jueves, 13 de abril de 2023

El lugar al que van las miradas perdidas

Mis pies llevan a un bosque podrido, de troncos heridos,

para que ruede mi cabeza bailando por la esparraguera

después de cruzar palabras y horas, te las voy a dedicar todas,

y que se salgan de los renglones como el morado de los corazones.

Y en este desierto de arena no hay mar, pero te daré mi saliva

cuando tu boca la pida por si las lenguas quieren nadar.


Será nuestro harapiento secreto, lo sabrá la punta de mis dedos

al mimarte bien suave los labios cuando el sol se quede callado

después de beber besos y ginebra, ríos cayendo en las piernas

para que se empapen las manos si nos secamos de tanto tocarnos.

Y en este mar de cemento solo hay amapolas, pero si me miras

se desboca la primavera por las esquinas para que no estén solas.


Mis pies llevan a un bronco barranco, el precipicio al que lanzo

mi pecho que se ha descosido sacando un amor sacado de quicio

después de cruzar palabras y brazos, queda por hacer quedarme a tu lado,

lo pondré en todas las libretas, tú eres el verso que buscan los poetas.

Y en este mar las olas son espigas, sigo un rayito de luna para llegar

al lugar al que van las miradas perdidas.


Será nuestro enigma teñido de vino, lo sabrás cuando estés en el olvido

y te encuentre desnuda en un sueño, así dejaré el balcón abierto,

que vengo de contarle al papel lo que hace mi noche con tu piel

porque a nuestras madrugadas se las follará una tormenta que escampa.

Y en este desierto se funde el tiempo para que no deje de sonar

en tu espalda un cigarral donde se estrechan dos cuerpos.




martes, 21 de marzo de 2023

Cruce de miradas en el limbo

Ya me lo dijo Leiva, hay que ponerle sangre al grito,

pero este río que me lleva no conoce mares tranquilos.

Sonó la casa morada rompiendo sus paredes,

no hay manos ardiendo que aguanten estos atardeceres.

Así que me fui pensando en volver

y cuando llegué yo ya estaba allí.


Y en un estado infinito, más muerto que vivo,

crucé miradas con Zahara en el limbo.

Me olvidé de la ruina creciendo en las ausencias,

sigue habiendo gente feliz a dos metros bajo tierra.

Así que por donde piso ya no crecen las rosas,

he visto cosas que solo tú has visto.


Ya me lo dijo Leiva, fue esa puta electricidad,

pero este cuerpo que se quema solo conduce el mal.

Sonó lo que nos merecemos rompiendo con un grito el sol,

no hay semana que se acabe en un domingo de resurrección.

Así que en el espejo no veo la verdad,

por algo será este trago de veneno.


Y en un estado desconocido, más muerto que vivo,

crucé miradas con Zahara en el limbo.

En una habitación de hotel en la nunca he estado

solo escucho una canción que no ha salido de mis labios.

Así que por donde fui solo crecen los incendios,

fuimos un mar en el desierto, solo un error más que cometí.




lunes, 20 de marzo de 2023

Yom Kipur algo tardío

Llegó cuando tuvo que llegar y sin grilletes,

sin vivir en los papeles y húmedo de llorar.

Porque no ha querido salir, será por invierno;

porque me ha llevado al infierno, hogar de arrepentir.

Y yo vuelvo a saber, y tú vuelves al ladrido

de los pechos partidos, del recuerdo en la piel.


Creerás en buen momento que no hubo perdón,

ni gotitas de limón para estos dolores al viento.

Porque cuando quiso salir se aventó la primavera;

porque azotó un mar de mierda mi torre de marfil.

Y tú quieres saber, y yo vuelvo a destripar

con manos de cristal el mundo que no pudimos ver.


Y si no pasa en esta vida, que se reencarnen los valientes,

con una ya he tenido suficiente para abrazarme a las heridas.

Y si se deja ver ahora la gracia, será un beso en un naufragio

y la balsa un ataúd sin clavos, pero el pasado nunca un ancla.


Lloré cuando te tuve que llorar donde el sueño muere,

hay un altar donde uno vuelve pero no cruza el umbral.

Porque no quiso salir estando cerca tu cuerpo;

porque el quebranto de cemento es un libro sin abrir.

Y yo vuelvo a leer, y tú a los pesares escritos

de lo que nunca te he dicho, de una procesión de doler.


Sabrás, llegada la hora, que esto fue lo mejor,

cuando padecer es cosa de dos y reír de una persona sola.

Y cuando por fin salió se disfrazó de silencio,

incendió bosques y templos y ni siquiera apagó el corazón.

Y tú quieres saber, y yo solo quiero nadar

un arroyo turbio de cal y que tú puedas renacer.


Y si no pasa en esta vida, que se reencarnen los valientes,

con una ya he tenido suficiente para abrazarme a las heridas.

Y si se deja ver ahora la gracia, será un beso en un naufragio

y la balsa un ataúd sin clavos, pero el pasado nunca un ancla.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Chema de paseo en el Gólgota

Me he visto en el ojo de un cuervo, en su vuelo negro;

al pie de un muro pétreo, en los ladridos de los perros.

Pasando tanto tiempo con ella cogí cariño a esta tristeza;

el hacha olvida, el árbol recuerda, solo una cruz más en la tierra.


Que me llueva cerca del ombligo la tinta que sepulta mis poemas;

se derrumben los dioses prohibidos con su manzana traicionera.

Se está olvidando de salir el día y dar puntadas a la oscuridad

en la que muere mi algarabía y los rumores nos desterrarán.


Que me traigan su mar, que me traigan su sol;

me cago en su forma de andar y en cómo se marchó.

Que no vuelvan a hurgar y se lleven su olor,

maldigo el lastre al soñar y dejo el insomnio bajando el telón.


Me estoy buscando la vida que la muerte viene sola

en el azul del tuerto que me mira en un horizonte rosa.

Cuando se prenda el arbusto y el calvario quede guarecido

en la penumbra aguardando el susto que me hunda en el abismo.


Que me truene en la cara y me deje en paz el rayo del amor;

y la demora de una tonada sea el despojo de los pasos de los dos.

Se acobarda tras la nube una luna porque desfila aún la luz

en la que nace la amargura como hierba estremecida en un alud.


Que me traigan su mar, que me traigan su sol;

me cago en su forma de andar y en cómo se marchó.

Que no vuelvan a hurgar y se lleven su olor,

maldigo el lastre al soñar y dejo el insomnio bajando el telón.




domingo, 1 de enero de 2023

Aterrizaje forzoso

Vuelve a amanecer y yo con el cielo entre los dientes

por no querer ver más allá de las lenguas silentes.

Abrí la cabeza para escuchar mi canto repleto de letras

que muere desamparado al rodar por las escaleras.


Vi mi sombra y no me reconocí en este río de estrellas

que corren en tu cuello de anís por quienes bostezan.

Cuando marra mi nave por esta nebulosa oscura

solo queda el aterrizaje en una cama colmada de amargura.


Aquí me hallo, dejando rastro en un campo de toronjiles;

el buen descanso en mil años desnudos de sueños febriles.

Maldita la fragua sin agua donde llevar mi chatarra,

fundida será, plata y metal, navajas y azadas.


Me cuelga del pelo la mano ajada que deshizo la madeja,

tan alto en el cielo la luna se está comiendo las velas.

Guárdale un ojo al alhelí que está matando al invierno,

los despojos de la flor que rompí solo azuzan el silencio.


Tomando la tierra, cansado ya de ser hombre,

sucede en mi mesa que han robado las naves de azogue.

Vi mi reflejo y no me reconocí en esta perra de entierro,

trajino solo por vivir pero esta caja me abraza los huesos.


Y aquí me hallo, dejando rastro en un campo de toronjiles;

sin más reparo que beber con mis manos de frentes febriles.

Maldito el corazón sin sangre que ya no sabe latir,

patada y al arcón que ya no me vale ni para ensuciar y huir.




jueves, 15 de diciembre de 2022

El tambor de mi caballo

 Están bailando las piedras ahora que viene el otoño,

siguen el son del odio que cantan nuestras letras.

Qué de espuma tiene esa rabia cuando dices "monstruo",

pero ahora que estoy solo no duelen las mañanas.


Y se hará largo este invierno como una despedida,

como el aire sin prisa cuando muera este verso;

que se ha chocado con un bardal que cuida el corazón,

ya nunca seremos dos, solo la inquina será par.


Vete, al tambor de mi caballo que ya no tiene amarre

porque no hay pecho cobarde a la sombra de tus manos.

Corre, mis caballos tocan el tambor con la piel tensa,

ya dormirán la hoguera cuando prenda el último restregón.


Está descosido el traje blanco por la punta de una llave

que cierra lo que ya sabes porque nunca cesa este rayo.

Qué de rojo tienen tus ojos cuando vas contando

que si veo una flor en un charco me ahogo.


Y se hará breve esta estación cuando caigan las caretas,

cuando sigamos la estela del eco al gritar "adiós",

que resiste en esta gruta y resonará por siempre

como decir lo que duele y que sangre la amargura.


Vete, al tambor de mi caballo que ya no tiene amarre

porque no hay niños cobardes colgando de un árbol.

Corre, mis caballos tocan el tambor ya con flojera,

huelen el humo de la hoguera agostando el amor.





miércoles, 23 de noviembre de 2022

Esta sangre de quién es

Ay, cómo canta el río como lo hace la sangre

debajo de su piel. Estas orillas de jacintos

lavan cristales que suenan a vals vienés.

Hasta en tu hombro llorará la muerte

porque eres consuelo y atardeceres.


Ay, cómo baja de la montaña blanca la nieve

como en su cuerpo. Estos panderos de madrugada

cada vez que vuelves, ese martillo en mi pecho.

Hasta la casa es un laberinto

sin tus fotografías en los pasillos.


Y me pregunta la soledad lastimosa de dónde vengo;

a ti qué se te importa, si del bronce o del veneno.

Y mi desamparo al ver arder los romances nunca escritos

no puede con tanto querer que cuelga en un junco torcido.


Ay, cómo trotan caballos como lo hacen los dedos

por su espalda. De estas rosas me quedo con el tallo

que ya está el campo yermo por mucho que esté llorada.

Hasta en tu pelo se esconde el sol

porque eres un mundo de lluvia y marrón.


Ay, cómo vuelve la primavera en tus prados

como en tu figura. Esta risa que nunca llega

es un cisne sin el canto, es la noche sin la luna.

Hasta la casa está en ruinas

sin tus manos para zurcirla.


Y me pregunta la soledad lastimosa de dónde vengo;

a ti qué se te importa, si a veces gano y a veces pierdo.

Y mi melancolía al ver romper los romances nunca escritos

no puede con tanto doler que se muere cuando estoy dormido.

Y me vuelve a preguntar la soledad lastimosa

si llevas en tus muslos campos de amapolas,

si llevo yo la sangre de Soledad Montoya.