viernes, 12 de noviembre de 2010

Para gustos los colores/Pintauñas de Noviembre.

Bienvenido a casa. No vas a llegar a nada
Te has perdido muchas cosas y el color de las baldosas
Por donde tenías que avanzar se ha gastado
De tanto arrastrar tu pincel arruinado
De tanto arrastrar tu pelo despeinado

Bienvenido a casa. Hay cuchillos de plata
Te sirvo el corazón en un plato de hojalata
Que se oxidó con la sangre derramada
De tanto arañar con las uñas pintadas
De tanto arañar tus mejillas usadas

Para gustos los colores y para ti
Me visto de arco iris hasta los cojones
Sin sufrir. Que soy de mil sabores
Menos de ti. Que huelo a todas las flores,
Orquídeas, pasifloras y jazmín

Bienvenido a casa. Quien no mata no pasa.
Te has perdido muchas cosas, he cargado la pistola
Dispara al levantar, que no le de tiempo a respirar
De tanto sorprenderse por tus huesos blanquecinos
De tanto sorprenderse por tus dedos suaves como el lino

Bienvenido a casa. Píntate las uñas mujer.
Azules o naranjas y déjamelas ver
Que me gustan tus locuras hoy, mañana y ayer.
De tanto hablar, se nos seca la boca
De tanto hablar, la lengua se me vuelve loca

Para gustos los colores y para ti
Me visto de arco iris hasta los cojones
Sin sufrir. Que soy de mil sabores
Menos de ti. Que huelo a todas las flores,
Orquídeas, pasifloras y jazmín

Respecto a tus uñas granates, en tus dedos no siempre
Son Navidades, pero bueno. Se te hacen los ojos
Dos farolillos rojos y la estrella fugaz, tu sonrisa
Pasando deprisa, haré que no deje de brillar

Pintauñas de noviembre, que pinte todo lo que entre
Para gustos los colores, y en tus manos
Los sabores de todo el año pero en abril
Orquídeas, pasifloras y jazmín

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Distracciones.


-          Amigo, creo que ya ha bebido más de la cuenta.
-          Gilipolleces. Mientras tenga dinero puedo seguir bebiendo. No veo el letrero de “derechos de admisión”.
-          Pero me espantas a la clientela. Mira al chaval de antes.
-          Poeta de manos vacías decía… Yo también soy poeta.
-          Al ritmo que estás matando el vodka, me lo creo… jodido borracho.
-          Dame la botella y me voy.

Y así fue. Era mediodía, la hora menos adecuada para andar por la calle bebiendo. Tampoco le apetecía ir a casa. Le apetecía noche, tranquilidad, que solo le acompañaran los gatos. Que las polillas enamoradas de las farolas fuesen sus únicas testigos. Era muy fácil. Se sentó en un banco del parque y cerró los ojos.

Escuchó un estornudo.

-          Salud- dijo sin saber de dónde procedía.
-          Gracias, no estoy muy acostumbrado a que me hablen.
-          ¿Qué…? Oh… vaya- no se lo podía creer.
-          Sí, soy yo. El que empuja la tecla. El que trepa, araña y muerde.
-          ¿Y hablas?
-          Y estornudo.
-          Seguramente esté soñando. Y es un sueño tan raro que seguramente sea por el alcohol. Vodka para ser más exactos.
-          Hablas como si me interesara- y se puso a dos patas. No se había fijado, pero era igual de grande que él-. Lo único curioso es que el vodka no es tuyo. ¿Recuerdas al chico del bar?
-          ¿Al niñato poeta?
-          Exacto. Pues el vodka era para su… su…
-          ¿Su?
-          Exacto.

El borracho empezó a mirar a su alrededor. Estaba en el mismo parque en el que se había sentado a cerrar los ojos para esperar la noche. La cual ya había llegado y había traído consigo ese gigantesco hurón.

No se dijeron nada durante un rato, pero el silencio no fue incómodo ni mucho menos. Simplemente parecía que cada uno estaba pensando que decir a continuación. La respiración pausada del borracho y los estornudos del hurón pasaron a segundo plano, siendo sustituidos por una terrible tormenta.

-          ¿Tormentea?
-          Y escasea.
-          Pasa de la bebida, ya te he dicho que no es tuya.
-          Ahora voy a dársela a la chica. Pero no se dónde está.
-          Pregúntale a ellos- y señaló a los rayos que caían con la cola-. Ellos lo saben todo. Viajan a una gran velocidad.
-          Van muy rápido. Además, dudo que sepan hablar.
-          ¿Lo has intentado?

El borracho, sin apenas pensárselo, estiró una mano y agarró un rayo.

-          ¿Cómo es que no me has matado?
-          ¿Quieres morir en tu sueño?
-          No, no. ¿Dónde está la chica?
-          A ver… dame un segundo- y le relampagueó la mano-. Vale, es por la tarde… está en el gran parque. Ve rápido que te la entretienen.

Y abrió los ojos. Era cierto, la noche no había llegado más que en su sueño. Sin pensárselo y con la botella en la mano, echó a correr. Sus pies iban solos, como guiados por un rayo, hasta el parque. Se encontró con la escena más extraña que pudo haber visto. El chico del bar y una chica. La gente de alrededor esperaba expectante una respuesta, aunque él no sabía a qué pregunta. Así que avanzó al lugar donde estaban los chicos.

-          Ten, de parte de tu hurón.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Con la voz ronca.

No hay más estrellas en el cielo que gotelé en mi habitación
Unas que me iluminan por la noche y otras que me agujerean el corazón
Y lo coso, con los hilos de tu saliva, para cicatrizar las heridas
Y para que no me duela, lo hundo en toda tu mierda

Y fuego a fuego se ha hecho el suelo y las quemaduras me cubren el cuerpo
Me apago con una copa que escuece menos que el alcohol
Que no me mancha la ropa, si no la cubre el sonido de tu voz
Que todo lo que me pasa, es reflejo de tu odio en mi habitación

Y agárrate la melena morena, que los sueños te despeinan
Y las pesadillas traicioneras nunca esperan
Y estira las mejillas mi niña, que no quiebre tu sonrisa
Cada despertar solo es un día más

No hay más lunas en el cielo que la que te regalé yo
Recuerdo que con la tontería me respondiste con el sol
Y tu cerebro de los cojones, puso nubes a trompicones
Envidioso, celoso, harto de aguantar las bobadas de tu corazón

Y hielo a hielo se ha hecho el techo, que no quema como el fuego
Pero me jode el invierno que ha llegado a cualquier rincón
Con la voz ronca no hace más calor, que el que daría tu cuerpo bajo mi edredón
Que todo el tiempo que pasa, me mata al no verte más

Y agárrate la melena morena, que los sueños te despeinan
Y las pesadillas traicioneras nunca esperan
Y estira las mejillas mi niña, que no quiebre tu sonrisa
Cada despertar solo es un día más

Con la voz ronca y los hilos de tu saliva, enhebramos unas sábanas
Y con tu saliva en mi voz ronca nos levantamos por la mañana
No te despeinan las pesadillas pero sonríes al despertar
Te he estado vigilando toda la noche, para verte un día más

Y agárrate la melena morena, que los sueños te despeinan
Y las pesadillas traicioneras nunca esperan
Y estira las mejillas mi niña, que no quiebre tu sonrisa
Cada despertar solo es un día más

sábado, 6 de noviembre de 2010

Verde y amapolas. (Odio e ira).

-         ¿Por qué haces esto?
-         ¿Qué pasa, imbécil? ¿acaso la punta de  mi zapato no sabe bien?- y le dio otra patada en la boca.

Siempre, de una manera u otra, las chicas acaban haciéndole daño. No se lo merece, ni mucho menos, simplemente no tiene suerte. Al menos este daño no es sentimental, sino físico, aunque mucho se teme que en poco tiempo también será lo primero.

-         La idea de apagarte un cigarrillo en la piel fue tuya, tantas mierdas de conversaciones, tantas cursiladas, y sabías que íbamos a terminar así- hizo una pausa para que gritase-. A fin de cuentas, estamos juntos de algún modo.
-         No lo entiendo- dijo entre sollozos-. ¡Yo daría todo por ti!
-         Y dime, ¿acaso no estás dando tu mísera vida?

Y ella no se cansaba de darle puñetazos, patadas, escupirle, quemarle, hasta que el sudor y la saliva de ella se mezclaban con la sangre de él, incapaz de defenderse por una serie de circunstancias que llamaba sentimientos.

Él, no sabe ni cuando ni cómo, había acabado en su habitación, y se estaba fijando en las paredes. Eran verdes. Pensando en el verde, en la tranquilidad y el sosiego, se olvidaba de los insultos y golpes que estaba recibiendo. Pero para ella el verde era odio, y ella odiaba lo que él sentía por ella, y tenía la necesidad de acabar con algo sentimental de una manera física.

-         ¿Crees que este dolor va a hacer que cambie de opinión respecto a ti? No tienes otra solución que admitirlo, me gustas- Y con una sonrisa pícara escupió sangre.
-         ¡Cállate!- y le tiró una silla encima, pensando que con suerte le rompería un par de costillas.- No intentes levantarte- pero ya lo estaba haciendo.

Amapolas, amapolas rojas, pero no intensas. A esas amapolas les faltaba un color más vivo, el de la ira, y ella almacenaba tanta ira en su interior que podría pintar campos enteros de amapolas. Él estaba de pie, enfrente suya, con heridas y quemaduras, parecía imposible que aún tuviese ganas de sonreír.

-         ¡Entiéndelo! Tú me das esta sonrisa, y cuanto más me pegues, más reiré, porque es una conexión física, y cuanto más me quemes, más reiré, porque el fuego es una conexión emocional, y cuanto más me escupas, más reiré, porque es una forma de tener tu saliva cerca de mí.
-         ¡Te odio! – gritó antes de clavarle un pequeño puñal en la subclavia, haciendo que la sangre salpicase por toda la habitación, y colorease las amapolas con sentimiento.

Él yacía en el suelo, sin color, estaba todo en las amapolas, con una expresión de paz que solo el verde podía conseguir, y ella, sudando, con sangre que no era suya por encima y llorando, se inclinó ante él para besar el cadáver de la única persona que se había atrevido a sentir algo por ella…