infierno hay que ponerle paredes de tinta y palabras, porque si no los demonios se escapan, y esos te destrozan el corazón más que el amor. Así que cuidado con eso de enamorarte.
–Contigo es el que más éxito ha tenido, ¿cuántas veces te han preguntado por quién va? –noté cómo se echaba hacia adelante para escuchar mejor, para crear una esfera de cotilleo, al fin y al cabo a todos les mueve lo mismo.
–Esa entrada tiene más de doscientas cincuenta visitas, imagino que todo el que lo haya leído se lo ha preguntado, y estoy seguro que la persona en la que pensaba lo ha leído también. Es un poco exagerado, porque el sentimiento no es para tanto, simplemente se me vino a la cabeza y escribí, es como te decía antes, bastante inventado, me inventé una bonita historia de amor, nada más. En este caso sí es fácil que más de una persona se sienta identificado, porque imaginarse una vida entera junto a una persona que te gusta es muy universal, deberíamos practicar más la imaginación.
–¿No es tu favorita?
–Ni de lejos. Es buena, o eso creo. No soy tonto y sé utilizarla a mi favor, es el primer relato de una recopilación que he hecho. Lo que no entiendo es el poco éxito de su contraparte, Sin ti, que cierra esa misma recopilación. Si tuviese que elegir algo... en verso me quedaría con Sudan los peces o Me salgo, y en prosa... Sin ti me parece más bonita que Contigo porque es más real. Tristemente lo triste es lo más común. Por fin un final feliz también es de mis favoritas. Y Plátanos y albaricoques me hace gracia, pero es otro rollo distinto.
–¿Algo más que decir?
–¿Con quién estoy hablando?
Y me terminé la cerveza.
–Pero, ¿para quién? –y se subió sus horrendas y modernas gafas de pasta.
–Pues eso digo yo, joder. ¿Sabes de estos escritores que escriben para niñas? Escriben de un modo que puedan llegar a mucha gente, que muchas chicas se sientan identificadas y así conecten a través de la sensibilidad. Bien, pues yo no, es más, lo odio. Cuando yo escribo, sólo escribo con dos personas en mente, y una de ellas soy yo. La otra persona es la que me hace sentir lo que escribo. Cada cosa tiene su persona, cada palabra tiene su nombre. Es cierto que muchas personas se pueden sentir identificados, porque muchos han estado enamorados, y muchos han estado jodidos, y muchos han estado más salidos que el pico de una mesa, y si has conectado conmigo, pues mejor, me alegro, es un acto precioso, e incluso puede que hayas acertado y algo de lo que hayas leído vaya por ti, entonces eso ya es la polla... en teleférico.
–¿Entonces es todo sentimiento sincero hacia varias personas?
–Bueno, en parte sí, verás –y volví a beber, aún seguía fresca–. Muchas veces lo que escribo es lo que me gustaría decirle a esa persona, desgraciadamente en su mayoría son todo chicas, pero también he escrito para mis amigos o mi familia. Puedo escribir que estoy enamorado de una chica y que me gustaría estar con ella, pues mira, eso es un poco inventado, porque nunca he estado con esa chica y no sé lo que se sentiría, pero si que es verdad que me gustaría estar con ella. Así que lo que escribo es un poco de realismo-ficción.
–¿Eso existe?
–Pues no tengo ni idea. Si existe, eso es lo que hago, y si no existe, he inventado lo que hago.
–Juntando todo lo que has escrito en ambos blogs o cosas que no han sido publicadas, tienes más de doscientos relatos y poemas, o canciones, o cosas en verso... ¿me estás diciendo que cada una de ellas tiene dueño?
–Sí, el dueño soy yo, la inspiración son bastantes personas. Muchas se repiten, algunas hasta me hacen explotar de sentimientos, y notar eso es una experiencia increíble. Imagina que al ver a esa persona... no es que te lata el corazón, es que ha explotado y se está saliendo por los poros de tu piel. Es como estar empalmado, pero de amor... y eso cuando es bonito. Cuando escribes odiando a una persona te sientes Satanás, y el infierno es el papel, y a ese infierno hay que ponerle paredes de tinta y palabras, porque si no los demonios se escapan, y esos te destrozan el corazón más que el amor. Así que cuidado con eso de enamorarte.
–Contigo es el que más éxito ha tenido, ¿cuántas veces te han preguntado por quién va? –noté cómo se echaba hacia adelante para escuchar mejor, para crear una esfera de cotilleo, al fin y al cabo a todos les mueve lo mismo.
–Esa entrada tiene más de doscientas cincuenta visitas, imagino que todo el que lo haya leído se lo ha preguntado, y estoy seguro que la persona en la que pensaba lo ha leído también. Es un poco exagerado, porque el sentimiento no es para tanto, simplemente se me vino a la cabeza y escribí, es como te decía antes, bastante inventado, me inventé una bonita historia de amor, nada más. En este caso sí es fácil que más de una persona se sienta identificado, porque imaginarse una vida entera junto a una persona que te gusta es muy universal, deberíamos practicar más la imaginación.
–¿No es tu favorita?
–Ni de lejos. Es buena, o eso creo. No soy tonto y sé utilizarla a mi favor, es el primer relato de una recopilación que he hecho. Lo que no entiendo es el poco éxito de su contraparte, Sin ti, que cierra esa misma recopilación. Si tuviese que elegir algo... en verso me quedaría con Sudan los peces o Me salgo, y en prosa... Sin ti me parece más bonita que Contigo porque es más real. Tristemente lo triste es lo más común. Por fin un final feliz también es de mis favoritas. Y Plátanos y albaricoques me hace gracia, pero es otro rollo distinto.
–¿Algo más que decir?
–¿Con quién estoy hablando?
Y me terminé la cerveza.
domingo, 30 de agosto de 2015
Crónica de una ruptura anunciada
Yo elegí nuestra canción,
También puse yo más el corazón.
Yo elegí nuestro momento,
Fue cuando dimos nuestros besos al viento.
Me pediste tiempo
Y yo ya te había dado una vida.
Me pediste espacio
Y te di el universo en una cajita.
Si me faltaras,
Y me estás faltando,
No habría trozo de mi cara
Que no esté destrozado,
No habría esquina en mi casa
En la que no haya llorado,
No habría parte de mi cama
En la que no te haya tocado.
Tú elegiste decir adiós,
Yo pensando que un silencio era salvación.
Tú elegiste aquel lugar
Y el verano no pasó por allí jamás.
Te pedí que volvieses,
Un error de mi cabeza, cosas que pasan a veces.
Te pedí sólo una tarde más,
Más errores que mi corazón tuvo que pagar.
Si me faltaras
Y me estás faltando,
Se pasa mal una semana,
Se agradece todo el año.
Se tienen las cosas claras,
La solución nunca es el daño,
A veces sobran las palabras
Y sólo faltaba encontrarnos
Para saber cuánto te odiaba,
Para habernos matado.
Que nuestras únicas miradas
Se las come un escenario.
Que las heridas que me dejabas
Con la luz ya se han curado.
También puse yo más el corazón.
Yo elegí nuestro momento,
Fue cuando dimos nuestros besos al viento.
Me pediste tiempo
Y yo ya te había dado una vida.
Me pediste espacio
Y te di el universo en una cajita.
Si me faltaras,
Y me estás faltando,
No habría trozo de mi cara
Que no esté destrozado,
No habría esquina en mi casa
En la que no haya llorado,
No habría parte de mi cama
En la que no te haya tocado.
Tú elegiste decir adiós,
Yo pensando que un silencio era salvación.
Tú elegiste aquel lugar
Y el verano no pasó por allí jamás.
Te pedí que volvieses,
Un error de mi cabeza, cosas que pasan a veces.
Te pedí sólo una tarde más,
Más errores que mi corazón tuvo que pagar.
Si me faltaras
Y me estás faltando,
Se pasa mal una semana,
Se agradece todo el año.
Se tienen las cosas claras,
La solución nunca es el daño,
A veces sobran las palabras
Y sólo faltaba encontrarnos
Para saber cuánto te odiaba,
Para habernos matado.
Que nuestras únicas miradas
Se las come un escenario.
Que las heridas que me dejabas
Con la luz ya se han curado.
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